El Revolucionario

Portada > América > Bolivia > ¿Cómo se reforma un país que aboga por la Declaración de los Derechos (...)

Gracias al respaldo de la OEA (organización de Estados Americanos), Bolivia será la sede para la llamada declaración de los «derechos de los pueblos indígenas»

¿Cómo se reforma un país que aboga por la Declaración de los Derechos Indígenas?

Ante la futura redacción de una especie de «Tratado de Dignidad» a los «pueblos indígenas» de diversas latitudes

Miércoles 14 de febrero de 2007, por ER. Cochabamba

Está proyectado que sea en Bolivia, y en el mes de marzo, la redacción de una Declaración conjunta de los Derechos Indígenas

JPG - 22.7 KB

Gracias al respaldo de la OEA (organización de Estados Americanos), Bolivia será la sede para la llamada declaración de los «derechos de los pueblos indígenas». De esa forma, se prevee que para la última semana de marzo de 2007 se celebre en la localidad de Mallosa, cerca de La Paz, un congreso de relevancia para la redacción definitiva de los principios y postulados acerca de estas «naciones étnicas».

El representante permanente de Bolivia en la OEA, Reynaldo Cuadros Anaya, ha afirmado que espera que esta idea constituya todo un éxito para las expectativas reinantes, tanto de cara a las minorías indígenas que viven en reservas, como para el grueso de una población jornalera o campesina que se considera «plenamente» como «india» de origen.

Dentro del proyecto del cambio radical que el ejecutivo del señor Morales presentó hace ya más de un año, esta absurda Carta Magna vendría a suponer entonces, no solo la plataforma ideológica de su pensamiento irracional y mítico, sino la verdadera declaración de principios de un gobierno capitaneado por un líder que afirma que es posible modernizar Bolivia conservando el indigenismo «cultural» entre su «pueblo», es decir, (como define Gustavo Bueno) entre el conjunto de «ciudadanos vivos, en el presente, que intervienen en la vida pública».

No obstante, y sin perjuicio de que consideremos que es tan democrático un gobierno elegido por un electorado presuntamente «culto» respecto a uno que no lo es, sugestionado por las diligencias del llamado «líder populista» (pues ambos tipos mueven siempre sus elecciones por criterios «ciegos» que muy a menudo poco o nada tienen que ver con la materia de sus verdaderos programas políticos) es siempre peligroso entregarse a la dudosa lógica de la realización de políticas sólo en virtud de su inmediata aceptación pública, lo que, de un plumazo, echa a perder los intereses de prudencia o inteligencia política de proyectos inversores que, tal vez, a primera vista puedan resultar «antipáticos» a ojos de muchos, pero de cuyos efectos solo se puede adquirir una perspectiva a medio o largo plazo. Pero aún más osada, para nuestro caso, resulta la circunstancia misma de considerar y vender a la ciudadanía boliviana el mensaje de que escribir una Carta magna de derechos Indígenas sea la cumbre «moral» de un gobierno reformador.

Pero nuestra pregunta va más allá de la simple anécdota: ¿cómo se reforma un país como Bolivia, con las cuotas de pobreza más grandes de Sudamérica, con bajísima renta per cápita, desestructuración social (mal reparto de la tierra), eterna crisis industrial, etc, cuando se pretende encapsular a la llamada población «indígena» en los misterios mayores de unos derechos adyacentes, supletorios a los de su propio rango de «ciudadanos»?

En ese sentido, nos imaginamos que la ansiada Declaración, que pasará por todos los puntos míticos y absolutamente alegres de la perspectiva arcádica de los «pueblos primigenios» (reservas morales de la Humanidad, señor Evo dixit), no solo difiere en algo respecto a un auténtico proyecto de reconversión y modernización de Bolivia, sino que obliga al país a mantenerlo ideológicamente atado a la ilusión enfermiza de un «atraso consentido» en virtud de la situación histórica de sometimiento a la que se vieron tradicionalmente abocados los sectores de esta población andina.

JPG - 51.1 KB

Podemos imaginar que semejante Carta, futuro legado metafísico de Evo Morales a los «pueblos del mundo entero», no puede versar sino en forma de artículos tan disparatados como, por ejemplo, que todo indígena, «reserva moral de la Humanidad», tenga derecho a conservar su pluma y su taparrabos solo porque así lo disponen las leyes sagradas de sus antepasados, o que también posea el mismo derecho a seguir viviendo en su dulce rincón de la selva y adorando a sus dioses locales mientras mastica hoja de coca y escupe su residuo pegajoso pensando en las falacias del hombre «moderno», considerando, por otro lado, que ese dulce rincón es mejor que cualquier otro.

Si se pretende modernizar Bolivia, ¿cómo se aboga por el mantenimiento del status quo de un reducto social que vive bajo formas de existencia irracionales y míticas? ¿No es contraria a la civilización esta futura Declaración, que pretende conservar, como si estuvieran en un «zoo edénico», a unos cuantos individuos pobres e ignorantes? ¿Cómo se aplaude tanto lo que debería ser síntoma de preocupación, a saber, que Bolivia tiene las mayores franjas de pobreza y de analfabetismo en Sudamérica? Mal paso, sin duda, para reconvertir al país si lo que se pretende es reformarlo socialmente desde sus propias «raíces».

Más le valdría al señor Evo Morales invertir en educación para esos llamados «indígenas», sacándolos de su ignorancia endémica, integrándolos con el resto de la población boliviana y no olvidando, de paso, que la conservación de los ritos tribales solo es un fardo real para el futuro progreso boliviano en sus distintas vertientes.


El Revolucionario, el diario hispano global de crítica del presente
Seguir la vida del sitio Cumple con el estándar XHTML 1.0 Transicional Página realizada con hojas de estilos
Porque el Mundo sigue girando