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Otra conmemoración coetánea a Mayo de 1968

Cuarenta años de crímenes contra España

Los terroristas de ETA llevan cuatro décadas atacando a España

Lunes 9 de junio de 2008, por Grupo Promacos

Se cumplen estos días cuarenta años desde que en la madrugada del siete de junio de 1968, la banda secesionista ETA se cobrara, en la figura del miembro de la Guardia Civil José Pardines, su primera víctima mortal «oficial» (puesto que «oficiosamente» ETA ya había masacrado, ocho años antes, a un bebé de veintidos meses en la estación de Amara en San Sebastián por mucho que nadie, hasta la fecha, se haya atrevido a reivindicar semejante crimen horrendo).

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Anagrama de ETA
Amenaza a España y a defensores suyos, como la Guardia Civil

En aquella ocasión pudo efectivamente la ETA, nacida como es bien sabido de una escisión particularmente «radicalizada» de las juventudes del muy frailuno y vaticanista Partido Nacionalista Vasco, dar el más nítido testimonio del grado de heroísmo al que estaba dispuesta a llegar en su furor antiespañol al descerrajar, el pistolero Javier Echevarrieta, la nuca del miembro de la benemérita de un disparo por la espalda. Procedimiento este que ha venido constituyendo el modus operandi habitual de sus posteriores «acciones armadas».

Pues bien, si este crimen seminal de la ETA y alguno de los que le sucedieron en la «serie» de acciones terroristas acometidas por la banda (Melitón Manzanas, Carrero Blanco, &c.), pudieron en su momento beneficiarse de una simpatía bastante generalizada dentro y fuera del País Vasco bajo la coartada de su supuesto «antifranquismo» (un antifranquismo que desde luego, nosotros no vamos a pretender negar por nuestra parte pero que, habrá que reconocer, siempre manifestó por así decir un carácter «accidentalista»), lo que, en todo caso nos parece decididamente repugnante es la circunstancia de que la tal «simpatía» hacia los asesinos (es decir, hablando en plata, la complicidad con ellos) siga operando cuarenta años después, aunque sea en un sentido si cabe hablar así retrospectivo, entre muchos sectores de nuestra actual democracia coronada. Esta simpatía, suponemos, explicaría entre otras cosas que el nombre del asesino Echevarrieta, siga figurando en el callejero del municipio vizcaíno de Lejona sin que el juez Pedraz haya visto, al parecer, razón alguna para remover tal distinción.

Ahora bien, lo que en el Grupo Promacos nos parece capital hacer notar a propósito de esta complicidad con la ETA de los sesenta es que con tal actitud, pareciera que sus «cultivadores» (entre otros el juez Pedraz), estuviesen razonando del modo siguiente: «aunque en nuestros días la democracia parlamentaria haga desde luego absurdas y por tanto condenables las acciones de los terroristas (que aparecerán, en esta dirección, como «antidemócratas»), ello, no obsta para que tales acciones puedan estimarse legítimas y hasta heroicas, sin perjuicio de su carácter «violento» cuando se dirigieron contra la dictadura de Franco (compareciendo en aquel entonces, los terroristas como guerrilleros político-militares «antifranquistas»).»

Sin embargo, lo que tal modo de discurrir estaría, a nuestro juicio, abstrayendo de una manera decididamente falaz es que ni el «antifranquismo» que pudo asignarse a ETA in illo tempore ni tampoco, el «antidemocratismo» que se le atribuye convencional y confusamente en nuestros días, van más allá , inisistimos, del mero formalismo accidentalista propio de quien, «aceptando pulpo como animal de compañía», ignora aquello que ,sin embargo, resulta más medular respecto de los planes y programas de este grupo secesionista puesto que, en efecto, ni el agente de la Guardia Civil José Pardines fue formalmente asesinado en Villabona en junio de 1968 por «opositores al franquismo» ni, todavía menos, el miembro del mismo Instituto Juan Manuel Piñuel fue asesinado en mayo de 2008 por «opositores a la democracia» ya que si la ETA atentó contra sus vidas fue en su condición de agentes de un cuerpo policial cuyo más señalado objetivo es la defensa de España.

Y a su vez, si esto es así, resultará entonces algo enteramente obvio desde nuestras coordenadas, que es precisamente España, como víctima colectiva de tales indeseables, y no en todo caso el «franquismo», la «democracia de 1978», la «restauración canovista» o cualquier otro período de su historia, la que exige que en ningún municipio de nuestra nación (tampoco en Lejona) se dediquen calles a sus enemigos.


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