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Un régimen de iluminados por un imam oculto

La maravillosa «democracia» chiita de Irán

La teocracia en estado puro anida en Irán desde el año 1979

Viernes 11 de mayo de 2007, por ER. Teherán

Los chiitas son un diez por ciento de los musulmanes pero mayoría en Iraq e Irán. En este último país gobiernan tras la revolución islámica de 1979 impulsada por el Ayatolá Jomeini, quien en su libro Principios políticos, filosóficos, sociales y religiosos aclara cómo es el gobierno chiita iraní: «El gobierno islámico está sometido a la ley del Islam que no emana ni del pueblo ni de sus representantes, sino directamente de Dios y su voluntad divina». Todo islamita debe obediencia absoluta «a estas leyes eternas» que «permanecerán inmutables hasta el fin de los tiempos».

Los chiitas se caracterizan porque, pese a que el islam considera el cuerpo como algo insignificante, establecieron que esa uniformidad humana no era justa y que era necesario un guía de la oración o imam, cuyo fin es dirigir la comunidad musulmana (umma) a la salvación. Son seguidores del linaje de Husein, nieto de Mahoma por la vía de su hija Fátima, casada con el califa Alí. Alí fue derrotado en el 661 y su hijo Husein fue martirizado en el año 680. Madhi, el último imam, desapareció en el siglo IX, pero los chiitas, en el colmo de la superchería, piensan que aún hoy día les guía desde su incógnita ubicación.

Según el Ayatolá Jomeini, «es necesario pues que el gobierno islámico se cree bajo la autoridad del Imán», sometiendo la sociedad a la ley islámica y a la voluntad de unos personajes iluminados por un imam que permanece oculto. El Ayatolá Jamenei es su máximo líder. Esta situación de superstición y superchería propia del Antiguo Régimen no merece el más mínimo respeto, sobre todo tras comprobar que unas elecciones puramente formales intentan dar apariencia de democracia a lo que no es sino una teocracia.

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Iluminado
Un ayatolá indica a los chiitas que el imam les lleva por buen camino

Iluminados y fanáticos gobiernan Irán

Esta estructura social explica sentencias judiciales como la que recientemente en Irán absolvió a seis miembros de la Fuerza Basiji, que asesinaron a varias personas por considerarlas «moralmente corruptas» [sic].

El código penal islámico de Irán, sistema paralelo al código civil, dice que un asesino puede ser absuelto si demuestra que su víctima no cumplía con la moral islamita. Incluso cuando es erróneamente identificada la víctima, la ley sólo determina que se pague «dinero de sangre» a la familia, indemnización determinada arbitrariamente por un religioso chiita. Si la víctima es una mujer musulmana, la cifra se reduce a la mitad.

Todo concuerda con las enseñanzas de Jomeini respecto a los planes mundializadores del Islam: «La guerra santa significa la conquista de los territorios no musulmanes. Podrá ser declarada por el Imán, después de la formación de un gobierno islámico digno de este nombre. Es deber de todo hombre mayor de edad y útil acudir voluntario a esta guerra de conquista en la que la meta final no es otra que la de extender la ley coránica de un extremo al otro de la Tierra».


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