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El presidente de Turkmenistán fallece repentínamente a los 66 años

Saparmurat Niyazov muere de un infarto

Instauró un régimen basado en el culto a la personalidad

Jueves 21 de diciembre de 2006, por ER. Moscú

Saparmurat Atayévich Niyazov, presidente de Turkmenistán, ha fallecido de un infarto a los 66 años de edad. Ha sido presidente desde la independencia de la República hasta su muerte.

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Saparmurat Atayévich Niyazov

Niyazov, nacido en 1940, se educó en un orfanato soviético debido a la muerte de sus padres en la Segunda Guerra Mundial. Más tarde se graduaría como ingeniero industrial en Leningrado, pasando a trabajar en una central eléctrica cerca de Aşgabat, capital de Turkmenistán.

Allí ingresó en el Partido Comunista, del cual llegaría a ser el máximo representante en la república en 1985. En 1991, participó en el golpe de Estado contra la Unión Soviética que propició la independencia de las repúblicas socialistas. En ese momento, comenzó la expropiación de la antigua URSS, es decir, la apropiación de los bienes de la Unión, por parte de nuevas castas y alianzas de líderes ex-comunistas, nuevos liberales y cazafortunas y «emprendedores» de todo tipo.

Es un proceso común a todas las repúblicas ex-soviéticas del Asia Central, el enterrar ideológica y culturalmente el legado soviético e ir a buscar sus referentes, sus «señas de identidad» cultural, a un pasado mítico. Pueder ser el Islam, en Azerbayán o la figura de Tamerlán en Kazajistán. En el caso de Turkmenistán, sin negar la notable influencia islamita debida principalmente a Irán, Niyazov supo crear un nuevo y extraño régimen de culto a la personalidad, su personalidad.

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Estatua de Niyazov fabricada en oro macizo

Su efigie se encontraba en billetes, monedas, carteles por las calles, medios de comunicación... Siempre se ha destacado, por ejemplo, las estatuas que le representaban, fabricadas con oro macizo; la más importante de las cuales, la que se situa en el edificio más alto de la capital, dispone de un dispositivo que la hace girar, permaneciendo siempre orientada cara al Sol.

Los analistas coinciden en que tras su muerte, muy poco del régimen va a quedar en pie, conjugándose la dialéctica de clases con la de estados, entre los partidos políticos (actualmente embrionarios) partidarios de Rusia y los de Estados Unidos y Europa.

La Unión Europea ha sido la más rápida, actuando de vocero de Estados Unidos y a través de Finlandia, que ejerce la presidencia de turno de la UE, ha mandado un teletipo de condolencia en el que seguidamente se incluía un exhorto a las autoridades: "aplicar los máximos esfuerzos para que las elecciones del nuevo presidente del país respondan a las normas internacionales". Es decir, sus normas, las de la UE, esas que no pudieron más que el veneno en Ucrania hace muy poco tiempo.


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