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La apertura de Raul Castro se asemeja cada vez más a la Perestroika de Gorbachov

La farándula socialdemócrata española pide la liberación del rockero cubano Gorki Águila

Alejandro Sanz, Miguel Bosé, Sabino Méndez y Loquillo, entre otros, piden la liberación del líder del grupo Porno Para Ricardo

Sábado 30 de agosto de 2008, por ER. Matanzas

El rock, en vez de ser un símbolo de la transgresión -como bombásticamente se presenta a sí mismo- no es más que un instrumento del imperialismo capitalista para adocenar a las masas en nombre del mito de la cultura; mito que también se encuentra presente en Cuba

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El punki cubano Gorki Águila
Anticomunista y rockero

La farándula y los titiriteros españoles de ideología socialdemócrata como Loquillo (que recientemente ha realizado un anuncio para Coca Cola), Miguel Bosé, Alejandro Sanz (conocidos estos dos, entre otras cosas, por boicotear a Venezuela en sus giras) o Sabino Méndez, entre otros, se han unido a la escritora de origen cubano afincada en Francia Zoé Valdés —hay que recordar que Francia, y más con Sarkozy, es una de las naciones políticas más hostiles al socialismo cubano—, en una iniciativa por la que piden la libertad —producida hace escasas horas, por cierto— del «músico» cubano Gorki Águila, líder del grupo de punk rock Porno Para Ricardo. En sus letras, Águila realiza varias críticas al sistema político cubano y a la izquierda comunista. En sus alegatos fundamentalistas democráticos, la farándula española, junto con más de un centenar de exiliados cubanos, han pedido que el cantautor cubano Pablo Milanés utilizara el pasado concierto que dio el jueves en La Habana para pedir la libertad del líder punk.

Las expresiones utilizadas por los músicos españoles socialdemócratas y ultrademócratas —los cuales, no dudan en realizar campañas en busca de subvenciones públicas del Estado para que les paguen por las obras que ellos realizan, las cuales se venden cada vez menos— son expresión de dos ideologías viscosas que impregnan todo el panorama político español, y por extensión occidental—mundial, salvo raras excepciones. El rockero español Loquillo expresó en su página web que «Cuba es una dictadura, hay que decirlo alto y claro. Esto es algo que ocurre desde hace mucho tiempo, con muchos músicos -no sólo de rock- perseguidos, y hay que denunciar la hipocresía de muchos artistas de este país que miran para otro lado. Hasta que no haya democracia en Cuba, yo no toco allí».

El pasado concierto en La Habana en el que actuó el popular Pablo Milanés recibió la inusitada hasta entonces en la isla presencia de personal policial. Algunos asistentes al concierto corearon el nombre de Gorki Águila pidiendo su libertad. Cuando la bloguera Yoani Sánchez desplegó una pancarta pidiendo la libertad del punki cubano, la policía actuó con prontitud y contundencia.

Como hemos dicho antes, Águila fue liberado tras pagar 24 dólares de fianza. Aunque en Cuba, por fortuna, el punk —estilo estético nacido en el Reino Unido a finales de la década de 1970, creado por el pinchadiscos y diseñador de moda Malcolm MacLaren; estilo que, por cierto, goza de un buen puñado de seguidores en la Madre Patria, seguidores en la mayoría de los casos de ideologías políciticas anarquistas, antisistema y de apoyo a grupos terroristas neofeudalistas como la ETA— es un estilo muy minoritario, el grupo Porno Para Ricardo se hizo conocido sobre todo gracias a la Internet, donde desarrollaban la mayoría de sus actividades. Entre las hazañas «musicales» de Águila constan el deshojar revistas pornográficas en sus conciertos o, una actitud muy antisitema y punk, de romper sus guitarras en medio de sus conciertos. En 2003 fue acusado y encarcelado por tráfico de drogas —algo muy común entre la farándula y los titiriteros de ese invento anglosajón e imperialista llamado rock—. Tras salir de prisión, sus vecinos, molestos por el ruido que emitía su banda punk, alertaron a la policía, la cual le conminó a pagar una fuerte multa. Águila, que se auodefine anarquista, defiende la libertad de expresión en la isla comunista. Su ejemplo también es una muestra más de que los planes y programas de la izquierda anarquista y de la izquierda comunista son totalmente incompatibles, como de todas las izquierdas definidas entre sí. De hecho, es el anarquismo la izquierda definida que más uso ha hecho del rock como elemento de transgresión, si bien el comunismo y la socialdemocracia —aparte de algunos grupos liberales en Estados Unidos— también han hecho uso de esta poderosa arma propagandística. Aunque no cabe duda de que el Imperio realmente existente, España y otras naciones políticas, harán uso para su provecho del caso de este anarco—punk cubano. Varias páginas web de izquierdas indefinidas en lengua española han criticado a Águila por autodefinirse como anarquista y a la vez ir contra Cuba, aunque resulta que, de ser sincero ese anarquismo, Águila sería muy coherente con la ideología que representa, totalmente incompatible con el comunismo. En las izquierdas indefinidas, la defensa, a la vez, de la anarquía, de la dictadura del proletariado, de la democracia radical y del separatismo y el terrorismo (étnico o islámico), en particular las provenientes de España, es una macedonia postmoderna totalmente incoherente, pero explicable debido a que las ideologías, en las sociedades de mercado pletórico como España, también son mercancías para la satisfacción de los consumidores, y que mezclar ideas incompatibles no cuesta nada para mantener el hedonismo canalla de los ciudadanos de naciones políticas democráticas (incluído el hedonismo ideológico).

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Logo de RAC, iniciales en inglés de Rock Contra el Comunismo
"Rock Against Communism" (Rock Contra el Comunismo , en inglés) fue un movimiento iniciado en Inglaterra a finales de la década de 1970 por grupos punkis y skinheads (cabezas rapadas) que tendieron cada vez más hacia ideologías neofascistas y neonazis; aunque lo cierto es que la esencia del movimiento rockero -el hedonismo canalla-, si bien no es necesariamente nazi o fascista, sí es sin duda antirrevolucionario y antisocialista

El pop, el rock y todas sus variantes (rockabilly, punk, metal, rock duro, rap, techno y demás etiquetas, la mayoría de origen anglosajón), presentadas en la sociedades democráticas del bienestar como signos de transgresión e incluso de revolución, no son más que formas de búsqueda de indentidad que se dan en las sociedades capitalistas de mercado pletórico para tener más consumidores satisfechos. En el capitalismo la estética punk, roquera o rapera son posibles debido a que las mercancías y servicios propios de cada estilo referido —discos, ropa, conciertos, páginas web, publicaciones editoriales, &c.— se producen para que el consumidor ejerza su libertad para, la única libertad efectiva que sirve para elegir según qué mercancías en el gran expositor de las mismas que es el Estado democrático. De hecho, el rock (que no es más que una degeneración de la música de Bach), no está bien visto en otras sociedades políticas no capitalistas (como los países comunistas o los islámicos). Cuando en los antiguos páises del Bloque Soviético abrieron sus puertas al rock, también lo hicieron a las drogas y al mercado pletórico de las tribus urbanas. Un hecho histórico que ejemplifica esto fue el macroconcierto de agosto de 1991 realizado en el aeropuerto de Tushino, Moscú, días después del fracasado golpe de Estado del sector ortodoxo del Ejército Rojo contra Gorbachov, en el que más de dos millones de moscovitas se movían como posesos —con intervención del Ejército incluida; hubo varios muertos y numerosos heridos— ante los actos de testosterona rockera de grupos rusos y estadounidenses (actuaron bandas como Los Cuervos Negros —The Black Crowes—, Pantera o Metallica, todas estas de Estados Unidos, y los australianos AC/DC; todas bandas del Continente Anglosajón, del que surge el capitalismo).

Parece ser que ahora, con Fidel retirado del poder, y con un Raul Castro entregado a una particular Glasnost cubana, el Gobierno cubano no ha podido controlar el caso de Gorki Águila, presentando mundialmente (salvo para algunos) al rock una vez más como un movimiento cultural transgresor y rebelde, cuando en realidad no es más que un tentáculo más del imperialismo anglosajón. ¿O es que nadie recuerda que los otrora héroes del rock como los Rolling Stones o los Beatles son hoy Caballeros de la Orden del Imperio Británico y tienen negocios en todos los países de la Commonwealth? ¿Acaso nadie ve como las estrellas del rock en Estados Unidos son empresarios millonarios, como el grupo Kiss o el «cantante» de origen británico Juan Miguel Osbourne, más conocido como Ozzy?

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Miguel Bosé y Alejandro Sanz
Anticomunistas reconocidos, contrarios a Hugo Chávez y simpatizantes de la socialdemocracia española; participaron en PAZ (Plataforma de Apoyo a Zapatero -presidente de España) en las últimas elecciones de aquel país europeo

La poderosa arma ideológica del rock causa impacto sobre todo en la juventud. La sensación de poder —el concierto de rock ante miles de espectadores semeja a cualquier mítin político o religioso— y de felicidad canalla —consumo de drogas, orgías— que proporciona el rock es una tentación que ha utilizado con mucha sabiduría el capitalismo. Y en Cuba, Gorki Águila, ayudado por la «izquierda» española, representada por sus representantes más esperpénticos —Miguel Bosé, Alejandro Sanz, entre otros—, ha abierto una espita que será muy difícil de eliminar en la isla. El caso Águila es el comienzo, como en la antigua Unión Soviética, del final de la relación música académica / pueblo en Cuba. Por lo que es más que probable que Cuba, si continua la esperpéntica «apertura» de Raul pase, en lo musical, de recibir elogios a su ballet a exportar grupos punkis que regalan en sus conciertos fotos de prostitutas.


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