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Noticia acerca de la situación de la República Oriental con respecto a las, hasta ahora, naciones políticas motrices de la izquierda iberoamericana

Las relaciones de Uruguay con Cuba y Venezuela

Mientras Uruguay mantiene buenas relaciones con Cuba, y según algunos voceros, cada vez con mayor intensidad, las relaciones con la República Bolivariana de Venezuela van cada vez a peor

Lunes 16 de abril de 2007, por ER. Montevideo

Cuba y Uruguay se acercan, estando las relaciones mutuas cada vez más consolidadas; en cambio, con Venezuela, y debido a las pretensiones de expansión comercial de la República Bolivariana sobre la República Oriental, la relación de amistad deja de ser tan cercana

La dialéctica de clases y de Estados sorprende por sus paradojas y contradicciones. Uruguay, Cuba y Venezuela son tres naciones políticas iberoamericanas gobernadas por grupos políticos de izquierdas —unos más definidos que otros—, pero, sin embargo, resulta curioso que las relaciones diplomáticas de Uruguay, una democracia, sean mejores con una dictadura del proletariado como es Cuba que con otra democracia —populista— como es Venezuela.

Sobre las relaciones entre Uruguay y Cuba en el presente

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Firma del acuerdo entre Cuba y Uruguay
Tabaré Vázquez, junto con Felipe Ramón Perez Roque

El pasado viernes terminó la reunión de la Comisión Mixta de Cooperación Económico/Industrial y Científico/Técnica Cuba/Uruguay, la segunda que se ha realizado hasta la fecha. En esta segunda comisión, delegaciones diplomáticas de ambas naciones políticas iberoamericanas firmaron múltiples acuerdos que, y es algo que han observado ambas, consolidan las cada vez más fuertes relaciones entre cubanos y uruguayos. De echo, los ejércitos de ambos países volverán a ponerse en contacto cuando la embarcación uruguaya Capitán Miranda arribe al país caribeño. Las fuerzas armadas cubanas y uruguayas no se habían puesto relacionado tan estrechamente desde la Revolución Cubana de 1959, cuando tanto Uruguay como Cuba se unieron al grupo autodenominado de «Países No Alineados» —que, huelga decirlo, estabán tan alineados como los democráticos y los comunistas, sobre todo los No Alineados islámicos—.

También una amplia delegación diplomática cubana se desplazó recientemente a Uruguay, a los segundos encuentros de Consultas Políticas en el marco de los acuerdos firmados en noviembre del año 2005 entre ambos países y de la segunda reunión de la Comisión Mixta de Cooperación Cubano/Uruguaya, según cumplimiento de lo establecido en el artículo 3 del Convenio de Cooperación Económico/Industrial y Científico/Técnica Cuba/Uruguay suscrito el 6 de marzo de 1987. En esta visita se incluyeron varias instituciones culturales, políticas y sanitarias, como el Hospital Saint-Bois, donde se está construyendo un gran centro oftalmológico equipado totalmente con material cubano y que se encontrará entre los más grandes y mejor dotados de toda Hispanoamérica, o un centro educacional donde se imparten clases para adultos en la ciudad de Toledo, donde se emplea el método de alfabetización «Varela, Yo sí puedo», creado en Cuba.

En esta comisión mixta participaron, por el lado cubano: Orlando Requeijo, viceministro del Ministerio para la Inversión Extranjera y la Colaboración Económica de Cuba; Marielena Ruiz Capote, embajadora de Cuba en Uruguay; Carmen Zila Pérez Mazón, consejera del Ministerio cubano de Relaciones Exteriores; María Caridad Balaguer Labrada, consejera de la Embajada de Cuba en la República Oriental; Iruma Díaz Blanco, funcionaria miembro de la Dirección para Iberoamérica y el Caribe del Ministerio para la Inversión Extranjera y la Colaboración Económica de Cuba; Mirna Martínez Arjuria, consejera comercial de la embajada de Cuba en Uruguay; Cecilia Cárdenas Medina, funcionaria cubana especializada en Política Comercial; Rosa María Pascual, representante de Polo Científico y agregada comercial de la Embajada de Cuba en la República Argentina; Jesús Fonseca Arteaga, funcionario del Ministerio cubano del Azúcar y Alina Montalvo Martínez, funcionaria de la Oficina de Salud del Consejo de Estado de Cuba. Por el lado uruguayo participaron Belela Herrera, viceministra de Relaciones Exteriores; Ana Olivera, viceministra de Desarrollo Social del Uruguay; Fernando Cáceres, director nacional de deporte del Ministerio de Turismo y Deporte del Uruguay; Álvaro Gallardo, director general para Asuntos Políticos del Ministerio de Relaciones Exteriores uruguayo; Raquel Rodríguez, directora general de Cooperación Internacional del Ministerio de Relaciones Exteriores uruguayo; Jorge Mazzarovich, embajador uruguayo en Cuba; Federico Gomensoro, jefe de gabinete del Ministerio de Relaciones Exteriores uruguayo y, finalmente, Rosario Portell, subdirectora general para Asuntos Económicos del Ministerio de Relaciones Exteriores de la República Oriental del Uruguay.

Ambas delegaciones firmaron una declaración conjunta en la que se comprometían a establecer un mecanismo periódico de consultas intercancillerías. También recalcaron «los nexos históricos, fraternos y de solidaridad que existen entre el pueblo uruguayo y el cubano». Cuba invitó a Tabaré Vázquez y Reinaldo Gargano para que visiten pronto la isla a la vez que manifestó su deseo a la República Oriental de que se solucione cuanto antes el conflicto que mantiene con la República Argentina en torno a la colocación de la planta de pasta de celulosa de la empresa finlandesa Botnia cerca del Río Uruguay en la frontera con la nación ché. Asímismo, la delegación uruguaya manifestó su solidaridad con el pueblo cubano frente al bloqueo injusto al que tiene sometido el Imperio Estadounidense a la nación caribeña. También Uruguay pidió a Cuba para que intercediera en su propósito de entrar de manera definitiva en el Movimiento de Países No Alineados, del que forma parte Cuba como presidente perenne. Por su parte, Uruguay decidió apoyar a Cuba en su candidatura al Consejo Ejecutivo de la UNESCO para el período 2008—2011, y solicitó el apoyo de Cuba para entrar en el Comité de Consolidación de la Paz. También elogiaron el incremento del intercambio comercial entre ambos países que se ha dado desde la llegada a la presidencia uruguaya del Frente Amplio, comprometiéndose a intensificarlos sobre todo en materia tecnológica y sanitaria, así como educativa, mediante la intensificación del intercambio de estudiantes universitarios.

Como vemos, los temas a tratar fueron muchos, y todo ello es muestra de la intensificación de relaciones entre ambas naciones políticas, las cuales, entre otras cosas, tienen en común su pequeña extensión y su pequeña población en comparación con otras naciones iberoamericanas como Brasil, Argentina o Venezuela.

Sobre las relaciones entre Uruguay y Venezuela en el presente. La otra cara de la moneda

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Uruguay y Venezuela firmando acuerdo diplomático
Las relaciones entre ambas naciones políticas, en horas bajas

A pesar de que en 2005, tras la visita del presidente venezolano Hugo Chávez Frías a la República Oriental, se firmaron cerca de 78 acuerdos en materia de cooperación e integración, y que Venezuela ha proporcionado mucho capital financiero a Uruguay ayudándole a cubrir sus necesidades de abastecimiento petrolífero ahorrándose hasta un 20% de gasto, lo que se ha conseguido con todo esto es crear la sensación, tanto en el ejecutivo frenteamplista como en buena parte de la población uruguaya, una sensación de dependencia político—económica de Venezuela. A juicio de los venezolanos las relaciones eran inmejorables, pero el grado de intercambio comercial y político entre ambas naciones políticas iberoamericanas puede transformarse completamente. El apoyo, directo e indirecto, de Venezuela a Argentina en el conflicto de las pasteras antes señalado, con la intención de impedir que Brasil, que apoya a Uruguay en este tema, se convierta en el país líder del Mercosur, cosa que a Venezuela no le interesa, más teniendo en cuenta la cercanía existente en ciertas materias entre Brasilia y Washington, es la piedra de toque de todo este asunto. A Uruguay, que necesita del apoyo económico de Bush II para no ser engullido geopolíticamente por otras naciones iberoamericanas —pero que no le preocupa, al menos manifiestamente, ser engullidos una vez más por los Estados Unidos de Norteamérica—, no le queda otra que tomar posiciones frente al juego geopolítico que se da en el continente, simplemente para tener su propia voz y sobrevivir. De hecho, este alejamiento ya se ha puesto sobre el escenario diplomático, al ausentarse el presidente Tabaré de la cumbre de Margarita sobre políticas estratégicas de integración energética en Iberoamérica, aduciendo problemas de agenda interior. Entre bambalinas, se dice que la verdad es que Tabaré Vázquez y gran parte de su ejecutivo está molesto por la actitud de Chávez en Argentina ante la visita de Jorge Bush II a Uruguay el pasado mes de marzo de este año. Y decimos parte porque el ejecutivo uruguayo está dividido sobre qué hacer con respecto a Chávez y Venezuela, y es aquí donde la dialéctica de clases entra, como consecuencia dialéctica de la lucha diplomática entre Estados. Lucha diplomática que, por otra parte, no deja de ser cruenta en según que casos —como en el de las pasteras y los izquierdistas extravagantes, divagantes y fundamentalistas argentinos que cierran los pasos fronterizos con el Uruguay en nombre del mito de la naturaleza—.

En ausencia de Vázquez, la delegación uruguaya estará representada por el vicepresidente Rodolfo Nin; Belela Herrera, vicecanciller uruguaya; Martín Ponce, ministro interino de Industria; José Mujica, ministro de Ganadería y Daniel Martínez, Raúl Sendic y Germán Riet por parte del ANCAP empresa estatal uruguaya del sector de los combustibles. Reinaldo Gargano también se ausentará por tener que viajar a Madrid, capital de la nación política española, para reunirse con el canciller español de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, y con la delegación uruguaya en la cumbre en España para intentar solucionar el tema de las pasteras que enfrenta a Uruguay con Argentina, con mediación entre las partes de España.

Venezuela por su parte, y dejando a un lado la visita de Bush II a la República Oriental, está molesta con Uruguay por permitir que la empresa brasileña del cemento, Camargo Correa, haya entrado en Uruguay con pretextos, según voceros y funcionarios venezolanos, «estratégicos». Venezuela necesita cemento para cubrir sus necesidades de expansión comercial petrolífera, sobre todo en lo concerniente a las infraestructuras de PDVSA (Petróleos de Venezuela Sociedad Anónima), quinto productor mundial de hidrocarburos y dueño de la reserva de petróleo pesado más grande del mundo. PDVSA acordó con ANCAP el abastecimiento de cemento para encamisar sus pozos petrolíferos, cosa que también acordó con la empresa argentina ENARSA. PDVSA se comprometía a establecer una complementación con ANCAP destinada a invertir 200 millones de dólares estadounidenses en infraestructuras de la planta de ANCAP en Paysandú, para producir clinker para su posterios transformación en cemento que Venezuela necesitaría, a cambio de coque de petróleo que Venezuela necesita colocar fuera debido al excedente del mismo que soporta. En suma, intercambio de cemento por petróleo entre Uruguay y Venezuela, más deseado y necesitado por Venezuela que por Uruguay, como los últimos acontecimientos así lo han demostrado. Camargo Correa ofrece lo mismo por un precio más barato, 100 millones de dólares estadounidenses, para producir también clinker en Paysandú. En el negocio con PVDSA, ANCAP se quedaría con el 100% de la fábrica, mientras que en el negocio con Camargo Correa, tendría una parte minoritaria, algo a lo que los uruguayos han respondido con su deseo de que ambos negocios salgan igual, teniendo dos plantas, una de participación venezolana y otra de participación brasileña, a lo que parece que tanto Venezuela como Brasil no lo verían, a priori, positivo para sus intereses. Además, el acuerdo con PVDSA sería entre empresas estatales, mientras que el acuerdo con Camargo Correa se ajustaría más al típico acuerdo empresarial entre transnacionales que se da en el sistema económico capitalista.

Otro foco de tensión entre Uruguay y Venezuela es el asunto del fideicomiso del Fondo Bolívar-Artigas. Este fondo permite a Venezuela tener una cuenta en la Banca República de Uruguay por el que ingresaría un 12% de los pagos de ANCAP por la compra del petróleo. Entre desviaciones de dinero varias, Venezuela está molesta porque a través de ese fideicomiso Uruguay supuestamente habría establecido negocios con particulares.

Lo cierto es que de la subida espectacular que las inversiones económicas bilaterales entre Uruguay y Venezuela experimentaron tras la llegada de Tabaré al poder, se podría pasar a una situación completamente opuesta. La división entre los grupos políticos que conforman el Frente Amplio uruguayo se ejemplifica en estas declaraciones del comunista Eduardo Lorier: «el factor determinante es la orientación de la política desde el Ministerio de Economía. Una visión de la inversión extranjera, tratados de libre comercio, para llegar a un mercado supuestamente infinito. En este contexto lo de Venezuela queda relegado, porque con Venezuela se impulsa la inversión pública, el acuerdo entre estados. No le sirve al gran capital el fortalecimiento de ancap con inversión en refinería, en exploración de yacimientos de petróleo, etcétera. Se están privilegiando vínculos estrechos con Estados Unidos, y en el cuadro actual de confrontación de Bush con Venezuela este tipo de políticas no es compatible».

Lo cierto es que los intereses de las clases dirigentes de los diversos Estados iberoamericanos se empeñan en enfrentarse con el deseo de unión de toda iberoamérica en una sola nación —no sabemos si contanto también con los países africanos y asiáticos de habla española y portuguesa y, tampoco, si también con España, Portugal y Andorra— que muchos tienen. Y aunque no deja de ser comprensible que las clases dirigentes de cada Estado mire por sus intereses, no deja de ser curioso cómo la Dialéctica de Clases y de Estados lleva a Uruguay a estar, a la vez, más cerca de los Estados Unidos de Norteamérica y de Cuba que de Venezuela.


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