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Luis Villoro como fundamentalista democrático

¿†La 0tra democracia†? No, por favor

Ante la presentación y publicación del libro de Porfirio Muñoz Ledo La ruptura que viene

Miércoles 23 de julio de 2008, por ER. México

Luis Villoro escribe en La Jornada un artículo para explicar la técnica democrática de los indígenas a un niño

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¿Qué tiene que ver la democracia como técnica con el contenido político del socialismo?

Luis Villoro, profesor de filosofía, que no filósofo, por que sólo quien tiene sistema filosófico es en verdad un filósofo, según José Gaos, presenta un artículo en La Jornada del día 23 de julio de notable simplismo, por decir lo menos.

Ante la publicación del libro de Porfirio Muñoz Ledo, La ruptura que viene, editado por Mondadori –y que próximamente será comentado por El Revolucionario: su presentación pública tuvo lugar el día de ayer- don Luis Villoro nos permite constatar, precisamente, que no tiene sistema filosófico y nos presenta una tesis tan simplista como capciosa –propia de libro de texto de primaria o secundaria-: ante el planteamiento general de Muñoz Ledo en torno de la necesidad de llevar a cabo una verdadera Reforma del Estado y de “profundizar la democracia”, a Villoro se le ocurre contraponer, de manera alternativa y como propuesta, la idea de la reforma del Estado “desde el zapatismo”.

Al leer el titular del artículo en cuestión, esta redacción de ER.México comenzó a temblar ante la posibilidad de cruzarse con las consignas ridículas, líricas, éticas y auto-complacidas de la izquierda indefinida anti-sistema y anti-globalización –del Pensamiento Alicia en definitiva- del tipo “otro mundo es posible” y “la otra campaña” de los neo-zapatistas, para terminar ahora por toparse con la nueva consigna de la izquierda indefinida mexicana: “otra democracia es posible”.

Y los tiros más o menos fueron por ahí. Para Villoro, ante la necesidad –propuesta desde hace ya décadas por Muñoz Ledo- de orquestar una reforma del Estado con otro proyecto de nación, la salida es una y –literalmente- simple, citamos su artículo:

‘¿Pero cuál sería ese nuevo proyecto de nación, pregunto ahora yo? Para contestar a esta cuestión no tengo que ir lejos. Lo tenemos a nuestro lado, aunque a menudo nos cueste reconocerlo. Se trata de un proyecto de democracia tal como, de hecho, se tiende a practicar en muchos pueblos indígenas. Los representantes de los pueblos indígenas en México se reunieron en varios congresos. El primero tuvo lugar en la comunidad mixe de Tlahuiltotepec, en Oaxaca, en octubre de 1993. Las ideas de los pueblos indígenas han sido la base de las enunciadas por el actual movimiento zapatista para otro proyecto de nación.’

Aquí está la clave de Villoro: sin distinguir –por que suponemos que no tiene ninguna teoría filosófica rigurosa sobre la democracia o la libertad- entre libertad de (ausencia de obstáculos) y libertad para (potencia real para incidir en el curso objetivo de la realidad), hace de la elemental técnica del consenso democrático el núcleo de la ideología (nematología) democrática de los indígenas, considerándola como la verdadera democracia pura. ¿Cabe acaso mayor simplismo que esto?

Seguimos con su texto:

‘La democracia participativa o comunitaria sería lo contrario a la actual forma de democracia. Se efectúa de hecho, en pequeño, en las llamadas “juntas de buen gobierno” en las zonas zapatistas en Chiapas. Están basadas en el ejercicio de otra moral política siguiendo ciertos principios: participación de todos los miembros de la comunidad en un bien común, rotación del mandato, rendición de cuentas de su labor so pena de revocación. Estos principios expresan el lema zapatista del “mandar obedeciendo”. Podrían ampliarse a la totalidad de la nación. Basado en estas ideas, el subcomandante Marcos ha estado recorriendo parte del país, a pesar de la oposición y represión auspiciada por todos los partidos, incluyendo el PRD.’

Esta es la propuesta de Villoro: otra democracia es posible, lo único que hay que hacer es ampliar la democracia participativa, es decir, la democracia como técnica, pero ahora sí en serio, con una nueva moral política, como la de los buenos indígenas zapatistas; en definitiva, lo que se necesita a juicio de Villoro es lo mismo que se necesita según los fundamentalistas democráticos, a saber: más y, claro está, mejor democracia.

¿Pero en qué momento se ha hablado aquí del contenido de esa democracia participativa? ¿Porqué no se les ha ocurrido pensar a estos “grandes intelectuales” que tenemos que el problema no debe necesariamente pasar por los filtros de la ideología de la democracia, sino por muy otros caminos?

Ante tan elementales y pánfilas propuestas del profesor Villoro, indignas de la talla intelectual de la que ha vivido, desde ER.México decimos sin más: ¿la “Otra democracia”, así como la “Otra campaña”, porque “Otro mundo es posible”? No, por favor.


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