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El infanticidio femenino no es sólo una cuestión sexual, sino también racial

La brutalidad contra la mujer en La India

A pesar de las leyes promulgadas para proteger a las mujeres y a las castas inferiores en la India las autoridades pertinentes, como advierte desde hace meses Amnistía Internacional, hacen caso omiso

Viernes 18 de enero de 2008, por ER. Goa

Las autoridades la India, más concretamente en Uttar Pradesh y Rajastán, a pesar de la creciente economía del país, no impiden la violencia contra las mujeres; han llegado a darse casos en los que, incluso, toman parte activa en ella, según lleva informando desde agosto Amnistía Internacional.

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Mujeres Indias de casta inferior

Las autoridades la India, más concretamente en Uttar Pradesh y Rajastán, a pesar de la creciente economía del país, no impiden la violencia contra las mujeres; han llegado a darse casos en los que, incluso, toman parte activa en ella, según lleva informando desde agosto Amnistía Internacional.

Son contínuas las agresiones sexuales hacia las mujeres de castas inferiores, sobre manera a las dalit o «intocables» y adivasi, por parte de hombres de castas superiores, como brahamanes o rajputs, además de mahometanos. La violencia hacia empleadas de la casas, normalmente, dalits, por parte de otras mujeres de estas castas superiores llega hacia la violencia extrema y a un régimen de servidumbre completamente medieval. El estado no ofrece a estas castas inferiores protección, sufriendo discriminación tanto racial como sexual.

Los funcionarios públicos aceptan sobornos, encubren abusos y archivan las denuncias; por otro lado, la mayoría de las mujeres (e incluso, los varones) de la casta dalit, no conocen sus derechos, dados por una legislación especialmente elaborada para “protegerlas”. Además, muchas mujeres no se acercan a la policía por no ser deshonradas — o violadas, tal como ocurre a menudo en Jordania — y sometidas a nuevos abusos, registrándose tan sólo un 5% de estos casos de violencia. Las pruebas médicas de las violaciones frecuentemente se pierden, debido a la complejidad que comportan éstas en países del Tercer Mundo; además, normalmente, los testigos de los abusos se retractan, bien por amistades o sobornos, o bien por amenazas por parte del acusado.

Así, las activistas feministas en la India, al manifestarse contra los abusos que sufren las mujeres y castas inferiores por parte de las castas superiores o de los mahometanos (estos últimos, actúan particularmente en Bangladesh o Calcuta), son castigadas físicamente, sus visados llegan a ser retirados, e incluso llegan a ser asesinadas. La ONG declara que «el gobierno indio tiene un largo camino que recorrer parar eliminar la diferencia entre prometer protección a las mujeres y protegerlas realmente»,

Por otro lado, el pago de la dote — tradición India, que no es más que una vulgar compra de la esposa — implica que familias en una complicada situación económica lleven a cabo el llamado feticidio de féminas, o aborto selectivo de las mujeres; por ello, desde 1996 existe una ley que prohibe las pruebas de determinación de sexo en las ecografías: ley que, por supuesto, no funciona. Es muy común que se se procure confirmar el sexo del bebé con otras ecografías supuestamente destinadas hacia otros fines.

La discriminación a la mujer en la India comienza desde el vientre y la cuna, realizando las niñas las tareas más duras; posteriormente, o bien son vendidas para la prostitución (normalmente, en otros países vecinos) o bien casadas a cambio de dinero. La falta de medios y recursos de esta economía emergente hace comunes entre los varones — los únicos con acceso al ocio— los casos de drogadicción y alcoholismo traducido en violencia conyugal y abuso sexual. Las esposas, además, cargan con la subsistencia de la familia; la negativa del varón a usar métodos anticonceptivos de barrera como el preservativo y la negativa de la mujer a usar anticonceptivos hormonales (u orales, como la píldora) ante el riesgo de que su cónyuge la vea como “impura” o “sucia” implica que las familias en la India sean muy numerosas, siendo bastante común — teniendo en cuenta, además, la alta fertilidad— que la mujer tenga un hijo cada uno o dos años desde una juventud muy temprana.

Se explica fácilmente, después de ver los datos contenidos en los informes de varias organizaciones caritativas, tanto laicas como católicas, por qué La India es uno de los pocos países del mundo en el que el número de mujeres es inferior al número de varones, y por qué la esperanza de vida femenina es tan baja; lo que, tras ver dichos informes no se explica con tanta facilidad, es el relativismo, siendo aún más incomprensible entre mujeres. Hay que unir a sus malas condiciones de vida, a la pobreza, al entorno familiar discriminatorio y al infanticidio femenino la ausencia de mujeres en el Palarmento, órganos y consejos gubernamentales. A pesar que la India logre un desarrollo económico proporcionalmente sorprendente, la discriminación sexual seguirá adelante sin encontrar más traba que la de unas pocas mujeres, normalmente occidentales u occidentalizadas y amenazadas de muerte.


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