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Ante la organización continental de la derecha Iberoamericana

La izquierda mexicana: división, indefinición y ausencia de una estrategia continental

La ODCA arremete, sin miedo y sin eufemismos, contra los gobiernos populistas y neosocialistas sudamericanos. La izquierda mexicana, preocupada por la ética y “lo social”, la equidad de género o los matrimonios homosexuales, incapaz de responder en el terreno decisivo: el geopolítico.

Jueves 1ro de marzo de 2007, por ER. México DF

¿Por qué no hay por parte de la izquierda mexicana una organización dada a la misma escala en la que se configura la ODCA? Por que el acorralamiento ideológico es total.

Acorralada por la retórica del fundamentalismo democrático, imbuida de pensamiento Alicia, repitiendo una y otra vez, sin pararse a analizar las cuestiones, que quiere “ser moderna como en Europa” si no es que –en sus versiones extremas- se considera verdaderamente radical … y lo critica todo, y sin una teoría de la historia consistente que le permita salirse del callejón sin salida ideológico del indigenismo (todo lo que tenga que ver con España es de derecha; todo lo que tenga que ver con los indígenas es de izquierda), la izquierda mexicana es incapaz de articular un discurso desde el que se ordenen a escala continental sus posiciones políticas y geopolíticas definidas (las críticas radicales del tipo “otro mundo es posible”, “otras campañas”, “otros saberes”, nos parecen antes que otra cosa izquierdismo infantil y, en todo caso, izquierda indefinida muy funcional para el mantenimiento del statu quo).

En efecto, en fechas recientes, Manuel Espino, líder nacional del PAN y dirigente al mismo tiempo de la Organización Demócrata Cristiana de América (ODCA), junto con Vicente Martínez-Pujalte, del Partido Popular español, participó en Caracas en un seminario organizado por la COPEI (el partido socialcristiano venezolano) que, bajo el rótulo de “Una nueva propuesta política para Venezuela”, le permitió apuntalar la estrategia continental y geopolítica de la ODCA para sacar del poder a Hugo Chávez y, suponemos, a todo gobierno que se considere afín al proyecto de unidad bolivariana que el presidente venezolano defiende:

‘Aquí hay una simulación de separación de poderes. Nos preocupa la declinación de los legisladores para que el Ejecutivo reforme las leyes a su conveniencia. Eso traiciona los intereses de los venezolanos […] en América Latina no queremos caminar hacia el pasado, no queremos vernos en un proceso de regresión al autoritarismo, no queremos que en América Latina se vaya a reeditar la guerra fría que inició en Europa y que tanto daño le hizo al mundo, donde la confrontación ideológica entre sistemas autoritarios generó una gran lastimadura a la sociedad’.

Fueron algunas de sus declaraciones durante su estancia en Caracas.

El caso se nos ofrece, desde el punto de vista ideológico (pero también pragmático), de todo punto dramático, por que resulta que, por parte de los sectores pertenecientes a la órbita de la izquierda, no ha habido respuesta o confrontación de la tesis defendida por Espino. La pregunta que habría que responder es ¿por qué no hay respuesta? ¿Será acaso por que en el fondo no se apoya lo que está haciendo Chávez en Venezuela? ¿Pero entonces qué es lo que sí se defiende a escala continental? ¿Cuál es la posición geopolítica de la izquierda mexicana si se deja fuera a la retórica diplomática?

El chantaje y el acorralamiento ideológico no podrían ser mejores: durante la campaña electoral, el PAN y Felipe Calderón desplegaron una intensa campaña mediática con spots en los que se hacía ver que López Obrador sería y haría lo mismo que Hugo Chávez en Venezuela (“López Obrador es un peligro para México”). Ahora, es prácticamente imposible defender de algún modo a Chávez, por que entonces se dirá: ‘¿lo ven? Teníamos razón, López Obrador, el PRD, el Frente Amplio Progresista, la izquierda mexicana en general –la izquierda que no es moderna, dirán los socialdemócratas blandos e indefinidos- apoyan a Hugo Chávez y son muy muy autoritarios’.

¿Por qué no hay por parte de la izquierda mexicana una organización dada a la misma escala en la que se configura la ODCA? Por que el acorralamiento ideológico es total. Mientras la izquierda mexicana no tenga claramente definidas sus coordenadas y le permita rectificar decididamente su orientación ideológica; mientras siga inmersa en el idealismo histórico (la armonía absoluta, la tolerancia absoluta, la ética absoluta, la democracia absoluta, el respeto absoluto por “el otro”, etc.), en el radicalismo infantil y en el indigenismo indefinido (el problema fundamental de los indígenas no tiene que ver tanto con el respeto sublime a su “cultura e identidad” sino con su constitución efectiva en ciudadanos de la nación política mexicana de pleno derecho, verdaderamente libres y decididamente racionales a través de la educación pública, laica y racional otorgada por el Estado); mientras siga pidiendo perdón por su pasado comunista o socialista (fui socialista, pero pido perdón y no lo vuelvo a hacer), de tal suerte que tenga que estar presentándose de un modo a nuestro juicio vergonzoso como “izquierda moderna”, “izquierda responsable”, “izquierda confiable”; mientras siga la izquierda ahogándose en pequeños conflictos internos determinados por intereses de camarilla –problemas de pequeña política- y no tenga claridad ideológica continental y geopolítica; mientras todo esto suceda, la derecha, tanto la mexicana como la iberoamericana, seguirán actuando con paso firme, sin pedirle perdón a nadie y llamando las cosas por su nombre.


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