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FSM 2008 en México: la izquierda indefinida mexicana hace gala de su ridículo lirismo pre-hispanista y anti-occidental

Termina en el Zócalo capitalino la marcha en defensa del maíz mexicano

Artistas, ONG’s y una nutrida multitud concluyen la marcha Sin maíz no hay país

Lunes 28 de enero de 2008, por ER. México

Izquierda indefinida: Expresión que hace referencia a aquel conjunto de corrientes de la izquierda que no tienen una posición definida con respecto al Estado. Están representadas sobre todo por algunos artistas e "intelectuales", las ONGs, los movimientos antiglobalización, la contracultura, etc. Las izquierdas indefinidas se dividen en tres tipos de corrientes: la izquierda extravagante, la izquierda divagante y la izquierda fundamentalista.

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Sin maíz no hay país. Bien, pero el problema no es la metafísica identidad cultural pre-hispánica, sino la miseria económica material del campesino mexicano

El sábado 26 de enero pasado, en el Zócalo de la Ciudad de México (una plaza cuyo nombre oficial es el de Plaza de la Constitución, haciendo referencia a la Constitución de Cádiz de 1812, una constitución en donde coagula una particular modulación del racionalismo político moderno hispánico, y donde puede encontrarse encapsulado el núcleo ideológico de la segunda generación histórica de la izquierda políticamente definida), tuvo lugar la llegada de la caravana “Sin maíz no hay país”, una marcha convocada dentro del marco del Foro Social Mundial 2008, capítulo México.

La ruta de la marcha inició en Coaxcatlán, Puebla, el pasado martes 22, y fue convocada en función de la necesidad geoestratégica de impedir la entrada sin arancel alguno (en el marco del Tratado de Libre Comercio de América del Norte) de maíz transgénico a suelo nacional.

En su más general perspectiva, la liberación comercial (arancelaria) del mercado del maíz, puede ser vista como la metáfora de una lápida llamada a enterrar a las unidades y cadenas productivas del campo nacional mexicano, y cuyo correlato objetivo será, no ya la desaparición de la metafísica “cultura e identidad pre-hispánica del maíz”, sino, desde la más rigurosa perspectiva de la crítica de la economía política, la depauperación de millones de trabajadores del campo, que pasarán a engrosar las filas de desocupados laborales, de explotados en la dialéctica urbano-industrial del capital-trabajo, de mendigos urbanos o de migrantes explotados en el Imperio realmente existente de occidente, es decir, en Estados Unidos de América.

Confirmamos con irritación, no obstante -y hacemos esto con la firmeza a la que nos obliga la defensa de un racionalismo mínimo-, uno de los pronósticos planteados por ER.México, a saber: la izquierda indefinida indigenista y anti-occidental hizo gala de su irracionalismo poético-irreverente. En efecto, la actriz Jesusa Rodríguez y el antropólogo Julio Glockner, encabezaron la culminación de la marcha con la colocación de una ofrenda en honor de Ometéotl, máxima deidad mesoamericana (Señor/Señora de la Dualidad, esto es, una suerte de Dios único de carácter dual), ¡¡¡ para solicitarle que apoye la lucha del pueblo de México por la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) y se detenga la invasión del maíz transgénico estadounidense!!!

En medio de semejante apoteosis cósmica y metafísica, reproduciendo anacrónicamente la atmósfera medieval y del Antigüo Régimen colonial (por más que sostengan que su reivindicación es anti-española: el mito ideológico de "los 500 años"), y enterrando cientos de metros bajo tierra, por tanto, cualquier fulcro de racionalismo materialista moderno (¿qué dirían ante tales ceremonias, señores míos, marxistas latinoamericanos de la talla de José Revueltas, José Carlos Mariátegui, Juan B. Justo o José Aricó?), Jesusa Rodríguez conminó a los presentes a repetir el verso de un poeta llamado Ak Abal según el cual “nuestro maíz morirá el día que muera el sol”.

ER. México se posiciona en la trinchera política de defensa de la soberanía energética y alimentaria, pero lo hace del lado de las izquierdas políticas definidas, asumiendo la necesidad estratégica de tomar el poder del Estado, y no ya en función de estúpidas y metafísicas ideologías pre-hispánicas y en favor de “nuestra cultura e identidad”, y conmina al pueblo de México, y al de toda Hispanoamérica, no ya a declamar poesías no menos estúpidas y ridículas, sino a cobrar consciencia de clase y consciencia histórica, y a estar preparado para, en el límite, pasar de las armas de la crítica a la crítica de las armas.

En otras palabras, nos plegamos con toda la potencia material, ideológica y política a nuestro alcance, del lado de quienes defienden la soberanía de la nación política mexicana, en el marco de una comunidad de naciones hispánicas vista como la única plataforma histórica común desde la cual perfilar una séptima generación histórica de la izquierda; pero lo hacemos también haciendo nuestras las palabras con las que, alrededor de 1932 y 1935, Antonio Gramsci, ese extraordinario, sobrio y estoico marxista revolucionario, tomaba distancia respecto de todas aquellas “actitudes” que, dada su naturaleza irracional, radical y, en definitiva, no revolucionaria, terminan por fastidiar y restar seriedad a posiciones políticas merecedoras del más alto respeto político:

‘El que tantos payasos nietzscheanos enfrentados verbalmente contra todo lo existente, contra los convencionalismos, etcétera, hayan acabado por fastidiar y quitar seriedad a ciertas actitudes, puede ser admitido, pero no hay que dejarse guiar, en los propios juicios, por los payasos. Contra el titanismo afectado, el estilo veleidoso, el abstraccionismo, hay que advertir la necesidad de ser “sobrios” en las palabras y en las actitudes exteriores, precisamente para que haya más fuerza en el carácter y en la voluntad concreta.’

Antonio Gramsci, Cuadernos de la Cárcel, Cuaderno 4, La filosofía de Benedetto Croce.


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