El Revolucionario

Portada > Valoraciones y análisis > Grupo Promacos > 2 de mayo: sin esclavos, no hay tiranos

Hoy hace 200 años

2 de mayo: sin esclavos, no hay tiranos

El levantamiento de Madrid, primera señal de la Independencia de España

Viernes 2 de mayo de 2008, por Grupo Promacos

Napoleón no sabía, como casi nadie en Europa, el país en el que entraba. El que creía su paseo triunfal se convirtió en la derrota que jamás ejército imperial sufriera ante pueblo alguno. Como un reguero de pólvora el levantamiento se extendió por toda España dando al arte militar una nueva forma bélica, la Guerra de guerrilas. Esa «maldita Guerra», en palabras del preso en Santa Elena, con la que su poder se derrumbó ante el resto del mundo.

Con la revuelta, la España sujeta al Antiguo Régimen se levanta contra las caducas instituciones que ni siquiera se sostienen ante el empuje de la Nación vecina. Es desde esta perspectiva del interior de la Nación, la de la dialéctica de clases, que el 2 de mayo nos ofrece la consecuencia del vacío de poder creado por la traición de la monarquía, que entrega su Reino a Francia, con los vasallos dentro, como si de su propiedad se tratase. Es la Revolución burguesa.

Sin embargo, desde el exterior de la Nación, es decir, atendiendo a la dialéctica entre Estados, el 2 de mayo es el símbolo del nacimiento de la Nación política española frente a una Francia que, confundida por la deserción de la «España oficial», desconoce la capacidad del «tercer Estado», dicho a la jacobina, para responder al invasor. De frente, como un solo «hombre de honor», en palabras de Bonaparte, el pueblo español, desde Madrid a Asturias, y desde ésta, al resto de España, se organiza en Juntas soberanas para ocupar el lugar que el Rey, según creen, no debiera haber abandonado. Es la Guerra de la Independencia.

Guerra y Revolución, por tanto, en el proceso de constitución de la Nación política como la forma sucesora de la ya preexistente Nación histórica española.

JPG - 304.9 KB
2 de mayo de 1808
España no quería ser un sátelite de Francia

Pero no hay Guerra revolucionaria sin sangre. La Nación en armas, apoderándose de los fusiles de los depósitos, empleando las macetas desde la ventana, con las navajas de barbero o las agujas de modista, se defiende contra la «francesada» sorprendida por el valor de las gentes. Fue el pueblo transformado en la milicia nacional de ciudadanos-soldado, una de las instituciones características de la Nación política, el que hizo las veces de ejército espontáneo.

La multitud, no obstante, fue masacrada. Y la noticia de la matanza del 2 de mayo enardeció los ánimos patriotas lo suficiente como para que durante cinco largos años de Guerra finalmente se expulsara al enemigo, todo hay que decirlo, con la ayuda de una Inglaterra interesada por su propio imperio.

Ese día 2 de mayo sirvió para que el resto de las naciones se preguntaran cómo era posible que España, a la que creían cadáver, se levantara con semejante heroísmo. También para que las clases privilegiadas en España se enteraran de que la «Grandeza» era título que se ganaba en las guerras, como por otro lado don Quijote ya enseñara.

Desde España, hoy, 2 de mayo de 2008, ese día ojalá sirva como contraste con el momento presente, en el que los españoles «oficiales» se reparten la herencia de la Nación soberana en territorios feudales, como los «señores» de la democracia. Para que los españoles de verdad, los legítimos herederos de aquellos que gobernaron sin que las leyes escritas lo ordenaran, escribiéndolas ellos, vuelvan a ser capaces de defender la Nación de los ataques de la traición.

Pero hay algo que añadir desde este presente infecto: las últimas noticias nos indican que el Tribunal Constitucional tendría preparado un borrador en el que admitiría que Cataluña es una Nación política, es decir, independiente, soberana, como lo es la España que nació en el día que hoy celebramos. Y bien es conocido el principio político de que no cabe una soberanía dentro de otra, un imperio dentro del imperio.

Por tanto, si nuestras Instituciones soberanas, con la monarquía de Juan Carlos de Borbón a la cabeza, Jefe del Estado y «símbolo de su unidad y permanecia», se entregan al golpe de Estado de hecho que significa el Estatuto de Cataluña, no podremos decir que, doscientos años de vida después, no tenemos un ejemplo que seguir.


El Revolucionario, el diario hispano global de crítica del presente
Seguir la vida del sitio Cumple con el estándar XHTML 1.0 Transicional Página realizada con hojas de estilos
Porque el Mundo sigue girando