El Revolucionario

Portada > Valoraciones y análisis > Grupo Promacos > Garzón y la memoria histórica parcial de nuestra partitocracia

Pretende juzgar a los muertos y a los vivos

Garzón y la memoria histórica parcial de nuestra partitocracia

¿Qué fuerza obligará a cumplir tan disparatada sentencia?

Lunes 8 de septiembre de 2008, por Grupo Promacos

Como es bien sabido la última actuación judicial de este magistrado y su «corte de los milagros» no ha sido otra que la decisión de «investigar», como buen juez de instrucción, las desapariciones y crímenes debidas al «alzamiento nacional» y la guerra civil española así como la puesta, en búsqueda y captura, de los responsables de tales crímenes

JPG - 37.8 KB
Baltasar Garzón y sus delirios de grandeza
Se cree Jesucristo para juzgar a los muertos y a los vivos

Con ello, y dado que es muy obvio que tales asuntos —precisamente por su naturaleza histórica— desbordan ampliamente las materias sobre las que la Audiencia Nacional suele entender, parece que el juez Garzón estuviese tratando de impartir justicia sobre la propia historia reciente de España, una historia que, según las entendederas, parece que muy magras, del buen juez, no transcurrió enteramente como es debido con lo que ahora, varias décadas después, es menester «corregirla» justicieramente, poniendo las cosas en su sitio.

Ahora bien, al margen de la extravagancia que supone el hecho de que un juez español del presente (por mucho que se llame Baltasar Garzón) pretenda entender sobre problemas históricos cuyo alcance supera de largo sus competencias (puesto que, en otro caso, ¿por qué no juzgar y condenar —aunque fuese «en efigie»— a Alejandro Magno por sus campañas en Persia o por la destrucción de Tebas, o también a Julio César por hacerse reo de un crimen de lesa humanidad por «invadir» las Galias sin la preceptiva autorización de la ONU, &c?.

Desde el Grupo Promacos consideramos que el tal juez debiera tener muy presente en sus «recordaciones» del pretérito que precisamente su función como juez no es otra que aplicar las leyes españolas del presente que como tales leyes remiten no tanto a la «justicia universal» (aunque muchos leguleyos pudieran creerlo así) ni menos a un exento e hipostático «tribunal de la razón», sino a una constitución (sistasis) política muy determinada —la de la sociedad política española de nuestros días— que proviene, precisamente, de una transformación del régimen franquista («de la ley a la ley») y de su orden jurídico. Una transformación por cierto, que el PSOE, pero también el Partido Comunista, «decidieron» en su momento asimilar dando curso, de esta manera, al proceso que conocemos como «transición española» y que, parece, casi todo el mundo estima como ejemplar.

Ahora bien, si esto es así, no se ve entonces qué sentido puede tener que un juez como Garzón, que como tal juez tiene encomendada la misión de hacer cumplir —apoyándose , por cierto, en el poder ejecutivo— un orden jurídico que proviene del franquismo (y no, por ejemplo, de la Segunda República, como si cupiese reducir el régimen de Franco a la condición de un «interregno» o de un «paréntesis» dichosamente cerrado por los «demócratas» en el 78) proceda ahora sometiendo sobre la base de una imposible y metafísica memoria histórica al propio franquismo a un juicio, sin duda que sumarísimo, en el que, para colmo, el propio Garzón —cuyas simpatías por el Partido Socialista son notorias—, es juez y parte.

Y decimos que no se entiende salvo que, y esta es la cuestión, comencemos –-negando la mayor— por descartar que la maniobra del magistrado tenga propiamente que ver con los bandos nacional y populista de la guerra civil (bandos de los que el juez Garzón, como tal juez, no sabe ni tiene por qué saber absolutamente nada), y, sí, en cambio con aquella fuerza política de la España del presente que el PSOE de Zapatero suele considerar como «heredera» del franquismo (aunque de hecho no lo sea, o no lo sea más que el propio PSOE, o que, en resumen, la misma España), a saber: el Partido Popular del «moderado» Mariano Rajoy.

Mas, entonces, la «justicia» que nuestro juez parece querer practicar sobre los hechos del pasado no sería ella misma mucho más que un «circunloquio» enteramente sectario y partidista además de irresponsable. Una maniobra en efecto —y esto es realmente lo peor que puede achacarse a un juez— bien poco prudente.


El Revolucionario, el diario hispano global de crítica del presente
Seguir la vida del sitio Cumple con el estándar XHTML 1.0 Transicional Página realizada con hojas de estilos
Porque el Mundo sigue girando