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El PSOE aprobará una nueva Ley de Libertad Religiosa

¿Laicos o anticatólicos?

Así equiparará todo tipo de irracionales creencias al catolicismo tan odiado por ellos

Miércoles 18 de junio de 2008, por Grupo Promacos

El gobierno socialfascista de Zapatero anuncia, por boca de su vicepresidenta, en el Senado, la reforma de la Ley de Libertad Religiosa, con el fin de conseguir «una mayor neutralidad ante el fenómeno religioso» que evite «situaciones de discriminación de unas confesiones o creencias respecto de otras». Se ampara el gobierno en la jurisprudencia relativa a la «libertad de conciencia» del Tribunal Constitucional y en el presunto carácter laico de la Constitución del 78.

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El diario Público
Imita a la Iglesia Católica con sus mandamientos «laicos»

Un puro formalismo que, al margen de mezclar la aconfesionalidad del Estado con el laicismo, encubre un ataque frontal contra la religión católica; mayoritaria en España, de facto, por más que en los papeles se insista en lo contrario.

No sólo porque sea mayoritaria entre los españoles, ha de darse un trato diferente a la Iglesia Católica: la religión no es un asunto privado, relativo a la «libertad de conciencia», como afirma la vicepresidente del gobierno, sino una institución pública que desborda las creencias particulares y subjetivas porque determina la estructura social y política de España; desde el calendario laboral (¿Habrá que incorporar como festivos los días del Ramadán?) o los ritos de paso (bautismo, comunión, &c.) -–por los que han pasado la mayoría de los ministros laicos y sus hijos— hasta los principios del humanismo metafísico que profesa este gobierno.

La Doctrina Sagrada tiene un carácter soteriológico, porque persigue la salvación de los hombres y es dogmática en tanto incorpora un conjunto de evidencias praeterracionales. Pero también tiene unos fines naturales que intersectan con los fines del Estado; los colegios concertados, los edificios religiosos o las obras sociales que realiza la Iglesia Católica, nada tienen que ver con la conciencia individual; al contrario: son instituciones políticas de primer orden. Estos fines naturales se sustancian en Instituciones públicas inmersas, de modo inseparable, en el curso mismo de la Nación Española.

Como es de suponer que el gobierno «laico» de ZP no va a prohibir nada de lo mencionado, debemos entender que de lo que se trata es de poner, artificiosamente, al resto de confesiones en el mismo plano que a la Iglesia.

Ahora bien. El primer problema es el de determinar el alcance que cabe atribuir al sintagma «libertad de conciencia» sobre el que, presuntamente, descansan los fundamentos de esta reforma. Porque ¿acaso podría justificar esa «libertad» que el Estado contribuyera a la difusión de doctrinas infantiles, irracionales o perniciosas –-aunque no punibles para el código penal— tendentes a mantener a los españoles en un estado de estupidez perpetua? ¿Y cuántas «conciencias» hace falta que se junten para que el Estado les ponga un colegio concertado o financie a un ulema, chamán, médium, &c. en los centros de enseñanza a los que fueren?

Desde el Grupo Promacos asumimos que una sociedad política que quiera mantenerse sana ha de poner coto a todo tipo de supercherías y creencias delirantes, vengan de donde vengan, en lugar de elevar a todas las religiones positivas al mismo plano que la religión católica, en nombre de la «conciencia». Y precisamente porque el gobierno de turno tiene la obligación de mantener la recurrencia del sistema político, debería estar impelido a mantener aquéllas instituciones que, como la Iglesia Católica –-a través de sus fines naturales— están interesadas históricamente en ella; al tiempo que debe luchar contra toda religión o ideología que constituya una amenaza para España.

Al poner a la misma altura la Institución Católica con cualquier especie de religiosidad, por delirante que sea, lo que se ataca no es tanto la dogmática cuanto la racionalidad histórica de la Iglesia.


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