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Irlanda veta en un referendum el Tratado de Lisboa

No a la biocenosis europea

Queda de manifiesto el carácter contradictorio de la Unión

Lunes 16 de junio de 2008, por Grupo Promacos

En el año 2005, tras los reveses sufridos por el «Tratado por el que se establece una Constitución para Europa» en forma de sendos noes en los referendums convocados por Francia y Holanda, los burócratas europeos decidieron que había que confeccionar otro tratado, aprobado recientemente en Lisboa y que pasaría simple y llanamente refrendo parlamentario. Salvo en Irlanda, donde la ley obligaba a someterlo a referendum y el resultado ha sido un No al nuevo acuerdo.

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Irlanda
Resiste al eje francoalemán

Muchos analistas han destacado que Irlanda ha actuado con desprecio, pues es uno de los países que más ayudas ha recibido de la Unión Europea. Así, se le atribuirá a los irlandeses egoísmo por su interés nacional y su No al Tratado de Lisboa.

Pero desde el Grupo Promacos consideramos que el No de Irlanda al Tratado de Lisboa no es sin más un no a Europa, como quien se niega a recibir la bondad y la generosidad absolutas de la Europa Sublime, sino un No a la Europa que representan Francia y Alemania, quienes pese a frenar sus ímpetus imperialistas tras el fin de los mandatos de Chirac y Schroeder, sustituidos por unos Sarkozy y Merkel más comedidos en estas lides, siempre han aspirado a imponer su dominio al resto de países europeos. A dominar la biocenosis europea, donde todos los estados, especialmente los dos citados, han querido imponerse siempre a los demás.

Y uno de esos dominios se basa precisamente en los fondos europeos «estructurales», que los más ricos otorgan a los más necesitados, que lejos de ser una muestra de generosidad —que no es virtud política— constituyen una manera de comprar a los dirigentes de esos países: los fondos se reciben a cambio de que los países receptores destruyan su industria y no sean competidores del eje francoalemán. Precisamente, España recibe una gran cuantía de fondos a cambio de la reconversión de su industria, un importante sector de su economía hasta hace bien poco, especialmente en el sector del acero. Pero el panfilismo de los españoles, y en especial de sus dirigentes, no sólo ha permitido aceptar esto a cambio de unas migajas, sino también el referendum al varado Tratado Constitucional en 2005 y el refrendo parlamentario «por consenso» en la actualidad.

Irlanda tiene la particularidad de, además de la tradición católica, mantener vinculaciones históricas con España que se remontan al siglo XVI, cuando los irlandeses compartían posiciones en los tercios españoles. De origen irlandés son algunos personajes importantes de la Historia de España en el siglo XIX, como los miembros del clan O´Donnell (caso de Leopoldo O´Donnell, general autor de La Vicalvarada), descendientes de Calvagh O’Donnell, jefe del clan de los O´Donnell a mediados del siglo XVI, cuyos hijos sirvieron en el ejército español durante el siglo XVII.

Irlanda, fundada desde la resistencia al imperialismo inglés decadente a comienzos del siglo XX, y que ha vivido los ecos de aquellos enfrentamientos en la forma actual del terrorismo del IRA, es sin duda un país mucho más consciente que el nuestro de la biocenosis o jungla de estados que constituye Europa.


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