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Como hiciera en tiempos Atenea

Grupo Promacos, en el frente de batalla

La batalla es contra los enemigos de la Hispanidad

Domingo 20 de abril de 2008, por Grupo Promacos

«La punta (dorada) de su lanza y la cresta de su yelmo es lo primero que ven los marineros al acercarse desde Sunión» (Pausanias, Descripción de Grecia, II, 28, 2).

El Grupo Promacos surge en el contexto de una lucha, de una batalla que no es precisamente singular, sino general para la comunidad hispánica. Una batalla tampoco fantástica, sino literal, y que ya cuenta con muchas víctimas y numerosas bajas, aunque todas se encuentran del mismo lado. Del nuestro.

Ante las numerosas deserciones, incluso traiciones, la lucha quiere ser llevada por nuestro grupo hacia delante, hacia el frente sin eludir en ningún momento la confrontación. Promacos significa vanguardia (que combate en las primeras filas) y, en nuestro caso, tiene que ver con el reconocimiento abierto de la lucha, sin tapujos, sin elusiones ni disimulos; una lucha genuina, a muerte, y que muchos no ven, o no quieren ver, incluso ocultan, favoreciendo con ello al enemigo.

Promacos, además, no es ni quiere ser un avance irracional, caótico, descontrolado; Promacos es un atributo, una de las múltiples formas que toma Atenea, diosa de la sabiduría, de la prudencia armada, y el Grupo Promacos busca por tanto una marcha hacia adelante estratégica, calculadora, nunca temeraria. A punta de lanza, sí, pero bajo el signo de Atenea, y no —o no solo— de Marte.

España está amenazada por el secesionismo, una amenaza que la conduce al peligro de su disolución fraccionaria, produciendo desunión y desigualdad. Su combate, el combate contra esta amenaza balcánica, no es irracional, marcial, vengativo, como muchos pretenden. Este es nuestro principal objetivo: desplegar una defensa razonada que haga frente a la agresión secesionista siendo así que la mejor defensa es, sin duda, un buen ataque.

Al suponer que toda racionalidad implica desarme, que toda lucha armada es irracional, abandonando el espíritu de Atenea, muchos son los que terminan «durmiendo con su enemigo». Así muchos acaban llamando «respeto a la diferencia» a lo que no es sino deserción cómplice, «cautela» a lo que no es sino cobardía, «normalidad» a lo que no es sino injusticia, «paz» a lo que no es sino rendición; «crispación» a lo que no es sino legítima defensa. «Fascismo» a lo que no es sino patriotismo, «liberación», en suma, a lo que no es sino expolio, robo y saqueo.

Muchos ocultan, disimulan, eluden o desconocen la amenaza ensombreciendo para ello los conceptos, trastocándolos, buscando su ambigüedad y confusión. También en España como en Atenas, en efecto, «se modificó, incluso, en relación con los hechos, el significado habitual de las palabras, con tal de dar una justificación: la audacia irreflexiva pasaba por ser valiente lealtad al partido; una prudente cautela, cobardía enmascarada; la moderación, disfraz de la cobardía; la inteligencia para comprender cualquier problema, una completa inercia[...]. En suma, quien tomaba la iniciativa en llevar a cabo cualquier fechoría era elogiado» (Tucídides, Historia de la Guerra del Peloponeso, Lib. III).

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Propíleos atenienses
Al fondo, la estatua de Atenea esculpida por Fidias

Promacos, pues, busca la definición, la distinción, la aclaración conceptual que supone a su vez, y siempre, la demolición, la trituración, el análisis, de aquellas nociones vagas, capciosas, tramposas, confusas, falaces, inadecuadas en definitiva, pero que, como las sombras de la caverna platónica, envuelven y hacen presa sobre los entendimientos conduciéndolos a la inacción complaciente, cuando no a la rendición sin más, y siempre a la injusticia.

«Cultura», «Democracia», «Humanidad», «Tolerancia», «Solidaridad», «Libertad», «Estado de Derecho», «Identidad», «Paz», «Diálogo» son ideas fuerza que, dispuestas con determinada forma ideológica, representan verdaderas armas arrojadizas, casi siempre utilizadas a traición, con las que, adulando al pueblo y «dándole gusto», se busca, por puro oportunismo, aniquilar al rival y asegurar el asiento y la clientela, perdiendo de vista, en todo caso, el bien común. Cualquier cosa vale con tal de favorecer al partido. Es a esto a lo que Aristóteles llamó régimen despotikés, torcido, injusto, por el que se sacrifica el bien común al bien propio.

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Atenea Promacos
Con lanza y yelmo, dispuesta a pelear por España

Así como lo que primero se veía desde el mar, sobre el promontorio de la Acrópolis ateniense, eran el yelmo y la punta dorada de la lanza de la gran estatua de Atenea Promacos (realizada por Fidias tras la victoria sobre los persas), de la misma manera el Grupo Promacos quiere mostrar sus armas en El Revolucionario, no por mero exhibicionismo testimonial, sino para mostrar a la comunidad hispánica, la guerra a muerte que se está librando en «la madre patria».

Lanza y yelmo, esto es lo que queremos mostrar de España al acercarse a ella desde el Atlántico. Aún hay grupos dispuestos a luchar por ella, de dar la batalla por España. Dar guerra, en fin. Y Promacos no busca, desde luego, el martirio en ella, sino la victoria.


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