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Menos de 5000 personas se manifiestan en Madrid “Por la libertad y la derrota de ETA”.
La retórica del fundamentalismo democrático no consigue engañar, esta vez, al pueblo español
Miércoles 5 de diciembre de 2007, por ER. Madrid
El último atentado de la ETA ha vuelto a mostrar, con toda crudeza, la manifiesta incapacidad de los partidos políticos españoles para escapar de los dogmas del fundamentalismo democrático.
La aparente «unidad de los demócratas frente a los totalitarios o violentos», que han querido escenificar en esta manifestación, es una letanía cuyo fin es desenfocar la cuestión al pretender que quienes están profundamente separados en su idea de España, puedan unirse en su condición de demócratas.
En esta chapuza ideológica, los dos guardias civiles asesinados en nombre de la ideología delirante del secesionismo vasco -compartida por los aliados del gobierno de Zapatero y, al menos, consentida y estimada como legítima por el propio presidente- parecen haber sido víctimas de un “encuentro fortuito” (en palabras del ministro Pérez Rubalcaba) con unos delincuentes comunes cuyo delito consiste en "no ser demócratas porque son violentos".
De aquí que se reclame, con ansiedad y con arrobamiento místico, desde los múltiples púlpitos de la Democracia, la «urgente unidad de los demócratas con el fin de poner fin a esta lacra».
El problema está en que los atentados de la ETA no son "contra la democracia y la libertad" sino contra España. De modo que al asesinar a dos jóvenes guardias civiles no han sumado, únicamente, dos víctimas a su macabra lista: toda la Nación Española es víctima de los terroristas.
Y aquí es donde la aparente e ideológica unidad queda irremediablemente rota en dos: quienes defienden a la Nación contra sus enemigos y quienes están dispuestos a concederles buena parte de sus reivindicaciones a cambio de "que no se vuelva a repetir".
Interpretamos la ausencia de gente en esta concentración como la resultante, no tanto de que los partidos políticos no representen a los españoles o se haya producido "un divorcio" entre el pueblo y sus representantes, cuanto de que quienes están dispuestos a defender España y la justicia no podían ir allá donde están quienes quieren acabar con ambas -CiU, PNV, ERC, Nafarroa Bai, BNG que, cínicamente, dicen formar parte de esa aparente unidad- y quienes piensan en una «salida dialogada del conflicto» (PSOE, IU) no pueden ir de la mano de aquéllos que defienden a la Nación. Por muy demócratas que sean unos y otros.
Para más inri, buena parte de los escasos 5000 que han ido a la concentración lo ha hecho para mostrar su disconformidad, bien con Zapatero y su gobierno (con pancartas contra ellos), bien para atacar (también con pancartas) al PP.
De modo que, al margen de estas demostraciones de unidad democrática, convendría que el gobierno actuara ilegalizando a los partidos proetarras que el propio gobierno permitió colarse en los ayuntamientos y parlamentos autonómicos. Y revocara en el Parlamento de la Nación el acuerdo que le autoriza a entablar el diálogo con los terroristas separatistas, además de volver al Pacto por las libertades y contra el terrorismo y romper relaciones con los partidos separatistas «no violentos» (como si la propia ideología separatista no ejerciera, por sí misma, violencia alguna contra los españoles) que le mantienen en el poder.