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Modificando la tríada revolucionaria

Sarkozy: éxito y fraternidad

Será el nuevo Presidente de la República francesa desde el 16 de mayo

Jueves 10 de mayo de 2007, por ER. Bruselas

Neocon francés, ilustrado antimoderno... las contorsionadas definiciones del personaje se suceden en la prensa internacional. Parece que las mallas clasificatorias no dan de sí para encuadrar al nuevo presidente de la República francesa. El Revolucionario analiza la cuestión.

La virtud del político “desenclasado” ha residido históricamente en no representar los intereses de una clase social determinada para dirigirse desde el Estado a la consecución de programas políticos de alcance general. Tal es lo que se llama un “estadista”.

De momento, Sarkozy, de padre húngaro y madre judía, cuenta con una carrera atípica en la vida política francesa. No ha realizado los estudios de la elitista Escuela Nacional de Administración (ENA) que genera buena parte de la clase dirigente en Francia y no acabó su formación en el no menos exclusivo Instituto de Estudios Políticos de París. Por su parte, pudo ejercer su profesión de abogado con el bagaje con que ya contaba en 1981, diplomado en derecho y ciencias políticas por la Universidad de Paris X.

Esta dimensión de ’intruso’ en la vida pública del que fuera aspirante de la UMP no fue ajena a su campaña presidencial en la que a menudo ha manifestado en sus discursos y mensajes que él no se dirige a las ’élites sino al pueblo francés’. Lejos han quedado ya las algo más que zancadillas con que Chirac y Villepin pretendieron torpedearlo aun siendo camaradas de partido: léase el “caso Clearstream”.

De lo que no cabe duda es de que, si hay algo específicamente político en el programa de Sarkozy, ha quedado anegado en las semblanzas psicológicas –“ambicioso”- y etológicas –“da miedo”- perfiladas por la prensa internacional. E incluso por él mismo, apelando a valores como el esfuerzo, el mérito, la autoridad y el trabajo, tan eufónicos como vacíos.

Pero hay algo que puede destacarse fuera de su imagen carismática de “Sarkozy el terrible”, por utilizar la expresión de la revista Marianne. Y es que de “Europa”, tiene una perspectiva ajustada a la Realpolitik fraguada tras la Segunda Guerra Mundial, a saber, la de que la construcción europea fue un invento estadounidense. Su reconocido “atlantismo” en política exterior es todo un cambio respecto a Chirac. No en vano la primera felicitación recibida de entre la “clase política” mundial fue la de Bush Jr. Por su parte, la secretaria de Estado norteamericana, Condolezza Rice, apuntó que con Sarkozy, «Francia se adentraba en un período excitante de la historia».

En contra del antiamericanismo del que todavía sigue viviendo la ideología francesa de la grandeur, hoy el nuevo Presidente tiene la responsabilidad de romper el eje París-Berlín con el que la Unión Europea pensaba colar de rondón un Tratado en espera de estas Presidenciales para ser desahuciado. El nuevo “minitratado” –así llamado por Sarkozy- se deberá acordar en el próximo Consejo, el 21 y 22 de junio, que se perfilará durante la siguiente presidencia (portuguesa) y debería estar firmado, según los planes alemanes, antes de final de año. Con una diferencia sustancial, no habrá referendos. El principal escollo a salvar lo presentan ahora los 18 países que ya ratificaron la Constitución Europea.

Por otro lado, el programa económico de Sarkozy también causa ciertos temores en Bruselas y es que las palabras con las que se ha dirigido a sus compatriotas en estos días, según las cuales dice querer reconciliar “éxito con fraternidad” sugieren una política en la que se acabaría con el garantismo del modelo francés. Sin complejos, ha sido de los pocos políticos europeos que reconoce ser “la derecha”, aunque, dicho contra el mito de la izquierda, hoy, tras la caída de la URSS y el desarrollo de las “democracias de mercado”, se llama “derecha” a un liberalismo que en la práctica representa estar en la órbita estadounidense, es decir, reconocerse subordinado al Imperio realmente existente frente a las amenazas, no ya de la clase obrera, que en Francia vota a la “derecha”, sino del Islam o China.

Por último, su rechazo tajante a la adhesión de Turquía obligará a replantear las negociaciones con la línea germana de la UE, de la que también diverge en querer reforzar los vínculos con Israel.

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Sarkozy navegando por placer en el «Paloma» un buque de bandera inglesa
Mientras, «la canalla» quema París por tercera noche consecutiva

Respecto a la reacción en Francia, parece que la canaille (palabra con la que el entonces ministro de Interior se refirió a los incendiarios de los suburbios) se ha hecho eco de las amenazas de la derrotada Royal, que auguró los altercados de ganar su rival. El Partido socialista ha tenido que llamar a la calma, seguramente abochornado por las imprudentes palabras de su candidata. Según el último recuento, unos 1.400 vehículos han sido quemados en Francia desde los comicios del domingo, en las protestas más sonadas que han tenido lugar en el país tras una elección presidencial.

Paralelamente, este miércoles se han multiplicado en toda Francia las sentencias de penas de prisión contra jóvenes detenidos en los últimos días por su participación en las algaradas.

Sarkozy, de vuelta ya de su sonado descanso en Malta a bordo del yate de lujo al que fue invitado por un amigo empresario, deberá nombrar al primer ministro y preparar la estrategia de las legislativas de junio.

Por cierto, que las críticas de los socialistas por el lujoso crucero, han provocado que se haya dado a conocer una curiosa anécdota: el propio empresario, una de las principales fortunas del país, ha declarado que esta invitación es una "tradición" en la familia Bolloré que, después de la Segunda Guerra Mundial, acogió en una de sus fincas al socialista Leon Blum al volver de su cautiverio.


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