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Se inclinan por terceras naciones canónicas, una vez que la suya no existe

Las sensibilidades nacionalistas

Los nacionalistas fraccionarios ejercitan su traición en el deporte

Lunes 7 de julio de 2008, por Grupo Promacos

Con ocasión de la última Eurocopa de Naciones han sido varios los dirigentes del Partido Nacionalista Vasco (entre otros su presidente Íñigo Urcullu así como el diputado general de Vizcaya José Luis Bilbao, &c.) pero también de Esquerra Republicana de Cataluña o de otras formaciones políticas de carácter secesionista que han manifestado, generalmente eso sí por motivos «exclusivamente deportivos», sus simpatías por selecciones nacionales diferentes de la que representa a la nación española.

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Miserable Carod Rovira
Prefiere el triunfo de terceras selecciones, rivales de España

También han llegado en ocasiones a expresar públicamente sus preferencias por rivales directos de nuestra selección como puedan serlo Italia (como Bilbao) o Rusia (como Urcullu) ante la imposibilidad de que selecciones «propias» como la catalana o la vasca pudiesen alcanzar la victoria en la Eurocopa con lo que, como se ve, se estaría de paso considerando por parte de tales políticos, a la selección española como «impropia», al menos para tales nacionalidades y regiones.

De hecho, y tras el triunfo de Luis Aragonés y sus muchachos el pasado domingo, el líder separatista Ignacio Anasagasti apalabraba en su blog su desagrado ante la alegría manifestada por muchos compatriotas suyos en toda España con una frase tan rotunda como significativa: «cualquiera los aguanta».

Desde el Grupo Promacos consideramos desde luego que el «dolor de corazón» expresado por tales sujetos ante la victoria de nuestra selección no puede ser interpretado sino como un exponente de su propio envilecimiento. Ahora bien, supuesto que unas tales «simpatías» por selecciones deportivas diferentes a la española no se justifican en absoluto —tal y como, insistimos, se pretende en ocasiones— por razones estrictamente futbolísticas, puesto que si fuese así no se entenderían entonces los motivos que desaconsejan a tales «aficionados» celebrar el triunfo de la selección que mejor jugó: a saber, la española.

Y dado que, además, los líderes de estas formaciones no podían desde luego ignorar, en el momento de efectuar tales declaraciones las «simpatías» generalizadas de la «ciudadanía» vasca, catalana y gallega ante los triunfos de la Roja (de hecho, las cuotas de pantalla obtenidas por la Cuatro han sido, estos días, prácticamente tan elevadas en Vascongadas o Cataluña como en otras comunidades autónomas españolas), habrá que explicar la circunstancia, desde luego bastante anómala a poco que se piense en el asunto, de que un líder político vasco o catalán —por mucho que sea «nacionalista»— pueda preferir la victoria de los italianos o de los rusos o de los polacos (como fue el caso de Carod Rovira en el pasado mundial de 2006) antes que la de una selección española en la que, por cierto, participaban jugadores catalanes tan destacados como puedan serlo Xavi, Pujol o Fábregas o vascos como Javier Alonso.

Futbolistas todos ellos que, por cierto, si pudieron tomar parte en la ceremonia de «levantar la copa», fue sólo en su condición de jugadores de una selección nacional canónica que, entre otras competencias, cuenta con la posibilidad de participar en eventos deportivos de este tipo y no, desde luego, como miembros de una quimérica «selección nacional» fraccionaria capaz todo lo más, de entablar «partidos amistosos» en San Mamés o en el Camp Nou.

Y si esto es así, lo que nos parece que declaraciones tan miserables como las de Bilbao, Urcullu o Puigcercós estarían demostrando a las claras es que no son las fantasmales selecciones de Euzkadi o Cataluña (es decir: el nacionalismo) las que explican el odio a la selección nacional española ( esto es, el secesionismo), sino a la inversa, es la negación de la selección canónica española lo que alimenta proyectos objetivamente tan delirantes y oligofrénicos como el de las selecciones nacionales fraccionarias.


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