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Colombia será demandada por Ecuador ante la OEA

La crisis está poniendo de relieve contradicciones, internas y externas, de los dos países.

Viernes 5 de enero de 2007, por ER. Bogotá

El canciller ecuatorinano, Francisco Carrión, afirmó este miércoles su intención de demandar a Colombia ante la Organización de Estados Americanos. El asunto es importante especialmente para analizar las políticas exteriores de ambos países.

Pues parece ser que la crisis del glisofato no remite, sino que se agudiza haciendo ver que no es más que la punta del iceberg, como ya se ha indicado desde El Revolucionario, de un conflicto que remueve diferentes ideologías y que manifiesta las diferentes formas bajo las cuales están tratando sus respectivas capas corticales Colombia y Ecuador. El canciller ecuatoriano, Francisco Carrión, afirmó este miércoles que esperan presentar un reclamo al Consejo Ejecutivo de la OEA el 9 de enero, después de haber criticado en una rueda de prensa la posición de Bogotá de reiniciar la fumigación con ese herbicida en la zona fronteriza común. Por su parte, Bogotá se niega a cesar las fumigaciones frente a las demandas de Quito que, además, exige iniciar estudios científicos para comprobar cómo el producto afecta a seres humanos y vegetales. Pero es que el presidente electo ecuatoriano, Rafael Correa, prevé presentar, además de en la OEA, en Naciones Unidas sus quejas y hacer reclamar una indemnización a Colombia por seguir con el presunto riesgo del glisofato.

La crisis está poniendo de relieve ciertas contradicciones, internas y externas, en los dos países. Por parte de Ecuador, el martes se reunieron los ministros de Defensa saliente, Marcelo Delgado, y entrante, Guadalupe Larriva, con el alto mando militar. La ministra entrante dijo que apenas asuma el poder se reunirá con los ministros de Defensa de Colombia y Perú, para tratar temas de la defensa regional. Pero el mismo día en el que Francisco Carrión y Rafael Correa realizaban las amenazas que arriba se mencionan, la ministra de defensa entrante declaraba a radio Visón: "Yo tengo intención de apenas asuma la función pedir una entrevista, una reunión con el ministro de Defensa de Colombia (Juan Manuel Santos) para buscar los mecanismos de solución a las tensiones que existen en la frontera". La futura ministra (recordemos que el Gobierno de Correa entra en funciones oficialmente el 15 de enero) sostuvo además que "nuestras fronteras lejos de ser fronteras de tensión...tienen que ser fronteras vivas, dinámicas, de flujo y reflujo de bienes y personas".

Ante las anteriores declaraciones no podemos más que estar de acuerdo con el análisis que realiza José Hernández en el periódico La Hora, de Ecuador, en el que afirma que la oposición a la política de Uribe, aunque señala que es necesaria (nosotros preguntaríamos en qué puntos y por qué razones) no alcanza para forjar la política exterior de Ecuador. Hernández pone el dedo en la llaga al señalar que las declaraciones periodísticas de los mandatarios ecuatorianos delatan una diplomacia que busca más aplausos que resultados efectivos. Porque suponemos que los bienes a los que se refiere la ministra entrante no deben referirse a la coca, y las personas no deben ser los paramilitares colombianos.

Se destaca también el desconocimiento mutuo de ambos países. Es de recalcar por nuestra parte la importancia de que Ecuador reconozca la condición de terroristas de las guerrillas y paramilitares de Colombia, aunque dentro del propio país algunos presuman que los guerrilleros siguen siendo los ingurgentes comunistas de los años 60. Es cierto que el arranque manual es imposible en una zona repleta de guerrilleros y, por otro lado, parece ser que, a pesar de la relativa calma, respecto a los asesinatos y secuestros, que se da en Colombia desde hace cuatro años (y que según el presidente Uribe ha permitido acrecentar el turismo hasta el doble en ciertas regiones), otras fuentes, como ciertas ONG, locales e internacionales, y un estudio realizado por la Oficina Contra la Droga y el Delito de la ONU, alertan sobre una re-paramilitazación de Colombia. Precisamente hoy mismo el Alto Comisionado de la ONU ha condenado solemnemente el crimen de cuatro personas por parte de las FARC el pasado lunes, calificándolo de "crimen de guerra" y, por lo tanto, dando por sentado que no está mal que se mate a militares colombianos (siempre que se respete la Convención de Ginebra). Esto pondría en entredicho la política del "proceso de paz" llevado por el Gobierno, pero también hace urgente la desaparición de las plantaciones de coca que ayudan al rearme de las guerrillas (según el general Jorge Barón Leguizamón, director de la Policía Antinarcóticos, se habría fumigado 10.128 hectáreas en los últimos diez días en la frontera con Ecuador y faltarían por aspejar otras 3.000).

Pero también desde la misma Colombia se está criticando la forma de enfretar la crisis con Ecuador. El ex ministro de Relaciones Exteriores, Rodrigo Pardo, expresó que el manejo que le han dado al caso de las fumigaciones los dos gobiernos ha sido torpe, y que mientras en Ecuador el tema se ha politizado (suponemos que quiere decir que se ha aprovechado para atraer hacia sí a Hugo Chávez) en Colombia se siguen aplicando dogmas que deben acabarse: "Debe adelantarse un estudio conjunto para poner en blanco y negro las consecuencias de la fumigación.En Colombia se cumplen diez años de estar fumigando y hasta el momento no se ha presentado ninguna catástrofe ambiental". Más dura fue la senadora liberal, integrante de la Comisión de Relaciones Exteriores, del Congreso, Cecilia López, que afirmó que la torpeza había sido de Colombia: "Al señor presidente Uribe definitivamente no le importa la política internacional de Colombia y los últimos acontecimientos con Ecuador reafirman esta apreciación. La señora Canciller no aparece sino para decir frases de cajón y para subestimar una compleja situación que lejos de resolverse se complica cada vez más". Si se lleva adelante la reclamación de Ecuador a Colombia ante la OEA, habrá que ver como reacciona la institución internacional, teniendo en cuenta que su secretario general, el chileno José Miguel Insulza, declaró también que Colombia tenía un papel delicado y díficiel en la pacificación del país en los próximos años. En todo caso, lo que el conficto demuestra es la falsa o relativa autonomía, especialmente entre países vecinos y con una historia común, de las naciones y su dependencia, para su efectiva marcha, de otras naciones.


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