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Desde antes de 2006, los medios norteamericanos lo sabían

Felipe Calderón: títere de Halliburton y de Estados Unidos

PEMEX, y México, son asuntos de interés nacional para Estados Unidos; López Obrador y el movimiento político que lo respalda fueron y son el verdadero enemigo. Calderón, un simple instrumento

Viernes 25 de abril de 2008, por ER. México

John Ross hizo afirmaciones que, a poco menos de dos años de distancia, han sido proféticas: ‘vamos a ver qué es lo que pueden –Calderón y Cía.- hacer, porque para los próximos seis años va a ser muy difícil para él gobernar este país’.

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Bush y Calderón: imposición y sumisión geoestratégica
Bush y Calderón: imposición y sumisión geoestratégica

El 6 de septiembre de 2006, el periodista norteamericano David DeGraw publicaba en el periódico electrónico alternativo norteamericano Alternet una nota en la que, bajo el título “¿Roba Halliburton la elección mexicana?”, daba cuenta de las relaciones orgánicas trabadas entre la oligarquía político-empresarial norteamericana y el señor Felipe Calderón y su partido, el PAN.

Evocando –y entendemos que acaso equiparando- la igualmente turbia elección de 2000 en Estados Unidos, DeGraw sostenía que “a la sombra de la elección presidencial de 2000 en Estados Unidos, el Tribunal Electoral mexicano declaraba a Felipe Calderón como presidente electo”. Unas líneas abajo, dejando de lado los formalismos democráticos, DeGraw pasaba lista de los soportes materiales que estuvieron detrás de la campaña de Calderón: Bush, Dick Morris (de la cadena FOX), Wal-Mart, Craft y, claro –decía en su nota- Halliburton.

Según la nota de Alternet, Calderón, una vez impuesto en la presidencia de la república, habría de dar comienzo con la fase última de privatización de la compañía estatal petrolera, PEMEX, para trasladar a manos de las corporaciones norteamericanas los recursos energéticos del Estado mexicano.

Y es que, ese mismo 6 de septiembre de 2006, el periodista Cliffor Krauss, de la sección de negocios del periódico estadounidense International Herald Tribune, publicaba un artículo, titulado “Gran descubrimiento norteamericano de petróleo en el Golfo de México”, en el que daba a su vez cuenta del anuncio hecho por tres compañías petroleras (dos de ellas norteamericanas: Chevron y Devon Energy, la otra noruega: el gigante Statoil) sobre el que acaso estaba llamado a ser el más grande descubrimiento “americano” de petróleo en una generación, y que, además, al tiempo de incrementar las reservas petroleras de Estados Unidos a razón del 50 por ciento, le estaría abriendo camino a una nueva era en lo que a exploración de petróleo en aguas profundas atañe.

Pero, parangonando una vez más el caso mexicano con el caso norteamericano, DeGraw afirmaba en su nota que, a diferencia de Al Gore o de John Kerry –perdedores demócratas ante Bush II-, Andrés Manuel López Obrador no tenía pensado irse a casa tan callado y tan tranquilo, sino que - como de hecho hubo de suceder- estaba determinado a organizar un movimiento opositor a escala nacional en contra, no ya nada más del fraude electoral formal, sino de la implantación política material de un bloque neoliberal en el poder del Estado mexicano.

En la nota consultada por la redacción de ER.Mexico, Alternet hace acompañar el artículo de DeGraw con un video en el que la también periodista alternativa, Amy Goodman, entrevistaba por vía telefónica para la cadena electrónica Democracy Now! (Democracia ahora!) a John Ross sobre la -en esos momentos- recientemente efectuada elección presidencial (recordemos que todo sucedía en septiembre de 2006).

Goodman daba inicio a la entrevista con la alusión al papel de las compañías norteamericanas en esa elección: ‘tú –John Ross- escribiste un artículo en 2005 sobre Wal-Mart’.

John Ross: ‘bueno, Wal-Mart, Halliburton, Craft, toda una lista de transnacionales involucradas en esta elección y que son parte de lo que se denomina como un Consejo de Comunicación, y que de hecho fueron las personas que patrocinaron los spots (los “hit-spots”) en contra de López Obrador, haciendo una evidente intromisión de corporaciones transnacionales en la elección mexicana’.

La campaña mediática a la que se refiere Ross es la que fue orquestada con el propósito de infundir el miedo en la sociedad haciendo comparaciones entre Hugo Chávez, Fidel Castro y López Obrador, diciendo también, sobre este último, que “era un peligro para México”.

Ross comenta a Goodman también sobre la rapidez con la que el Departamento de Estado y la Casa Blanca avalaron de inmediato la usurpación electoral de Calderón, siendo el propio Jorge Bush II quien lo llamó de inmediato desde su avión presidencial, el Air Force 1.

Pero, para cerrar la entrevista, Ross hizo afirmaciones que, a poco menos de dos años de distancia, han sido proféticas: ‘vamos a ver qué es lo que pueden –Calderón y Cía.- hacer, porque para los próximos seis años va a ser muy difícil para él gobernar este país’.


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