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Importado desde Australia
Globalización de las costumbres islamitas en el mercado pletórico
Miércoles 27 de febrero de 2008, por ER. Yakarta
Pero poco después hubo de rectificar, pues el Ayuntamiento de Zwolle amenazó con retirar la subvención municipal de un millón y medio de euros a la piscina de no readmitir a la bañista. Sin embargo, el panfilismo del gobierno holandés no conoce límites: un comunicado oficial del Ministerio de Sanidad afirma que la decisión se ha tomado porque la prenda es «segura e higiénica».
La prenda, que mantiene las cualidades del burka islámico, cuesta aproximadamente 150 euros y sólo puede ser importada desde Australia por su creadora, la australiana de origen libanés Aheda Zanetti. Fabricado en poliester e inspirado en los trajes de neopreno de los submarinistas, el burquini incluye también una túnica y una capucha que cubre el cuello junto a un gorrito de baño. Todo para que el cuerpo de la mujer no se muestre ni en un centímetro y la fémina se mantenga como ciudadano de segunda no sólo en los países islámicos, sino también en los del resto del mundo.
Apoyo islamita
Varios tontos útiles se han alzado en favor del burquini. El director del Centro Holandés para el Desarrollo Multicultural (FORUM), el musulmán Sadik Harchaoui, realizó proselitismo de su fe y lamentó que el director de la piscina hiciera «de su gusto una norma», ya que considera que el uso del burquini contribuye «a la participación e integración» de las mujeres musulmanas. Pero eso sí, siempre cubiertas con el velo y no usando bañadores convencionales que muestren su pecaminoso cuerpo, pues eso iría contra el espíritu del Corán.
Ahondando en el colaboracionismo con el Islam, la Secretaria de Estado de Deporte de Holanda, Jet Bussemaker, destacó que el burquini aporta a las mujeres musulmanas «la oportunidad de poder nadar en instalaciones públicas», lo que ha calificó como revolución pese a que siguen estando cubiertas por el velo y no pueden voluntariamente sustituirlo por el traje de baño habitual.
Holanda ya dio muestras de su temor al Islam cuando retiró el permiso de residencia a Ayaan Hirsi Ali, mujer somalí que sufrió la ablación del clítoris y que fue guionista del director holandés Theo Van Gogh, asesinado por un musulmán en el año 2004.