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Un sofisticado sistema antibalístico a base de satélite y radar que supera a los de la época de "la Guerra de las Galaxias" de la era Reagan, permitirá detectar y abatir a los eventuales misiles enemigos

EEUU amplía su influencia militar a las naciones del antiguo Pacto de Varsovia

Las nuevas instalaciones ya están a punto en Polonia; la República Checa y Georgia listas para el despliegue de radares

Martes 6 de marzo de 2007, por ER. Moscú

A pesar de la oposición de la población civil, los gobernantes de Polonia y República Checa se han comprometido con los Estados Unidos para servir de base a los radares que forman parte del más moderno y sofisticado sistema antibalístico del mundo

Desde hace un mes, se viene discutiendo sobre el proyecto de los EEUU de desarrollar un sistema de defensa antimisil contra un eventual ataque por parte de Estados pertenecientes al llamado "eje del mal", en especial, por Corea del Norte e Irán. Dentro de este proyecto, Estados Unidos está considerando instalar algunos elementos del sistema en territorios de Polonia, República Checa y Georgia.

En este sentido, se han conocido recientemente los datos de una encuesta a los checos, encuesta realizada por Ipsos-Tambor, que indican que la mayoría de los ciudadanos checos está en contra del emplazamiento en su territorio del radar que forma parte del sistema de defensa antimisiles estadounidense.

Un 55% de los encuestados se pronunciaron en contra de su instalación en la República Checa, y un 28,2% se han manifestado a favor de tal decisión. Sin embargo, lo que digan estas encuestas es poco significativo (salvo para aclarar las intenciones y deseos de los ciudadanos en general) para la Realpolitik ya que el primer ministro de la República Checa y líder del gobernante Partido Civil Democrático Mirek Topolanek dijo estar convencido de que «el eventual emplazamiento del radar en nuestro territorio es bueno para nuestros intereses, ya que potenciará la defensa antimisiles y seguridad de la República Checa y de Europa en general».

Todas las cuestiones ideológicas de lucha contra el «eje del mal», son música celestial para El Revolucionario. Lo que está en juego es otra serie de problemas derivados del resurgir de Rusia como potencia económica y militar. El continente eurasiático, en su sentido geográfico, es el biotopo donde se desarrolla gran parte de la dialéctica de Estados mundial. No sólo la biocenosis entre las naciones políticas de la Vieja Europa, sino también entre el Imperio realmente existente, China y «los témpanos flotantes, pero aún activos» de la Unión Soviética: Rusia y naciones del espacio de la posguerra fría. Rusia ha mostrado muy recientemente su enorme influencia en Europa a través de los problemas de precios en el suministro del gas, así como también vendiendo armas a Irán y la India. Ante la demostración realizada por Europa y otras naciones asiáticas, en los últimos años, de dependencia basal de Rusia, EEUU ha respondido con esta expansión de su influencia cortical más allá del Atlántico Norte, al mismo territorio del antiguo Pacto de Varsovia, donde pretende recortar la influencia rusa.

Precisamente en éstas naciones, tanto de Europa como de Asia Central, es donde radica el interés que mantienen los EEUU en Eurasia para comerciar, ampliar mercados y ganar áreas de influencia indirecta, con la intención de mantener a raya a Rusia y a China, en un proceso que va desde la caída del muro (guerra de Yugoslavia y generación de una república islámica en Kosovo), hasta nuestros días (instalación del escudo antimisiles en Polonia, República Checa y Georgia).


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