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Bajo la amenaza de denuncias penales ante la Fiscalía

Ultimátum de Rafael Correa a la banca ecuatoriana

El Estado pretende fijar el costo del dinero

Miércoles 9 de mayo de 2007, por ER. Quito

Lo que parece claro, como no podía ser de otro modo, es que el capitalismo, por muy liberal que se nos presente y aún modulado a través de la Banca, no es indiferente a las plataformas estatales, como demuestra el caso de Ecuador, sino extraordinariamente dependiente de éstas

Rafael Correa dio un ultimátum a la banca de Ecuador. Una semana de plazo tenían para bajar sus tasas de interés y comisiones, si no querían verse ante denuncias penales.

Recapitulemos. Hace unos días el presidente lanzó esta amenaza, encontrándose con la oposición de Alfredo Vergara, superintendente de Bancos, a quien no dudó en calificar como incompetente y vendido a la partitocracia y a la banca. Tras estas descalificaciones, aparecían también las sospechas de corrupción.

Al roce con Vergara se une el largo litigio entre el Presidente y el Banco de Pichincha, ganado por Correa que, tras salir airoso del trance, ha manifestado que si el pueblo ecuatoriano así lo quiere puedo donar esa plata, aunque mi principal deber es darle seguridad económica a mi familia, tras lo cual añadió que no le tiene apego al dinero pues nací pobre y moriré pobre

Ayer, Luis Maldonado, representante del Ejecutivo ante la Junta Bancaria, ha entregado una propuesta para bajar el costo del dinero, racionalizar los servicios financieros y establecer mecanismos de fijación de tasas, tras lo cual, sería el Estado quien regularía el precio del dinero. Todas estas medidas tratarían de conjugarse con la rentabilidad de la banca, añadió Maldonado.

César Robalino, presidente de la Asociación de Bancos Privados, se ha mostrado cauto ante estas propuestas, que dice no conocer en profundidad.

Poco a poco parece vislumbrarse cuáles son los atributos del anunciado socialismo del siglo XXI que se ha convertido en lema de Correa. En este, como en otros aspectos, parece existir un claro paralelismo entre la política ecuatoriana y la impulsada en Venezuela por Hugo Chávez, de cuya amistad se jacta el Presidente. Lo que parece claro, como no podía ser de otro modo, es que el capitalismo, por muy liberal que se nos presente y aún modulado a través de la Banca, no es indiferente a las plataformas estatales, como demuestra el caso de Ecuador, sino extraordinariamente dependiente de éstas.


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