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Los Kirchner van acabando con la deuda de la nación
6.706 millones de dólares estadounidenes que tiene en moratoria desde 2001 serán pagados a este, para muchos, desconocido "Club"
Miércoles 3 de septiembre de 2008, por ER. Buenos Aires
Así lo anunció Cristina Fernández en una rueda de prensa en la Casa Rosada. Según apuntó la presidenta de la República, la cancelación de la deuda permitirá la facilitación de créditos externos a las empresas. La frase textual de la presidenta fue que había «ordenado al señor ministro de Economía (Carlos Fernández) que con reservas de libre disponibilidad del Banco Central de la República Argentina (BCRA), cancele en forma total la deuda con el Club de París. La fecha de corte de esa deuda se remite a diciembre de 1983, cuando comenzó la democracia (al término del gobierno militar)».
Después de casi un año, Argentina ha conseguido saldar dos deudas multimillonarias con instancias internacionales manejadas por Estados imperialistas. En diciembre del año pasado el ex—presidente y marido de la actual jefa del ejecutivo, Néstor Kirchner, consiguió saldar la deuda de 9.500 millones de dólares con el Fondo Monetario Internacional (FMI), medida que recibió numerosas críticas desde la oposición a la izquierda del Gobierno. Es necesario apuntar que el FMI es un órgano controlado por determinados Estados democráticos homologados, en particular Estados Unidos, para el aseguramiento de la apertura de los mercados estatales de todo el mundo, lo que asegura, en principio, su hegemonía imperial universal. Asímismo, el Club de París, órgano dependiente del Estado francés y presidido por un alto funcionario del Tesoro francés, se trata de una organización encargada de coordinar formas de pago de deuda internacional tanto de países como de instituciones de préstamo. Se llama a sí mismo club informal, pero sus reglas son muy estrictas, estando entre ellas el igual trato entre acreedores para alcanzar el consenso en los pagos, tratar sólo con naciones políticas que necesiten reestructurar su deuda mediante reformas que cambien su modelo de pago, solidaridad de los acreedores frente a la deuda, decisiones siempre caso por caso y contar con un programa de reprogramación de pago de la deuda previamente aprobado por el Fondo Monetario Internacional. Los países miembros del Club de París son: por supuesto Francia, España, Italia, Alemania, Bélgica, Holanda, Suíza, Austria, Reino Unido, Irlanda, Dinamarca, Noruega, Suecia, Finlandia, Rusia, Japón, Australia, Canadá y los Estados Unidos de Norteamérica. Este Club, además, ha contado en algún momento Abu Dhabi (Emiratos Árabes Unidos), Brasil, Corea del Sur, Turquía, Trinidad y Tobago, Nueva Zelanda, Portugal, Marruecos, Kuwait, México, Angola y la Argentina.
Todos los países miembros del Club de París, excepto Rusia (unida al mimo en 1997), son miembros de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), siendo el Tesoro Francés, esto es, Francia, el presidente permanente. De hecho, fue creado en 1956 con el único objetivo de gestionar el cobro de la deuda que Argentina, curiosamente, había contraído con varios países europeos, una deuda que ascendía a 700 millones de dólares estadounidenses. Aquella deuda fue contraída en el mismo momento en que Perón llegó a la presidencia de la nación, en 1946. En aquel año, Perón descubrió que Inglaterra debía a la Argentina 500 millones de libras esterlinas en carne y alimentos suministrados a Winston Churchill durante la Segunda Guerra Mundial. Al mismo tiempo, Argentina debía a los Estados Unidos millones de dólares por compra de maquinaria. Dado que Argentina tenía que pagar intereses por el monto de deuda al Imperio, y como no recibía interés alguno por su préstamo a los británicos, Perón necesitaba consolidar los créditos trilaterales de Argentina, el Reino Unido y EE.UU. mediante el pago directo de los británicos a los estadounidenses del valor correspondiente que debían a los argentinos.
Como Perón no podía utilizar métodos trilaterales de pago, recurrió a la nacionalización masiva de varias empresas (telefónica, ferrocarriles, gas, &c.), pertenecientes antes de su nacionalización al capital británico. Para indemnizara a los empresarios anglosajones, Perón utilizó bonos en libras esterlinas entregados por los británicos en pago de su deuda. Con los ingresos de las tarifas de servicios nacionalizados, Perón consiguió comenzar a cancelar su deuda con los Estados Unidos. Este pago se interrumpió cuando Perón fue depuesto en el golpe de Estado del general Aramburu en 1955. Aramburu volvió a endeudar a la Argentina, pidiendo un préstamo de 700 millones de dólares a varios bancos de Estados europeos, con la idea de amortizarlo en un año, cosa que no ocurrió.
Debido a la incapacidad argentina de remontar el vuelo pagando su deuda, el Eje Franco—Alemán, o lo que es lo mismo, la Unión Europea (en aquel momento Comunidad Económica Europea, CEE), decidió refinanciar la deuda de Argentina. Argentina era incapaz de pagar el nuevo préstamo cuando durante más de diez años anteriores al mismo logró hacer funcionar el motor de su economía sin apenas endeudarse. Aprovechando la coyuntura, el Ministerio del Tesoro de Francia, junto con algunos de sus más altos funcionarios, organizó una oficina radicada en París, capital de la nación política francesa, que gestionase todas las futuras gestiones de cobro que se hiciesen a nombre de países acreedores. Ahí nació el Club de París, al cual, aparte de sus Estados miembros, han acudido varios países subdesarrollados o en vías de desarrollo. En lo que respecta a Iberoamérica, el Club de París ha establecido negociaciones de cobro con Brasil (1961), Chile (1965) y Perú (1968), aparte de Argentina. En 1983, el Club se reunió en Panamá en donde se decidió convertirse en el lugar puntual de reunión de todos los ministros de economía de países americanos de habla hispana y lusa. Francia consiguió así que las economías iberoamericanas dependieran directamente, a la hora de pagar sus deudas, de este club, en una clara muestra de imperialismo depredador al más puro estilo colonial francés. De esta manera, Francia —y su socia más cercana, Alemania—, y siempre con el permiso de los Estados Unidos de Norteamérica y de España (debido en gran parte a sus propias autolimitaciones como nación política a la hora de establecer relaciones con los países pertenecientes a su antiguo Imperio), se aseguraba un control de las economías hispánicas en materia prestamista usurera casi total.
Seguramente, Cristina será víctima de las mismas críticas que recibió su marido desde sectores a la izquierda del Frente para la Victoria. Pero, como pasó con su marido y anterior Jefe del Estado, esas críticas se evaporarán en el aire y no llegarán a oídos del poder.