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Crisis multiplicada por diecisiete en España

Economía política y el Estado de las autonomías

La pobreza de los ciudadanos se multiplica con la quiebra del Estado

Martes 30 de marzo de 2010, por Grupo Promacos

La semana pasada tuvieron lugar en Oviedo los XV Encuentros de Filosofía, con el título «La economía política ante la crisis». En estos encuentros se perfilaron las posiciones del materialismo filosófico tanto frente a la economía política clásica como al marxismo ortodoxo. La primera, representada hoy día por las ideologías de los «chicos de Chicago» y la «escuela austriaca», defiende el anarco-liberalismo y considera que el Estado pervierte al prístino Mercado. La segunda, que, bajo nuevos matices, sigue apoyada en la mitología del proletariado universal, confía en la abolición del Estado, superestructura que estaría legitimando con la ley y la violencia la explotación de los desposeídos por los propietarios.

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Crisis económica
En España se multiplica por diecisiete autonomías corruptas

Es decir, si una de las teorías parte del anarquismo, la otra quiere llegar a él. En el fondo, el problema es que ambas adolecen de una teoría del Estado (aunque el marxismo, por supuesto, es mucho más potente, por enlazar, a través de Hegel, con la Historia de la Filosofía).

El materialismo filosófico suma a su materialismo histórico una verdadera teoría del Estado, según la cual la sociedad política se organiza en torno a los tres ejes del espacio antropológico, de modo que los diferentes poderes políticos se dan a través de tres capas, la basal, la circular y la cortical. La capa basal es primariamente el territorio, que está a la base de la sociedad política porque esta puede empezar a organizarse, con sus luchas de clases internas, una vez se ha apropiado de un territorio que trabajar y defender. La economía política surge del desarrollo de la capa basal y, por tanto, desde sus orígenes como disciplina a finales del siglo XIX, tiene que ver con la economía nacional, de un Estado.

Por eso, desde el Grupo Promacos señalamos que una descomposición del Estado, como es la que ha operado de hecho el «estado de las autonomías» en España, no puede sino agudizar la crisis económica, los desajustes en la economía nacional.

Recientemente, varios medios han llamado la atención sobre el despilfarro a las arcas públicas que supone multiplicar los puestos de funcionario, las estructuras burocráticas, las empresas públicas y los impuestos, por diecisiete. Habría que añadir la falta de políticas nacionales, las crecientes limitaciones de la movilidad de bienes y personas y, en fin, la pérdida de soberanía que la situación supone. La pobreza de los ciudadanos se multiplica con la quiebra del Estado.


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