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México: figuras y aspectos de la vida nacional

Arturo Núñez Jiménez

En exclusiva para El Revolucionario, el senador perredista, Arturo Núñez Jiménez, expone sus juicios y valoraciones sobre la historia reciente de México

Jueves 18 de septiembre de 2008, por ER. México

Después de la "alternancia sin alternativa" del 2000, en 2006 el eje izquierda-derecha se reactiva y Andrés Manuel López Obrador no hace ninguna concesión al neoliberalismo, es por esto que los poderes fácticos dicen "cualquiera menos el que quiera cambiar la política económica de la que nos hemos estado beneficiando"

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Nada más ajeno a la fatalidad que la acción política, no el voluntarismo, la acción política consciente y deliberada. Andrés Manuel no ha perdido la esperanza.

Arturo Núñez Jiménez (Tabasco), es Senador de la República del Partido de la Revolución Democrática por su estado natal.

Es economista por la UNAM y autodidacta en el estudio de los más diversos temas, dedicado fundamentalmente a las cuestiones de índole histórica, política y jurídica de México y el mundo.

Militó desde su juventud y durante 37 años en el PRI, partido del que sale en función de circunstancias políticas internas del mismo, pero sobre todo en función de la compleja, vale decir única, dialéctica histórica que, durante las últimas décadas, sacudió las estructuras políticas e ideológicas de este país.

Amable, sereno y honesto, el Senador Núñez es también un fecundo y detallado conversador; convencido de que la política es el único recurso que le ha sido dado tener al hombre contra la fatalidad histórica.

Lo que sigue es la transcripción de la conversación que el Senador Núñez ofreció a la corresponsalía que El Revolucionario tiene en México.


A. Cuestiones biográficas y de trayectoria política e intelectual

ER.México (ERM): Senador Núñez, antes que todo, le rogaría que nos diera algunos datos sobre su trayectoria académica, política e ideológica (de formación, de militancia, de estudio, de convicciones políticas). ¨

Arturo Núñez (AN): Bueno, yo, básicamente, para citar a un clásico, soy producto de la cultura del esfuerzo; a partir de una carrera profesional que me aportaron para mi formación mis padres, pues me he desarrollado fundamentalmente de manera autodidacta en otros campos distintos al de la formación profesional, que es el de licenciado en economía.

Tuve clara, desde muy joven, la vocación política, sin embargo también tenía yo vocación académica. Durante algún tiempo pude desarrollar simultáneamente las dos, pero en la medida en que me desarrollé biológica, humanamente, y ocupacionalmente y profesionalmente en la política, tuve que optar, y no tuve ninguna duda, y opté por la política, y dejé a un lado, no totalmente abandonada –no quemé mis naves- la vida académica.

En ese sentido, no doy clase, pero sigo devorando libros –soy un devorador de libros-, sigo preocupado siguiendo algunos temas que siempre me han interesado, y doy conferencias: trato de ir a distintos foros a desarrollar esta veta. Creo en la imagen del “intelectual político” del que hablaba Reyes Heroles (Jesús Reyes Heroles, ER.México), y te puedo decir que soy fundamentalmente producto de la escuela pública, si bien una parte de mi primaria la hice, tres años, en el puerto de Veracruz, donde culminé la primaria, en una escuela particular de un profesor, Edmundo Fentanes, que era hijo de un gramatólogo, y que me enseñó mucho gramática y a tratar de manejar bien el idioma, mi secundaria, mi preparatoria y desde luego la profesión en la Universidad Nacional Autónoma de México, son en escuelas públicas.

La Escuela de Economía, en aquel tiempo, tenía una clara orientación marxista-leninista, se impartía, creo que se sigue haciendo, teoría económica y social del marxismo; tuve un excelente profesor, el maestro Botas, Eduardo Botas Santos, un tanto –políticamente hablando- estalinista, pero un gran profesor de teoría económica y social del marxismo, que fue lo que me impartió…

Quise irme, tramité una beca de posgrado a la Escuela de Economía y de Ciencias Sociales de Londres, pero me ganó la política, me vi envuelto en un grupo político vinculado a mi estado y a los 22 años yo era director de presupuesto del gobierno de Tabasco. A los 24 era secretario particular del Gobernador, y a los 26 era coordinador del comité de desarrollo económico y social del estado, y vocal de un programa de desarrollo rural.

Mis ansias de novillero, aún cuando tenía la invitación de permanecer con el siguiente gobernador, me trajeron a México; me desarrollé en la administración pública federal en cuestiones de orden fiscal, en Hacienda y Crédito Público, donde estuve quince meses; terminé el segundo sexenio, que correspondía al de López Portillo, en cuestiones de reforma administrativa... En el siguiente sexenio, de Miguel de la Madrid, permanecí en el Comité Ejecutivo Nacional del PRI, donde fui sucesivamente secretario particular del presidente, secretario adjunto encargado de los documentos básicos de la XII Asamblea, y secretario de capacitación política y director del ICAP –la escuela de cuadros del PRI-, ahí pude combinar, como en ningún otro lugar, mi vocación política y mi vocación académica…

Posteriormente, ya en el gobierno de Carlos Salinas, pasé a la secretaría de Gobernación, donde fui director general de desarrollo político, el primero, a cargo de la reforma electoral de 89-90; sub-secretario de Gobernación 91-92; el segundo director del Instituto Federal Electoral 93-94…

Al terminar 94, Zedillo me invitó a ser director del INFONAVIT, pero yo creo que no me creyeron que yo era especialista en vivienda –que no lo era- y volví a la secretaría de Gobernación con Esteban Moctezuma y Emilio Chuayfett, la que dejé para buscar una diputación federal por el sexto distrito electoral de Tabasco; fui designado coordinador del grupo parlamentario del PRI en la primera legislatura en que no tenía mayoría absoluta el PRI; me tocó enfrentar al bloque opositor, junto con mis otros 237 compañeros del grupo…

Y después fui a buscar la candidatura al gobierno de Tabasco, para la que me había preparado, y lo que me había traído a México. Y bueno, pues ahí Roberto Madrazo nos jugó muy rudo; Labastida (candidato del PRI a la presidencia de la República en 2000, ER.México) me invitó a ser candidato pluri-nominal al senado, yo decliné, hablamos de que estaría en su gabinete…

Después, mi decisión de no aceptar el senado, y la de los mexicanos de no elegir a Labastida, me mandaron a mi casa, emprendí con un par de amigos un despacho consultor profesional, y en función de mis relaciones se me invitó a participar en misiones de asistencia técnica, tanto por la división de asistencia técnica electoral de la ONU, como por el Instituto de la Democracia y la Asistencia Electoral –IDEA- del gobierno sueco… viajé por muchos países de América Latina, pude asomarme a sus realidades político-electorales, en las coyunturas en las que me tocó trabajar…

Maduré mi decisión respecto de mi militancia en el PRI: por un lado, mi oposición a quien había dominado el PRI, Madrazo, y aunque hubo intentos de reconciliarnos, yo nunca los acepté; mi propio análisis de la realidad nacional y de los resultados del nuevo modelo económico; mi vinculación de paisanaje y de amistad con Andrés Manuel López Obrador, y su planteamiento que conjugó muchas voluntades en 2006 con la idea de que “Por el bien de todos, primero los pobres”, me llevó a dar el paso de renunciar formalmente al PRI con otros muchos compañeros de Tabasco, de ser candidato de la Coalición Por el Bien de Todos al senado por Tabasco –externo-… fui muy bien recibido por el perredismo tabasqueño, por el grupo parlamentario del PRD, y en el primer año tuve la oportunidad, con la representación de mis compañeros senadores, de representarlos –justamente-, junto con el diputado Juan Guerra y junto con Guadalupe Acosta, por el Comité Nacional, en las negociaciones de la reforma electoral, que logró concretarse…

Decidí afiliarme al PRD, formalmente, en octubre 22 de 2007; ahí se me invitó a ser presidente de la comisión técnica electoral para el proceso interno, ese mismo día acepté en correspondencia a la generosidad con que el perredismo me aceptó; he sabido del desarrollo, que todavía no concluye, de ese lamentable proceso electoral, y ahora estoy involucrado, como miembro de la Comisión de Energía, en el análisis de las iniciativas presentadas en cuestión de reforma petrolera y energética, el intento privatizador de Calderón, y también estoy trabajando intensamente, porque soy presidente de la Comisión de Reglamentos y Prácticas Parlamentarias del Senado, en el reglamento de este órgano de la representación nacional, en virtud de que, el que existe actualmente -el reglamento para el gobierno interior del congreso, que es bicamaral-, data del siglo antepasado en realidad, habiendo sido reformado por última vez en 1934, sólo para quitar la obligación del titular del Ejecutivo Federal y de los legisladores de asistir con frac a la toma de posesión y a los informes presidenciales, no obstante que han habido cambios notables en la vida del Congreso, y específicamente en el Senado, que hubieran ameritado nuevas reglas de desempeño….

En esencia esta es mi trayectoria: mis estudios, mis orígenes profesionales; estoy convencido que quien participe en la vida pública debe estudiar Derecho, Economía, Ciencia Política, Historia, mucha Historia y Administración Pública.

B. Cuestiones nacionales: dialéctica de clases y final

ERM: Si miramos esta trayectoria personal, que usted nos acaba de detallar, y lo hacemos desde un punto de vista histórico, y nos preguntamos qué es lo que pasó en México para que usted haya tenido que dejar el PRI, irse al PRD y para haber participado con un candidato como López Obrador, ¿qué nos diría?

AN: Bueno, el contexto… Yo, para esos efectos, me defino ortega-gassetiano, en el sentido de “yo soy yo y mi circunstancia”, la mitad de mi vida depende de mí, la mitad de mi vida depende de mi circunstancia; y la circunstancia cambió. Yo creo que en esta etapa, que coincide con la de mi vida, es la etapa de la tercera revolución industrial, la tercera revolución científica y tecnológica, por lo tanto, es la de la caída del paradigma del socialismo real, específicamente en la Unión Soviética y su desaparición; es el cambio de modelo económico y de cambio de régimen político en el país, esto último sin terminar aún de cuajar, de tal manera que hay muchos referentes en mi entorno que explican mi propio cambio.

Particularmente… alguna ocasión leí que Felipe González, el expresidente español, decía que uno de los problemas de México era el enorme transfuguismo político que había, y yo creo que si no se tiene en cuenta, por lo menos en el ámbito del sistema de partidos, de dónde venimos, por lo menos en dónde estamos y hacia dónde podemos ir, no se entiende este fenómeno del transfuguismo de México.

Si teníamos un partido hegemónico, casi-único se le llegó a definir, del cual salieron durante siete décadas todos los presidentes de la República, con distintas denominaciones como partido; todos los senadores, o la gran mayoría de ellos al final; la gran mayoría de los diputados; hasta 1991, con la elección de Ruffo (del PAN, ER.México) en Baja California, todos los gobernadores; la gran mayoría de los ayuntamientos… y pasamos a un sistema competitivo de partidos, pues uno no entiende también el fenómeno del transfuguismo.

La historia es una secuencia de continuidades y rupturas, si el hombre fuera sólo continuidad, no avanzaría; si el hombre sólo fuera ruptura, pues no tendría sentido de pertenencia y de identidad; yo creo que me ha tocado esencialmente una época más de rupturas que de continuidades, por lo tanto mi propia biografía no podría ser sólo de continuidades. En un régimen de partido hegemónico, pues el cambio tiene que surgir en buena parte de desprendimientos y rupturas de ese mismo partido, no van a venir de Marte los que transformen el quehacer público, ni nos vamos a esperar a nuevas generaciones que maduren y puedan hacer el cambio, porque entonces los cambios serían muy lentos. Evidentemente, quiénes desestalinizaron la URSS, pues los antiguos estalinistas, y así sucesivamente en cada país, hay capacidad de rectificar…

En ese sentido, yo creo que en el transfuguismo en México hay por lo menos varias clases de tránsfugas: unos, los que han considerado que los paradigmas a los que se era fiel han sido traicionados por el partido en que militaban, y por lo tanto consideran que ellos no traicionan a su partido sino que fueron traicionados por quienes se hicieron cargo de su partido; otros, los que consideran que, por los nuevos cambios y por las nuevas realidades, ya no tienen espacio en su propio partido, no es necesariamente un asunto de orden ideológico, es posible que se más un asunto de orden político; y en una tercera clasificación, están los oportunistas, que no obtienen un espacio donde alcanzar una posición determinada y, bueno, la buscan en otro y en otro y en otro, y no tienen llenadera.

Pero yo creo que hay que diferenciar el transfuguismo que está vinculado a un cambio histórico, a una transición política que tiene como uno de sus contenidos la transformación del sistema de partido hegemónico al competitivo, del transfuguismo del oportunista. Si me preguntas en cuál me ubico, yo me ubicaría en el de la circunstancia política; yo no tuve una ruptura en sentido estricto ideológica, yo no formé parte del grupo inicial que se desprende con la Corriente Democrática en la que van Cuauhtémoc Cárdenas, Muñoz Ledo, Ifigenia Martínez, Andrés Manuel López Obrador, entre otros; yo llego en ese sentido tardíamente, y también vinculado a una circunstancia política en la que aquél con quien me enfrento en Tabasco es quien se apodera del partido y de la candidatura presidencial (Roberto Madrazo y el PRI, ER.México), para llevarlo al tercer lugar.

Habría que decir -porque me lo preguntan muchos amigos- qué diferencia hay entre el Arturo Núñez 37 años priísta, y el Arturo Núñez –contando desde la elección- militando por dos años y medio en las corrientes de izquierda, formalmente perredista desde octubre de 2007: yo diría que esencialmente lo que hay es un enorme desencanto, y más que eso, indignación, por los resultados del modelo económico aplicado; más que un asunto ideológico, por lo menos yo lo veo así, aunque hay quien lo ha visto ideológicamente, y se vale el análisis –lo advirtieron con anticipación-… yo creía en la necesidad del cambio de modelo económico, el Estado de la Revolución Mexicana desembocó en una crisis de deuda externa y había que hacer un cambio de modelo, pero, dados los resultados del nuevo modelo adoptado, estoy no sólo indignado sino realmente militando en la oposición a que se siga aplicando más de lo mismo, porque los resultados son terribles.

Cuando dicen “es que ustedes tienen ideas o posiciones ideológicas ya superadas: el estatismo”, no, no creo yo que sea un problema de Estado o mercado, creo que esa dicotomía se ha resuelto correctamente –por lo menos en el plano teórico-; yo creo que es un problema de resultados: un país, con la mitad de su población en pobreza, que no le da oportunidades educativas y laborales a la mitad de los jóvenes, que tienen que desembocar en la economía informal como opción de vida, o en la emigración como opción de vida, o en el delito como opción de vida, pues es un país y un modelo que hay que reformar, y no podemos seguir aplicando más de lo mismo.

Entonces no es sólo un asunto de circunstancia política, también habría un elemento de reconocimiento de la realidad que no corresponde a la que se planteó cuando se empezó a adoptar el nuevo modelo económico.

ERM: A la luz de este cambio de modelo económico, y después de la pérdida de rumbo y de la constatación de los magros resultados obtenidos, ¿cómo sitúa usted el problema del petróleo?

AN: Bueno, yo creo que esa es como la joya de la corona de este modelo depredador, privatizador, extranjerizante, y casi me atrevería a decir criminal, que se ha aplicado en el país. En estos foros que organizó el Senado, donde pudimos aprender mucho (y, por cierto, se revitalizaron estos tipos de foros, que ya se habían agotado, que ya eran “puro rollo”), y esta vez creo que hay coincidencia en que, por la riqueza de quienes vinieron con sus planteamientos a ilustrarnos sobre distintos aspectos de la industria petrolera, uno no puede asumir que los mexicanos seamos tan ineptos, o tengamos mala suerte, o, como dijo alguien, que hayamos sido tan ingenuos, y que sea eso lo que explique los resultados. Uno, obligadamente, tiene que creer que fue deliberado.

Tuvieron consciencia de que vender PEMEX no era vender Teléfonos de México, no tendría la misma raigambre en el sentido de la construcción de la identidad nacional y del nacionalismo mexicano, y por lo tanto decidieron diseñar una estrategia de desmantelar PEMEX, en la expresión de David Ibarra, en todos sus ámbitos: no se hizo exploración al ritmo que se extraía petróleo por el alto precio del crudo, que no la podemos llamar política petrolera, sino que el rol asignado a la empresa petrolera fue extraer crudo, a veces sobre-explotando yacimientos, lo que aceleró su declinación anticipada; el no agregar valor en refinación, el no haber construido una refinería en 29 años desde que se terminó Cadereyta; el haber abandonado la petro-química, en donde la capacidad instalada está ociosa en el sur de Veracruz: en Cangrejera, Pajaritos, Morelos, Cozoleacaque, al punto de que, si antes vendíamos fertilizantes y exportábamos amoniaco, ahora lo tenemos que importar; el no tener redes de distribución modernizadas, ductos cuyo mantenimiento se regatea, y en ocasiones lleva a tragedias de explosión de ductos que cuestan infraestructura, viviendas, patrimonio, y lo más grave, vidas humanas, por eso es criminal el haber abandonado, el haber dejado de dar recursos de inversión a PEMEX para el mantenimiento de sus instalaciones; el haber hecho del Instituto Mexicano del Petróleo, de una institución de avanzada en la materia, a un instituto que da clases de inglés y francés y que hace ingeniería de detalle de proyectos de obra pública, que no es su tarea; el haber des-estructurado a PEMEX en cuatro empresas específicas y un corporativo que duplica y proyecta el gasto corriente; el haber endeudado a la empresa y haberla hecho que abdicara de hacer las cosas para hoy y declarar que no tiene capacidad de gestión y de ejecución de proyectos; el haberla llevado a una situación técnica de quiebra, aunque en un sentido estricto el quebrado es el gobierno federal, y no es un simple maquillaje contable, lo que pasa es que si se presenta a un gobierno como quebrado, a nadie, ni siquiera a los neoliberales, se les ocurre que hay que rematar a un gobierno… aunque no les demos la idea, no vaya a ser que se les ocurra.

Pero sí, si una empresa pública se presenta como quebrada, pues entonces se nos dice que hay que privatizarla; pero con los precios y los excedentes petroleros que hemos tenido y aún así decimos al mundo que PEMEX está quebrada, pues van a decir “¡pero que torpes son los mexicanos en el manejo de su industria petrolera!”…

Entonces, si aceptamos eso, tenemos que aceptar que hemos fallado en todo; pero entonces no puede uno asumir y aceptar que haya habido tanta ineptitud. Es evidente que fue deliberado y que buscan culminar este proceso de privatizaciones, que no nos ha llevado, como se nos dijo, a la abundancia, o al primer mundo, sino justamente a uno de los últimos países, por lo menos según el club para la cooperación y el desarrollo económico, trátese de recaudación fiscal, trátese de cobertura educativa, trátese de eficiencia terminal del sistema educativo, de calidad educativa, de competitividad empresarial o de tantas y tantas cosas.

ERM: En otras entrevistas que hemos realizado, y también según nuestras propias investigaciones, hemos intentado encontrar, con la mayor precisión histórica posible, aquél punto de inflexión política que detona las contradicciones que determinan el escenario político actual en México: para algunos, ese punto de inflexión histórico aparece en 1982 con la nacionalización bancaria; otros se van hasta 1977 o 1968; y otros sostienen aún que la ruptura mayor debe encontrarse en los 40, cuando la oligarquía empresarial y doctrinaria, tras la nacionalización petrolera del 38, se organiza para frenar a Cárdenas y al cardenismo; ese repliegue se nos ofrecería como escenario donde nacen el Partido Acción Nacional, las organizaciones patronales y las instituciones educativas de formación de cuadros políticos y de dirección ideológica, como el ITESM y el ITAM, que son hoy las canteras más eficientes de tecnócratas neoliberales. Ese bloque histórico habría dicho en los 40: ‘en 50 años el país debe estar en nuestras manos’; y, en efecto, los secretarios de hacienda de los últimos 4 o 5 sexenios son “flamantes” egresados del ITAM, cuya facultad de economía fue rediseñada y apuntalada en los 70 como copia al calco de la Escuela de Economía de Chicago. ¿Cuál o cuáles son para usted los puntos históricos de inflexión fundamentales que están a la base de la coyuntura política presente?

AN: Bueno, si queremos honrar la percepción o la connotación de que la historia es una secuencia de continuidades y rupturas, yo no vería un sólo hilo conductor, porque entonces, efectivamente, podríamos proyectar hacia atrás lo que ocurrió 50 años atrás, que desde luego está influyendo algo en el acontecer presente, pero no hay una línea de continuidad pura, que se constate…

ERM: Sí, no todo está conectado con todo.

AN: Sí; desde ese punto de vista sería una causalidad mecánica, que yo creo que no es la idea de la reflexión. Yo puedo entender que sí hay algunos ingredientes que permanecen a lo largo del tiempo; pero aquí recuerdo una reflexión de don Jesús Reyes Heroles: cuando hay un homenaje a José María Luis Mora, él produce un memorable discurso que yo cito con frecuencia, y dice que no en todas las sociedades la historia cumple la misma función, pero que, en el caso de México, la historia siempre es actual para las luchas del presente. En otras es a lo mejor reminiscencia nostálgica; por eso siempre nuestro discurso político es un discurso de un alto contenido histórico, aunque ahora haya gentes de la derecha y de las nuevas generaciones, que lo que quieren es que “no nos quedemos”, y entonces te invocan que “no nos quedemos petrificados en el pasado” y “que no estemos nostálgicos”…

No, no es eso; y yo, reflexionando sobre el discurso de don Jesús Reyes Heroles, creo que hay, ahí sí, un determinismo geográfico importante: ser vecinos de quien nos tocó ser vecinos en el norte, en una etapa en la que se llegó a convertir en una de las potencias hegemónicas, y que a partir de 1989 realmente en la potencia hegemónica por excelencia, casi única, de un mundo bipolar a un mundo unipolar –se ha dicho-, aunque estemos hablando de lo ideológico-político-militar, porque en lo económico sabemos que hay una multi-polaridad: Japón, la Unión Europea, ahora China, la propia India, que diversifican y hacen plural el mundo; pues toda nuestra historia ha estado desplegada desde una perspectiva defensiva hacia este vecino, aún en nuestros mejores momentos de amistad; aún el entreguismo de Fox, cuando lo recibe (a Bush II, ER.México) en su rancho de San Cristóbal de botas y nos dice que van a hablar de tú a tú, y nada más nos metemos al Consejo de Seguridad y las cosas se tensionan a raíz de los atentados terroristas de hace 7 años ayer, por parte de Al-Qaeda.

Entonces yo creo que ese hilo conductor sí lo hay; vivir junto a la potencia hegemónica mantiene muchas luchas del pasado: si en el pasado era pelear territorio físico; si en el pasado fue pelear por los recursos del petróleo, cuando la expropiación; si en el pasado fue… mercados; es una lucha que pervive en el tiempo, y ahí sí hay un determinismo geográfico que se nos impone.

Pero yo no remitiría todo a un hilo conductor único, verlo como un complot; yo creo que –veía las respuestas de Manuel Bartlett a este mismo planteamiento-, y decía, bueno, aquello llegó a un arreglo con equilibrios en el PRI, que se vuelve a descomponer ya en la nueva era neoliberal y del la globalización, que es otro momento cualitativo, y que no se explicaría en los tiempos de Ávila Camacho o de Alemán, la circunstancia cambia radicalmente.

Entonces, efectivamente, sí, yo creo que quienes se propusieron –en esto sí- que los centros, los tanques pensantes del país se desplazaran de lo público a lo privado, de las universidades públicas a las instituciones privadas, pues en eso sí tuvieron éxito; porque yo advierto que la universidad pública, estoy pensando especialmente en la UNAM, que además es mi generación, se sacrifica en lo académico por darle una aportación política al país: el movimiento estudiantil del 68, que va a cumplir 40 años en su momento más dramático el 2 de octubre, es sin lugar a dudas un sacrificio; muchas facultades y escuelas, los jóvenes, los profesores, se canalizan a la lucha por la democratización del país, y lamentablemente esto se da en muchos casos en detrimento del nivel académico. Yo te puedo mencionar el caso de mi escuela, que era la de economía, y que era la proveedora de los cuadros del quehacer público gubernamental en materia económica; muchos de mis profesores, antes que yo fuera estudiante, y otros cuando yo lo fui, pues eran secretarios de estado: el maestro Bassols, el maestro Loyo, el maestro Torres Gaytán, y ya más en mi época, Flores de la Peña, David Ibarra, Jesús Silva Herzog, Carlos Tello, José Andrés de Oteyza; era la proveedora de cuadros públicos. Y de alguna manera esto se agota también con el cambio de paradigma del Estado; era gente formada en la lógica de la economía del sector publico, incluso nos daban teoría monetaria y del crédito… y déjame contarte una anécdota: un día un compañero se levanta y le pregunta a uno de los profesores -me reservo el nombre en memoria de él, que ya murió-: “oiga profesor, se dice que al final de cuentas el valor de una moneda está respaldado por la capacidad económica del país que la sustenta; pero yo no entiendo por qué el quetzal tiene una paridad uno a uno con el dólar, mientras que el peso tiene una paridad de 12.49 por dólar -te estoy hablando de 1967-, entonces, qué es lo que hace que el quetzal valga más que el peso, porque la capacidad económica de Guatemala no es mayor que la mexicana”, y el profesor le contestó: “oiga qué interesante su pregunta, comparto su duda”… ¡y la inflación no se estudiaba!: tuvimos los veintidós años dorados de 12.49 por dólar, que por cierto correspondieron a los acuerdos monetarios de Bretton Woods y al sistema de paridades fijas de los tipos de cambio…

Entonces, de alguna manera, al cambiar el paradigma hay un desplazamiento de lo público a lo privado, y de la institución pública a la privada, que además tenía el sacrificio del aporte a la causa democrática del país. Estoy hablando específicamente de la Escuela de Economía; y la Escuela de Economía ha hecho esfuerzos y ha actualizado sus programas, y ha habido reformas académicas interesantes, pero no ha vuelto a ocupar el espacio que tenía en tanto orientadora de las políticas públicas y proveedora de recursos humanos. Y ha sido desplazada, efectivamente, por el ITAM, el CIDE, el Tecnológico de Monterrey y otras instituciones de este tipo.

Y bueno, pues, ahí creo que hay varios elementos concurrentes, pero yo me resistiría a ver un análisis de causalidad entre lo que ocurría en tiempos de Ávila Camacho y Alemán y lo que está ocurriendo hoy en día; creo que hay de por medio muchos cambios en muchos órdenes que no explicarían el razonamiento.

ERM: Bien, agarrando al toro por los cuernos, senador, y al margen de “irregularidades electorales”, de “fallas del código electoral”, de “déficits de nuestra democracia” o de “reformas del Estado”, ¿por qué cree usted que el régimen impidió que López Obrador llegara a la presidencia de la República?

AN: Bueno, mira, yo creo lo siguiente: la larga hegemonía del PRI al frente de la titularidad del ejecutivo federal, que es, si consideramos desde la fundación del PNR en 1929 hasta la elección de Fox en el año 2000, estamos hablando de 71 años -que también hay que matizar las diversas etapas del propio PNR, del PRM, del PRI-, sin embargo, si le damos una línea de continuidad al mismo partido, influyó en las características de nuestro desarrollo político, y en el centro de la lucha política; y el centro de la lucha política, en la última etapa, se constituyó en el eje gobierno-oposición: un objetivo perseguido de manera deliberada por las fuerzas de oposición, representadas fundamentalmente por el PAN a la derecha, y, en la última versión, por el PRD a la izquierda, no sólo recurrente, yo diría obsesivo, era sacar al PRI de Los Pinos, el eje gobierno-oposición subordinó los otros ejes de la lucha política. El referente clásico de izquierda-derecha, no digo que haya desaparecido, de ningún modo, siempre hubo quienes estaban combatiendo las políticas neoliberales dentro de los últimos gobiernos del PRI, pero se priorizó la lucha por la democracia y por la alternancia, “sacar al PRI de Los Pinos” y lograr la alternancia se constituyó en el objetivo número uno de la lucha democrática. Y el eje izquierda-derecha se subordinó; incluso el PRI temía pavorosamente, de ahí el dificultar las coaliciones, que se pudieran unir el PAN y el PRD, y, por lo menos formalmente, hubo intentos en el 99, para ver si había un candidato único que, como era natural, no podía pasar, finalmente. En algunos estados se dieron acuerdos PAN-PRD para sacar al PRI de las gubernaturas. Pero a nivel nacional no se dio.

Quizá esto tenga que ver con el régimen de distribución de competencias en el federalismo mexicano, donde las facultades de mayor contenido ideológico son competencia federal, y las estatales son más instrumentales o ejecutivas u operativas.

Alcanzada la alternancia en el 2000, el eje izquierda-derecha se vuelve a plantar en el centro de la lucha política en México; ya se logró “sacar al PRI de Los Pinos” y llegar a la alternancia, que es matizada. Y aquí hay una frase de un periodista, que me parece muy afortunada, René Delgado, que dice que la del 2000 fue una “alternancia sin alternativa”, y fue posible porque al final de las cuentas, el candidato del PAN, Fox, garantizaba a plenitud la continuidad de la política económica neoliberal de los últimos gobiernos priístas. En ese sentido, hubo alternancia, pero no alternativa en la conducción de la política económica.

Seis años después, reinstaurado –digámoslo así- el eje izquierda-derecha en el centro del proceso electoral, instalada la brutal desigualdad a la que ha llevado el modelo: planteando que “por el bien de todos, primero los pobres” no quería decir por el bien de todos “sólo los pobres”, pero no puede haber islotes de prosperidad en océanos de pobreza, y ahí lo estamos viendo: la seguridad y la vida de un joven próspero, de una familia próspera, pues está dependiendo de alguna manera de la inseguridad y de las condiciones sociales en que se desarrollan los hijos de familias con limitados recursos.

Entonces, se vuelve a poner en el centro, como punto de debate, la política económica; y ahí Andrés Manuel López Obrador no hace ninguna concesión al neoliberalismo, y, por lo tanto, los factores reales de poder, o los poderes fácticos, como se dice ahora, cierran filas para que cualquiera menos “el que nos va a cambiar la política económica de la que nos estamos beneficiando”. Ahora sí ya no está a discusión la simple alternancia; y creo que ahí hubo una equivocación, porque, era tal la obsesión de “sacar al PRI de Los Pinos”, que hasta un patán como Vicente Fox pudo ser votado por los mexicanos creyendo que significaba un cambio para ser una brutal decepción, del tamaño de la condición patán de Fox; y sin embargo ¡lo logró!, lo cual habla también del brutal desgaste al que había llegado el PRI, hasta que un patán como Fox pudiera ganarle a una gente con la trayectoria de Francisco Labastida Ochoa, por ejemplo.

Entonces, creo que esto explica el por qué no dejaron pasar estos poderes fácticos a Andrés Manuel López Obrador, e hicieron todo lo que estuvo a su alcance para no dejarlo pasar.

Me decía Carlos Navarrete, el coordinador del grupo parlamentario del PRD, en alguna ocasión, que en una de las visitas que ha hecho a México Lula, él le preguntó, entiendo que Lula logró el triunfo electoral para la presidencia de Brasil en el tercer intento, porque en la democracia se premia la perseverancia: Allende llegó a la cuarta, Daniel Ortega recupera la presidencia a la cuarta, Evo Morales llega a la segunda, en fin; el mismo Churchill y de Gaulle fueron enviados a sus casas por sus electores y volvieron y triunfaron; pero él le pregunta a Lula, que qué es lo que aprendió entre la primera campaña y la tercera, y le dijo: “bueno, si yo hubiera sabido en la primera que había que tranquilizar a los mercados y mandar algunos mensajes claros a los organismos financieros internacionales, lo hubiera hecho desde la primera y hubiera sido más rápido llegar”.

No se trata de concesiones a las convicciones, pero, hoy en día, el capital busca, en esta era de la globalización, garantizar su reproducción sin restricciones, y por eso ha establecido anclajes de orden supra-nacional para lograr que, gobierne quien gobierne, no le cambien las condiciones para la inversión; la inversión al final de cuentas busca rentabilidad, pero también seguridad. Casi en todas partes hay rentabilidad, porque hay escasez, pero no en todas partes hay seguridad.

Entonces, sea el anclaje de la Unión Europea, el Tratado de Maastricht, por ejemplo, dice que los países suscriptores no pueden tener un déficit público arriba del 3%, aunque Alemania lo tuvo arriba del 6 cuando se reunificaron las dos Alemanias, pero consientes de un acontecimiento histórico. Por qué, porque, gobierne el PSOE, socialista, en España, o el Popular, de derecha, la política económica no va a cambiar en lo esencial; gobiernen laboristas o conservadores en Inglaterra, habrá matices, pero la política económica esencial no cambia; gobiernen socialistas o centro-democráticos y de derecha en Francia, la política económica esencial no va a cambiar; gobiernen demócratas o republicanos en Estados Unidos, más los intereses hegemónicos, no va a cambiar; gobierne la socialdemocracia, el liberalismo o la democracia cristiana en Alemania, la política no va a cambiar. Y por eso han impulsado anclajes supra-nacionales, para nosotros claramente el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, y también, que si la autonomía del Banco de México, y políticas de Estado en la excepción de que la turbulencia política no afecte la reproducción del capital a nivel global. Esa garantía la quieren, y pareciera que Andrés Manuel López Obrador no estuvo en la disposición de otorgárselas; si asumimos lo que le respondió Lula a Navarrete. Por eso es que Felipe González sí la garantizó, hasta propició la entrada a la OTAN, de España.

Entonces, yo creo que, uno, el hecho de que se haya desplazado el eje gobierno-oposición, con la obsesión de la alternancia, al eje izquierda-derecha, igualdad-desigualdad social, explica el tema; y hay quienes desde dentro del neoliberalismo, claramente Stiglitz, por ejemplo, el propio Fukuyama, que ya escribió un libro; Stiglitz dice que, sí, el Consenso de Washington era el correcto, pero que había que respetar matices y ritmos nacionales, lo que se hizo a rajatabla con las consecuencias que hay en el mundo. Fukuyama dice, se nos pasó la mano con la desestatización, y claro, lo dice desde un punto de vista estadounidense-céntrico: como no hay Estado en muchos países de la periferia, pues a nosotros nos vienen los migrantes, a nosotros nos viene la droga y a nosotros nos viene el terrorismo; entonces hay que rehacer el Estado, no por el bienestar de aquellos pueblos sino para que no repercutan en los centros hegemónicos, pero es una rectificación de aquel fin de las ideologías y la historia y el último hombre, porque se les pasó efectivamente la mano.

Entonces, el capital exige esa garantía, y quiere señales de que se le van a otorgar.

ERM: Para ir ya cerrando la entrevista, senador, le ruego que me permita leerle una selección de citas en donde se hace una interesante conexión histórica entre José Vasconcelos y Andrés Manuel López Obrador, ahora verá por qué; luego de que la lea, le rogaría que me diera su impresión y su juicio.

***
- No le contarán siquiera los votos –decía-, falsificarán la elección.
- Eso ya lo sabemos –repuse-, pero en todo país en que no se cuentan los votos, funciona como válvula de escape el derecho a la rebelión, el hábito de las revoluciones. Las revoluciones son santas cuando tienen por objeto derrocar un mandato ilegítimo.
- No llegará usted a hacer la revolución –replicó-, porque el gobierno es fuerte militarmente y cuenta, además, con el apoyo decidido de los Estados Unidos, cuenta también con el apoyo inglés… eso es lo que quería decirle con entera franqueza y porque simpatizo con su posición y no quiero verla echada a perder. Usted debería resignarse de antemano a perder y preparar el futuro…
- Si ahora no triunfamos –contesté-, mañana menos. La imposición consentida, sentará jurisprudencia. Matará la esperanza misma de la nación.

Entonces el inglés, con frase conmovida, que resultó ser profética, expuso: - Será el día más triste de su vida aquel en que delante de usted le fusilen a treinta o cuarenta de los suyos, víctimas inútiles de un movimiento sin posibilidades de triunfo.

[…] Semanas después, Arcelia me dijo que, en efecto, su amigo había escrito en el Times un artículo justiciero. – ‘Ande, Arcelia, bromeaba yo, parecía usted una Malinche moderna, tomando partido con el extranjero’. Tal vez no era así, pero me irritaba todo el que me hablaba de ceder. Horror de la sangre, yo también lo tenía, pero me daba horror la sangre inocente que seguía y seguiría corriendo sin ser vengada. Al país, le hacía falta que corriera la sangre de verdugos. Un pacifismo incondicional no conduce a la libertad, sino a la abyección. El político no es el santo. El político no tiene derecho de prescindir de los medios con que cuenta el proceso social para su mejoramiento, su desenvolvimiento. La guerra es un maldito recurso, que a veces puede ser convertido en beneficio de las gentes. El mismo credo cristiano ha tenido que reconocer la justicia de ciertas guerras, como cuando se trata de defender un modo de vida, una civilización contra una barbarie; el cristianismo contra el musulmanismo, por ejemplo. Guerras santas, siempre habrá motivo para librarlas. Y México necesitaba librarse de un ejército desleal a su destino. Hacía falta destruir el ejército, lo mismo que cuando Madero, lo mismo que cuando Victoriano Huerta, lo mismo que siempre en nuestra historia de condenados…

Pero ¿qué será de México el día que ya no hubiera el aseo periódico de la acción armada? Caeríamos en la política de serrallo, o sea el cuartelazo y la intriga, que deja caer el mando en quien traiciona a su jefe. Entraríamos así a regímenes de terror y de hipocresía, en que los mismos hombres, sucesivamente, cambiarían la careta, declarándose anticallistas los callistas de ayer, pero vigente el programa inepto, destructor…

La pesadilla de la conversación con el inglés, me persiguió muchos días. Una fila de treinta o cuarenta de mis nobles amigos y correligionarios, de pie frente al paredón, pálidos de rostro, pero todavía arrogante el ademán. Muriendo todos ellos por un pueblo imbécil que no se quería dar cuenta de su sacrificio, que se apresuraría a aplaudir a los victimadores, con pretextos de los desfiles de la fiesta nacional…

… Los pueblos pagan muy caro el no saberse dar a respetar.

José Vasconcelos, El Proconsulado, páginas 156 y 157 de la edición de Editorial Jus de 1958, México DF.

***

- Mejor volvamos al 29.
- El pueblo debió haberse armado contra el gobierno.
- Probablemente no tenía pistolas.
- Siempre hay pistolas en los pueblos que tienen energía.
- ¿Qué razones lo movieron a escribir los cuatro tomos de su autobiografía, mejor, de sus memorias?
- La mala suerte engendra toda la literatura. Escribí mis libros para incitar al pueblo contra el gobierno. Me creyeron un payaso. Escribir es hacer justicia. No quería séquito literario, quería gente armada. ¿Qué escritor que en verdad lo sea no es un político? El que ignora la política está perdido; igual le ocurre al que se evade de la realidad.

Conversación entre José Vasconcelos y Emmanuel Carballo, de 1959. Protagonistas de la literatura mexicana, Emmanuel Carballo, Alfaguara, 2005, México DF.

***

En una carta confirmó su deseo de que no se le sepultara en la Rotonda de los Hombres Ilustres, sino en cualquier cementerio de aldea. Consideraba que la ciudadanía de nuestro país no tenía derecho a honrarlo como escritor mientras no lo reconocieran como político. Mientras no se reconociera pública y oficialmente que ganamos en el 29 las elecciones, no podía aceptar ningún honor sin traicionar la verdad y la justicia. Además, decía, enterrarlo en la Rotonda sería para él una injuria, pues allí estaban los restos de un cierto aviador que consumó persecuciones a los vasconcelistas. Tampoco tenía nada que buscar en un cementerio dedicado especialmente a los héroes de la Reforma masónica del juarismo. A mí me dijo que no quería estar entre tanto bruto.

Lo sepultamos en el Panteón Jardín de San Ángel. Fue un mar de gente.

[…]

Los periodistas recogieron pensamientos el día de su muerte. Yo les di éste: “México debe a Vasconcelos una estatua en la hondonada que forman el Popocatépetl y el Iztaccihuatl, donde se desarrolla su ‘Prometeo Vencedor’, con una inscripción que rece: Electo Presidente de la República en las elecciones de 1929.”

La última vez que lo ví caminaba por la avenida Juárez, apoyándose en su bastón, mirando al suelo. Bien sabía yo que al hablarle, cual sucedió, se le iluminaría, como siempre, su rostro con una sonrisa. Los transeúntes pasaban indiferentes a su vera. “He aquí –me dije- el despojo de la materia”. Mas al mismo tiempo advertí que lo circundaba algo resplandeciente que no era sino el Espíritu de un Vencedor.

Alfonso Taracena, José Vasconcelos, Porrúa, México DF, 1982, página final.

***

La tercera cuestión tiene que ver con el destino y la proyección de nuestro líder. Hay una imagen que me persiguió como una pesadilla. Tiene que ver con la entrevista que un periodista, hombre o mujer no recuerdo, hizo a José Vasconcelos en el crepúsculo de su vida. La anécdota me fue narrada en la redacción de El Día. Se apersonó a ver a ese personaje, a la sazón director de la Biblioteca de México, ubicada en la Ciudadela. Pese al puesto más que modesto que entonces ocupaba, el periodista novato iba a preguntar a aquel hombre excepcional sus juicios, que imaginó fulgurantes, respecto de su hazaña por la democracia mexicana y la realidad contemporánea […]

Encontró a un anciano, poco ubicado en la realidad, como casi todos. No obtuvo declaraciones destacables. Pero lo que le hizo abreviar el encuentro y salir con un ánimo sombrío fue escuchar el ruido monótono de las cuentas del rosario que Vasconcelos repasaba con la mano derecha oculta dentro del cajón de su escritorio.

Mi reflexión fue: Vasconcelos desafió, por vocación democrática y voluntad de poder, al autoritarismo de los generales revolucionarios que mandaban en los años veinte del siglo pasado con pistola al cinto y fuete. López Obrador está desafiando a la plutocracia mexicana que ve a la nación como un negocio llamado “México, sociedad anónima”, y que en defensa de sus intereses sí reprime y mata, pero de forma selectiva. Vasconcelos fue de las multitudes fervorosas a la soledad de asirse a las cuentas de un rosario. De la fuerza esperanzada del Ulises Criollo pasó a La tormenta, a El desastre, a El Proconsulado. ¿Cuál podría ser el destino de López Obrador?

Socorro Díaz, Reporte 2006. El desquite, Tinta Editorial, 2007, México DF, pp. 118-119.

***

AN: Bueno, yo creo que hay muchas diferencias evidentemente, al margen de que puede haber algunas similitudes de orden ético; pero esas diferencias parten primero de las personalidades, de las convicciones, de los métodos de lucha, y sobre todo de las circunstancias de uno y de otro.

En 29 todavía se podía hablar de que corría la sangre; en 28, los tres candidatos presidenciales acabaron asesinados. De hecho, Serrano y Gómez en 27, y el propio Obregón en 28, ya presidente electo. Hablar en 29 de sangre, era oportuno.

Pero acá, si algo ha caracterizado al movimiento de Andrés Manuel, es una vocación pacífica que está desde sus primeras movilizaciones en Tabasco. Yo siempre he dicho a quienes quieren verlo como un insurrecto en armas, que revisen cómo Andrés Manuel evitó los choques armados en Tabasco.

De tal manera que hay… a lo mejor lo contingente, lo circunstancial, es diferente, y el hilo conductor, la similitud, podría centrarse en esta lucha de enfrentar al poderoso y con una posición ética fundamental; pero yo creo que esa es esencial.

Yo recuerdo que, cuando Bertrand Russel promueve la integración de un tribunal que lleva su nombre, Russel, para juzgar los crímenes de guerra y el genocidio de Estados Unidos en Vietnam, de la que forman parte personalidades como Jean Paul Sartre, Simone de Beauvoir, por México Lázaro Cárdenas, Linus Pauling, el padre de la bomba atómica, Andréi Sajárov, de la rusa, y otras muchas personalidades de la época; en Los tiempos modernos Sartre entrevista a Russel, y acicateándolo, provocándolo, Sartre le hace una pregunta extraordinaria y le dice “¿qué puede hacer un tribunal de consciencia frente a la brutalidad del Napalm?” Y Russel le contesta lúcido, se crece a la pregunta, y dice: “Todo. El día que renunciemos a la lucha por el deber ser, por la brutalidad del ser, habremos perdido la esperanza, habremos perdido lo mejor de la condición humana”.

Y yo creo que Andrés Manuel no ha perdido la esperanza, y creo que en ese sentido, luchar por el deber ser, aunque el ser brutalmente se oponga, es reivindicar la acción política como el elemento para enfrentar la fatalidad. Nada más ajeno a la fatalidad que la acción política, no el voluntarismo, la acción política consciente y deliberada.

Octavio Paz escribió que ya los trágicos griegos nos demostraron que la fatalidad tiene necesariamente como cómplice a la voluntad humana; los actores de las tragedias griegas sabían, por el oráculo, cuál era su destino, y hacían poco si no es que nada por impedirlo. Nosotros no podemos caer en la fatalidad, tenemos que luchar. Y la lucha política tiene ese sello, y luchar por el deber ser es luchar por la esperanza, como la mejor forma de la dignidad de la condición humana.

ERM: Ya para cerrar, senador, usted mencionó a Ortega y Gasset, pero yo le voy a preguntar algo inspirado en Lukács, el marxista húngaro: él decía que uno de los problemas fundamentales de la acción política en tanto que acontecimiento histórico es el de identificar, y luego controlar, en uno u otro sentido, la tendencia fundamental de una época; sólo en la medida en que se logre apresar y controlar para nosotros, sólo en esa medida, el futuro y el presente pueden ser nuestros. ¿Cuál es para usted la tendencia fundamental de nuestra época?

AN: Bueno, es una pregunta muy compleja, en parte por su reduccionismo; yo creo que la tendencia fundamental de nuestra época es también una pluralidad de tendencias, que se complementan unas y se contraponen otras; pero, sin lugar a dudas, quizá alguna afirmación de Sartre sobre la Revolución Francesa me ayudaría a dar la respuesta; Sartre dice, “la Revolución Francesa nos dijo: todos los hombres son libres, todos los hombres son iguales, todos los hombres son hermanos; lo que no nos dijo es que sólo los burgueses son hombres “; y en las tendencias fundamentales de nuestro tiempo, muchos seres que pululan en la tierra no tienen la condición humana de la dignidad; la brutal desigualdad social hace que la pobreza y la pobreza extrema sean el signo distintivo, y el producto de un modo de operación social, económica, política, que hace a muchos, entre comillas, estar de más en el planeta, hay incluso algún libro que así se llama, de las políticas de exclusión de esta nueva era del neoliberalismo salvaje, que, a diferencia del capitalismo salvaje de los inicios, no nos encuentra todavía provistos de un Marx que sea capaz de dar aquel manotazo del que habló Popper; hay manifestaciones dispersas, grupos, ¿cómo les llamó Zedillo?: globalifóbicos, que de algún modo, desarticulada, fragmentariamente, quizá no con la lucidez de Marx, pero que plantean la línea de resistencia a esta nueva era del capitalismo salvaje, que está volviendo a condiciones a veces hasta peores dados los mecanismos tecnológicos que los sustentan: leer por ejemplo que, de un día para otro, el señor Slim ganó once millones de dólares, nos ubica en la economía de casino en la que estamos; un amigo argentino me decía, si es de creerle a la revista Forbes, de cómo pasó en un plazo de dos años, el señor Slim, del 24 entre los más ricos del mundo al primero, pues es aceptar que en dos años, en cuatro años, acumuló activos financieros monetizados equivalentes a lo que la familia Rockefeller acumuló en tres generaciones, con economía real; y además, sustituir a Bill Gates, que, al margen de que nos guste o no, introdujo una innovación que favorece al mundo, con el seño Slim, que especula, pues nos dice claramente que no podemos estar de acuerdo con esta tendencia dominante del capitalismo global más salvaje que el de los inicios.


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