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Más sobre la violencia en México

Artículo de Miguel Ángel Granados Chapa

En su columna Plaza Pública, Granados Chapa ofrece una crónica sobre la escalada de violencia en México

Martes 16 de septiembre de 2008, por ER. México


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Miguel Ángel Granados Chapa: si en el gobierno federal hay preocupación, ocupación parece no haberla

Miguel Ángel Granados Chapa (Pachuca, Hidalgo, 1941) es sin lugar a dudas el periodista más serio y respetado de este país. Su columna Plaza Pública, que nace en 1977 y se publica hoy en día por el periódico burgués (de clase media-alta) Reforma, es de las más leídas por unos y otros.

En vista de la relevancia que el problema de la violencia comporta para la vida nacional mexicana, una relevancia a la que El Revolucionario México habrá de dedicar enfática atención y seguimiento crítico, hacemos uso de nuestra consciencia de la necesidad, es decir, de nuestra libertad objetiva, y reproducimos el artículo del 16 de septiembre de Plaza Pública en el que nuestro admirado y respetado Granados Chapa ofrece una crónica detallada de lo recientemente acontecido.


Entre la risotada y el pasmo

A ninguna autoridad preocupó de inmediato que dos bandas rivales aterrorizaran a la población de Argelia en batallas a balazos, ni que en Huixquilucan se "levantara" a 25 personas, hasta que aparecieron dos docenas de cadáveres

Son hechos graves en sí mismos, pero su importancia se abultará de establecerse nexos causales entre ellos. Se trata de acciones violentas de la delincuencia organizada, que de ese modo se burla de las acciones gubernamentales, lanza una risotada ante la presunta revitalización del combate en su contra. No hay, sin embargo, en la realidad tales acciones, pues las autoridades parecieron darse por satisfechas al firmar el Acuerdo Nacional por la Seguridad, la Justicia y la Legalidad y desde el 21 de agosto impera en ellas el pasmo, salvo en tratándose de secuestros, terreno en que las detenciones se han multiplicado.

Entre el 6 y el 12 de septiembre ocurrieron tres acontecimientos estremecedores. En la madrugada del sábado 6 se enfrentaron poderosas bandas delincuenciales en Arcelia, Guerrero. Se tirotearon, presumiblemente, grupos de narcotraficantes locales, los Pelones, con Zetas llegados de Tejupilco, estado de México, en disputa por el control de la zona. Durante varios días la población padeció el temor de que se reanudara el furioso tiroteo ante el cual las autoridades locales prefirieron no intervenir. Sólo varios días después llegaron militares y agentes federales que una semana después detuvieron a 11 personas por su participación en la balacera.

En un segundo acontecimiento, el martes 9, 25 presuntos narcomenudistas fueron "levantados" en la colonia El Olivo, de Huixquilucan, el profusamente poblado municipio adosado al DF, según informaron "fuentes de la procuraduría mexiquense". (Reforma, 13 de septiembre).

El viernes 12, en fin, en el tercer acontecimiento de que hablamos, se hallaron en el camino a Chalma, no lejos de La Marquesa, parajes mexiquenses muy concurridos, los cadáveres de 24 personas, muchas de ellas con señales de haber sido golpeadas y aun torturadas. Todos murieron de un solo balazo en la cabeza. La mayor parte de las víctimas fueron al parecer ultimadas lejos del lugar del hallazgo, aunque allí fueron ejecutadas algunas más. Cuando el sábado 13 se conoció la detención de 11 personas en Arcelia, de inmediato se las supuso responsables de la matanza de La Loma, en el Valle del Conejo, ya que desde la noche del viernes autoridades locales y federales vincularon la violencia ocurrida en Guerrero con las ejecuciones consumadas en el estado de México.

Al parecer, sin embargo, la matanza de 24 personas se vincula más con el "levantón" a 25 presuntos narcomenudistas ocurrida el martes 9. A esa dirección encaminan los primeros indicios, pues el domingo 14 fueron identificadas cinco personas, cuya desaparición había sido denunciada días atrás. A primera vista, sin embargo, ninguna de ellas se dedicaba a ninguna actividad. Eran, al contrario, jornaleros que llegados a Huixquilucan desde Hidalgo, Oaxaca y Veracruz se afanaban por sobrevivir como peones de campo en las etapas de siembra y de cosecha, y como albañiles en otras épocas del año. No puede descartarse que hubieran sido reclutados para la venta de drogas al detalle y por eso se les privó de la vida, pero también es posible que se les hubiera confundido y por eso sufrieron la suerte de otros presuntos involucrados en ese ruin negocio.

Estos sucesos parecen corresponder, de una u otra manera, a los desplazamientos de bandas de un territorio a otro y las consiguientes batallas por el control de los mismos. Ésa es, al menos, la convicción oficial. La matanza del 12 de septiembre, según el procurador Eduardo Medina-Mora, es parte de "la disputa que, sobre todo en esta región, mantienen organizaciones de delincuencia organizada". Esa batalla comarcana, así como la que ocurre "entre bandas del crimen organizado en todo el país, es un motivo de preocupación central para nosotros" (Reforma, 14 de septiembre).

Si hay preocupación, ocupación parece no haberla. La batalla de Arcelia transcurrió sin que las policías del municipio y del estado de Guerrero figuraran ni siquiera como espectadoras. Fueron el Ejército y la Policía Federal, no la PGR, las corporaciones que detuvieron una semana después a algunos de los participantes en la violenta querella. Omisiones semejantes deben ser imputadas a la procuración de justicia mexiquense, en cuyo territorio ha prosperado la banda que se denomina a sí misma La Familia, surgida en Michoacán y que se caracteriza por comunicar los propósitos de sus actos delincuenciales, ya sea con recados explícitos o con otros simbólicos, como la decapitación.

Como prueba de sus operaciones en el estado de México, "de mayo a agosto pasado, en 13 hechos distintos que han arrojado un total de 18 ejecuciones, este grupo criminal ha dejado mensajes en los cuerpos de sus víctimas.

"Entre los casos más sobresalientes se encuentra la ejecución de Braulio Hernández, escolta de Cuitláhuac Ortiz, director operativo de la policía ministerial de Toluca, ocurrido el 11 de julio. Junto al cadáver fue encontrado un mensaje que decía: ’Con La Familia no se juega, vayan preparando el traje con el que se van a morir’" (Reforma, 14 de diciembre).

La averiguación de la descomunal matanza de 24 personas está a cargo de la Procuraduría federal. La declaración de su titular, Medina-Mora, sobre la matanza más que brutal se produjo no en el terreno de los acontecimientos, sino al cabo de una ceremonia oficial, la recordación de los Niños Héroes. Cierto es que antes hubo reunión de emergencia del gabinete de seguridad. Pero es hora de trabajo, no de festejos.


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