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Contradicciones y deriva del racionalismo político en el DF

Indigenismo e izquierda indefinida desde la Ciudad de México

En pleno siglo XXI, y con el genoma humano descifrado, el relativismo anega los fulcros racionales del presente

Sábado 5 de mayo de 2007, por ER. México DF

El relativismo, el multiculturalismo y los happenings progres del desnudador de multitudes, Spencer Tunick, como telón de fondo, ofrecen una simpática y “divertida” postal de la Ciudad de México: lo mismo da ocho que ochenta con tal de pasárselo bien, o con tal de respetar, entender y dignificar al “otro”

El gobierno de la Ciudad de México, envuelto tanto en el mito de la Cultura y el fundamentalismo democrático, como en la -al parecer- imparable ola de indigenismo reivindicativo que tiene copada a buena parte de las izquierdas americanas desde una filosofía de la historia –concediendo que esta ideología pueda tener algún asidero filosófico- ingenua y enternecedora, por armonista (no dialéctica) e infantil, se suma a la avalancha que en todo el continente ha llevado a Jefes de Estados modernos a participar en ceremonias prehispánicas cargadas de mitologías en las que, rodeados de humo de copal y pétalos de flores, “los bastones de mando” les son cedidos por miembros de “pueblos originarios” del Estado en cuestión, en este caso, la Ciudad de México, capital de la República Federal de los Estados Unidos Mexicanos, una república que, precisamente y ni más ni menos, se declara laica.

Y para mayor sorna, muchos de estos jefes de Estado, al provenir de militancias de cuño marxista, leninista o trotskista, es decir, de militancias ateas y racionalistas –se esperaría-, dan muestra de la magnitud del fracaso que supone la caída de la Unión Soviética en tanto que proyecto de racionalización materialista de las sociedades. Se trata de corrientes de izquierda que, tras el rotundo fracaso histórico del socialismo realmente existente, han sido confinadas, políticamente, al pragmatismo democrático más triste y ramplón –lo mismo da ocho que ochenta- o, ideológicamente, a la extravagancia, la divagancia y el fundamentalismo ético, antropológico, etnológico o erótico-artístico-festivo.

Los esquemas son tan burdos como elementales: ser de izquierda, o de “izquierda moderna”, en América, es tolerar al otro, ser pro-indígenas y, por tanto, anti-español (todo lo español es de derecha), con tal de ser anti-norteamericano (tergiversando y confundiéndolo todo), estar a favor del aborto y contra la Iglesia católica (herencia española, pero, por su través, también occidental, por más ateos que nos declaremos), estar en todo momento contra toda forma de Poder y, si se es verdaderamente moderno, participar en los happenings de vanguardia como los del señor Spencer Tunick.

En efecto, el pasado 2 de mayo fue instalado el Consejo de los Pueblos y Barrios Originarios del Distrito Federal cuyo propósito fundamental es el de promover ‘la inserción de las etnias en el futuro de la ciudad, así como recuperar su cultura, sus tradiciones y su historia’.

En la ceremonia efectuada en uno de los patios del Antiguo Palacio del Ayuntamiento, el mismo en el que, en 1808, Francisco Primo de Verdad y Ramos, síndico del Ayuntamiento, habló por primera vez en la Nueva España, en plena crisis monárquica, sobre la dialéctica de la soberanía, Marcelo Ebrard, Jefe de Gobierno del DF, recibió el bastón de mando por parte de las comunidades originarias de la capital, y planteó que una de las primeras iniciativas que promoverá será la de la recuperación de la lengua náhuatl a través de su enseñanza en las escuelas públicas, desde la educación básica hasta la universidad. En su discurso dejó claro también que la recuperación de la lengua náhuatl tiene que ver con ‘nuestro orígenes y que, por tanto, se promoverá su enseñanza considerándola una lengua viva’.

Desde El Revolucionario nos preguntamos sobre la pertinencia de este tipo de programas que, al margen de que quien está en el seno del poder esté al mismo tiempo atado a la presión política de una corriente a la que, inmersos en una ideología relativista en la que ya nada puede ser criticado o refutado, es prácticamente imposible ponerle freno sin ser tildado de “intolerante”, “autoritario”, “estalinista”, “anti-democrático” o, peor, “etnicida”, nos parece que lejos de jugar a favor de los pueblos originarios y de la multiplicidad de grupos étnicos de la Nación política mexicana, juega precisamente en contra suya al abonar a la fragmentación en la que se estaba antes de la configuración de México como nación política moderna. Por que ¿qué pasará cuando, si esta corriente sigue su curso a escala nacional, se proponga que en cada estado de la federación las escuelas públicas correspondientes en cada uno de ellos estén obligadas a ofrecer cursos en aquellas que, de entre las más de cincuenta “lenguas vivas”, las precisamente pre-hispánicas, les corresponda? ¿Qué pasará cuando en estados como Oaxaca se cuenten con más de dos o tres lenguas pre-hispánicas? ¿O será que se esté pensando en que a escala nacional sólo será obligatorio el Náhuatl? ¿Pero qué pasará con el Cora, el Tepehuán, el Chinanteco, el Chol, el Tojolabal, el Maya, el Popoluca o el Zapoteco?

Habría que ir pensando, además, y por cuanto a lo que a la formación filosófica de las izquierdas se refiere, en ir preparando traducciones, en las lenguas que corresponda, de El Capital, la Dialéctica de la Naturaleza, el Anti-Düring, La ideología alemana, la Dialéctica de la Conciencia (de José Revueltas), el Papel del individuo en la historia y los Cuadernos filosófico de Lenin; pero también de la Fenomenología del Espíritu o la Lógica de Hegel. ¿Y qué haremos con El Quijote, con Pedro Páramo o con el imponente Paradiso de Lezama Lima?

Desde estas páginas defendemos el racionalismo materialista, ateo y pluralista, aunque no relativista, como plataforma filosófica de una nueva corriente de izquierda. La miseria económica, la desolación, el olvido y la denigración de todos los indígenas que pueblan Nuestra América es una ofensa abyecta para todos los americanos y, sobre todo, es una muestra de la pusilanimidad, la codicia, la mediocridad, el oportunismo y la mezquindad históricas de muchos regímenes políticos –el del PRI, en México, a la cabeza- que en dos siglos de vida política independiente no hicieron nada para incorporar como ciudadanos de pleno de derecho a los individuos miembros de todos esos pueblos que al día de hoy tienen que seguir buscando reconocimiento e integración, pero haciéndolo ahora envueltos en ideologías que, en pleno siglo XXI y con el genoma humano descifrado, y al margen de sus intenciones, proyectan un derrotero que no es, a nuestro juicio, más que un callejón sin salida político, aunque “culturalmente”, es decir, desde el mito de la Cultura como reino sublime del espíritu, todo esto pueda tener acaso algún sentido.

Por cierto: el 6 de mayo próximo, Spencer Tunick llevará a cabo su muy vanguardista instalación multitudinaria –un desnudo colectivo- en el Zócalo de la Ciudad de México.


06-05-2007
La izquierda delirante y bohemia toma el centro de México DF y se siente liberada (al menos, de ropa) durante un rato

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