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El cuerpo es una basura en el Islam

El Islam es lacerador y mutilante

Sermón en Arabia Saudita defendiendo los castigos corporales

Miércoles 26 de diciembre de 2007, por ER. Teherán

El imam del principal sermón de la peregrinación o «Hach» musulmana defendió la pena de muerte, las amputaciones de manos y el resto de los castigos corporales exigidos por la Ley Islámica o «sharia» y aplicados en Arabia Saudí y otros lugares del mundo.

El sermón tuvo lugar donde el profeta Mahoma pronunció su último discurso hace 14 siglos. Allí el jeque criticó los llamamientos en Occidente en contra de la pena capital y los castigos corporales (hodud). Para este sujeto son la mejor forma para garantizar la seguridad y proteger a la sociedad. Asimismo, considera la sharia un sistema justo que aplica lo que les corresponde a «los asesinos, los adúlteros y los apóstatas».

«El asesino debe ser condenado a muerte por su agresión y su acción injusta, y el apóstata también porque había elegido el Islam con voluntad y sin obligación (..) al ladrón hay que cortarle la mano para proteger el dinero de la gente», afirmó el jeque en la televisión formal saudí, al tiempo que criticaba a quienes pretenden abolir la pena capital en Occidente, porque «han aprobado leyes para proteger a los criminales».

El jeque recitó un versículo del Corán en el que se ordena aplicar Al Qasas (la ley del talión), que condena al culpable a ser castigado de la misma forma en que cometió el crimen. Así, a los condenados a muerte se les decapita a sable y en público en el reino wahabí, mientras que en países como Irán se les ejecuta en la horca. Se demuestra así que el cuerpo en el Islam es totalmente prescindible, pudiendo ser usado para el noble arte de la inmolación o el no tan noble de la mutilación de terceros en nombre de Alá.

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Kaaba
Junto a esta piedra inició Mahoma una era de muerte y fanatismo

Leyes medievales

Las autoridades de Arabia Saudí, cuya Constitución es el propio Corán, defienden los hodud en consonancia con un pueblo mayoritariamente islámico. Para ambos son la forma justa de garantizar la seguridad y la paz en la sociedad, siguiendo así el principio de «ojo por ojo, diente por diente».

Arabia Saudí es cuna del Islam y tierra de sus lugares sagrados, como la Kaaba, piedra negra que se supone que el arcángel Gabriel entregó a Abraham y donde Mahoma predicó. Allí se aplica el Islam a rajatabla: se condena a muerte la brujería, el atraco a mano armada y la homosexualidad. Este año el número de ejecuciones por estos delitos superó el de 70.

Las leyes medievales existentes en Arabia Saudita, una minucia al lado de la mera supresión de símbolos cristianos, son especialmente estrictas con las confesiones cristianas, a cuyos adherentes se les considera ciudadanos de segunda.

La legislación saudí prohíbe el ingreso de una Biblia en el país y prohíben a los cristianos comprar propiedades. Cualquier signo religioso no islámico es castigado con penas que pueden llegar a la muerte. Incluso se deporta a aquellos que no cumplen el Ramadán. Una forma de Antiguo Régimen en pleno siglo XXI.


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