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Sepan cuantos que hoy, en España, no es suficiente hablar español para acceder al mercado laboral

1 de Mayo, y las izquierdas

En el estado socialista, tras la revolución, no se celebraría el 1 de Mayo

Jueves 1ro de mayo de 2008, por Grupo Promacos

Como es sabido el 1 de mayo fue instituido como jornada emblemática (llegando a ser festiva en muchos países) por el Congreso Obrero Socialista de la II Internacional, celebrado en París en 1889, y que valió como homenaje a los llamados Mártires de Chicago, sindicalistas y anarquistas (muchos de ellos inmigrantes alemanes en EEUU) que fueron acusados de atentar contra la policía durante las jornadas reivindicativas que se iniciaron el 1 de mayo de 1886 (se buscaba la reducción de la jornada laboral a 8 horas) y que desembocaron en revuelta, la Revuelta de Haymarket.

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Cartel
Anunciando el mitin que originó la fiesta del 1 de mayo

Digamos, pues, que este día es, sobre todo, una institución socialdemócrata (II Internacional), y que no encajaría tan bien en otras perspectivas de izquierda. Así, por ejemplo, desde un punto de vista revolucionario comunista, que busca la abolición de las clases y no su perpetuación, no tendría sentido un día del trabajador (si con trabajador nos referimos al obrero asalariado). En el estado socialista, tras la revolución, no se celebraría el 1 de Mayo. Desde el anarquismo quizás tendría aún menos sentido puesto que si se celebra es en virtud de su reconocimiento como festivo por parte de los estados (los que lo reconozcan), estados que el anarquismo (en sus distintas formas) quiere liquidar al ser el Leviatán el sujeto responsable de la explotación y esclavización del hombre. En la vuelta a la sociedad sin Estado, que promueve el anarquismo, no tendría mucho sentido la idea de día festivo (los Fastos –-ver Ovidio— siempre han estado ligados a la sociedad política).

Pues bien, ¿qué se celebra entonces en este día? ¿Desde qué coordenadas?

La interpretación más común, de estirpe rousseauniana, es aquella por la que la «humanidad» aparece contemplada como dividida en dos clases transversales a todos los estados: la clase de los propietarios y la clase de los «desposeídos» (que es lo mismo que decir expropiados, y en cierto modo «robados») convirtiendo, eo ipso, a los «propietarios» en, sencillamente, una panda de ladrones. El patrono capitalista sería el propietario en la sociedad contemporánea, siendo el obrero asalariado el desposeído.

Esta distinción, aparentemente tan nítida para muchos de los que salen a celebrar esta jornada festiva, es, sin embargo completamente fantástica porque parte de una división del Género Humano en clases producida con anterioridad al Estado, cuando la fractura o división tiene lugar con posterioridad a él y precisamente a su través. Ni siquiera cabría hablar, pues, de fractura de la Humanidad en estados porque tampoco tiene sentido, si no es metafísico, partir de una unidad previa: antes de estar repartido en Estados, el Género humano, estaba dividido en tribus, hordas, bandas....

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Obreros proletarios
Domesticados por la viscosa socialdemocracia

Así pues no cabe hablar de una clase universal de desposeídos (el asalariado alemán es propietario de algo de lo que no es propietario -–¿desposeído?— el asalariado francés: de la nacionalidad alemana con todo lo que ello implica...), como tampoco cabe hablar de la clase universal de los propietarios, ni de un lucha antagónica entre ellas. La lucha de clases, que desde el Grupo Promacos de ninguna manera negamos, tiene lugar en efecto, pero a través de la plataforma de los Estados, siendo sólo desde esta plataforma como es posible una «acción de clase» que no sea utópica. Poco sentido tiene pedir a un gobierno que luche «contra los propietarios en favor de los desposeídos» cuando no hay tal distinción (además de que sería completamente desproporcionado pedirle a un gobierno que desarrolle un poder sobre lo que no tiene potestad).

Desde el Grupo Promacos pedimos, y así se lo sugerimos a sindicatos y partidos, algo bastante más modesto: a saber, que no se procure la destrucción del mercado laboral español imponiendo «fronteras» internas (por ejemplo lingüísticas) en España. Sepan cuantos que hoy, en España, no es suficiente hablar español (lengua oficial y común) para acceder al mercado laboral. Y esto se hace en nombre de «la izquierda». Increíble.


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