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Los militares no tolerarán una república mahometana

Turquía no quiere ser islámica

Un millón de turcos se manifestaron contra la elección de un presidente musulmán

Miércoles 2 de mayo de 2007, por ER. Teherán

Un millón de turcos se manifestaron en contra de la islamización del país. Convocada por numerosas organizaciones no gubernamentales, la protesta llenó las calles de Estambul de personas que no quieren que Abdulá Gül, colaborador íntimo del Primer Ministro Erdogan, sea elegido por el Parlamento. Los manifestantes, en su mayoría mujeres, exigieron la convocatoria de nuevas elecciones. Además, se ha confirmado la irregularidad de la votación y la necesidad de convocar nuevas elecciones legislativas en Turquía.

Los manifestantes, en su mayoría mujeres vestidas a la usanza occidental, exigieron la renuncia del Primer Ministro, Recep Tayyip Erdogan, y la convocatoria de nuevas elecciones legislativas. En medio de un mar de banderas turcas y pancartas con fotografías del presidente fundador de la Turquía laica, Mustafa Kemal «Atatürk», la gente gritó «Turquía es secular y lo seguirá siendo». La protesta, en la que Erdogan fue insultado como «traidor», se produjo tras la fallida ronda electoral en el Parlamento para nombrar a un nuevo jefe de estado.

El islamita Erdogan, ha fracasado en su intento de situar a su mano derecha, el también islamista, Adulá Gül, en la presidencia del país, en una suerte de reedición del califato otomano que desde 1929 han perseguido los Hermanos Musulmanes. Tras esa protesta contra la islamización del país, Erdogan apeló a la «unidad» para superar la crisis del Gobierno islamista y su candidato, también islamista, a la Presidencia del país, ambos del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP).

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Erdogan
Un mahometano llama a la unidad de creyentes y cafres en Turquía

Formalismo democrático islamita

El Ejército turco, defensor a ultranza del ateísmo del Estado, emitió el viernes por la noche un comunicado en el que protestan contra la candidatura de Gül a la presidencia del país, recordando que los militares son «un incondicional defensor del secularismo», por lo que el «esfuerzo enmascarado del islamismo» destinado a socavar la República secular se ha convertido en «un desafío abierto al Estado».

Erdogan reaccionó diciendo que el Estado Mayor está supeditado al primer ministro, formalismo democrático muy similar al que se mantiene en las democracias occidentales. ¿Acaso no fue gracias a la fuerza armada militar como se consolidó una Turquía sin califato y por lo tanto sin pretensiones mundializadoras del Islam? El último golpe de Estado militar fue llevado a cabo en 1980, pero no parece haber sido suficiente para evitar el soterrado proceso de islamización del país.

El islamista Abdulá Gül, candidato del gobernante AKP, no superó la primera votación, que fue impugnada por el opositor y antiislámico Partido Republicano del Pueblo (CHP). Los magistrados han ratificado la impugnación, lo llevará a a convocar nuevas elecciones legislativas y presidenciales. El CHP expresó su disposición a formar una gran coalición con todos los partidos, sin distinción de ideologías, que respeten los «principios de la República» y frene así el proceso de islamización del país.

Alianza de Civilizaciones

Los presidentes de los países europeos no parecen ser conscientes de qué clase de enemigo están combatiendo. El premier británico Antonio Blair, que ha anunciado que abandonará su cargo este mismo año, quiere convertirse en una suerte de mediador entre las tres religiones, favoreciendo la Alianza de Civilizaciones defendida por el ambiguo presidente español José Luis Rodríguez Zapatero, gran amigo del islamita Erdogan.

Estos personajes que dirigen varias de las naciones más ricas y poderosas del planeta no son siquiera capaces de entender la magnitud de la amenaza que tienen enfrente, de una religión cuyos fieles no cesarán de atacarles hasta que toda la humanidad bese el suelo en dirección a La Meca cinco veces diarias.


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