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Mientras el «oso» echa un capote al «dragón»

No amaina en los Estados Unidos de América del Norte la controversia en torno a las pruebas de los misiles espaciales chinos.

«La superioridad norteamericana en el espacio podría verse amenazada en los próximos años» advierte la funcionaria imperial Theresa Hitchens.

Martes 30 de enero de 2007, por ER. Shangai

Las tensiones corticales creadas por los ensayos balísticos desarrollados por la República Popular China a principios de este mes continúan al parecer alimentando una interesante polémica política entre las variadas agencias de defensa del Cuerpo Político Imperial, llegando incluso algunos de sus funcionarios a solicitar una suerte de «tiempo muerto» en lo referente a la explotación militar del espacio exterior. Pero, ¿ quién puede asegurar el mantenimiento de cualquier posible acuerdo en este punto?... El Revolucionario responde: nadie.

Según parece, la polémica política desencadenada en los Estados Unidos de Norteamérica a consecuencia de los exitosos ensayos balísticos antisatélite llevados a cabo por la República Popular China el pasado 10 de enero no han tendido a amainar en los últimos días. Antes, podríamos decir, todo lo contrario. En particular, en los últimos días se ha destacado la «opinión», altamente autorizada sin duda, de la funcionaria imperial Theresa Hitchens, cabeza visible del Centro de Información para la Defensa, quien ha podido advertir de que si bien «Hasta el momento el espacio se ha mantenido en gran medida como zona de cooperación», «las tensiones» en cambio «podrían crecer a partir de ahora, especialmente en cuanto que los satélites son vulnerables a los ataques.»

Al hilo de tales declaraciones de la funcionaria, realizadas en el marco de una conferencia organizada por el Instituto George Marshall en Washington la semana pasada, Hitchens pronunció un «llamamiento» a los poderes públicos imperiales para que propicien, pese al supuesto «unilateralismo» que ha venido caracterizando la política imperial de defensa en los últimos años, la puesta a punto de un código de conducta entre las naciones con capacidad de «operar» civil o militarmente en el espacio exterior , dada sobre todo la ambigüedad que caracteriza al respecto al Tratado sobre el Espacio Exterior aprobado ,en plena guerra fría, el año 1967. Tal tratado, consecuencia directa del llamado «equilibrio del terror» así como de la política de «Destrucción Mutua Asegurada» ( MAD por sus siglas en inglés) «prohíbe», y ya es mucho decir, exclusivamente las pruebas nucleares y de otras armas de «destrucción masiva» en el ámbito del espacio exterior pero nada dice acerca de misiles antisatélite como los que China pudo probar en beneficio de su soberanía hace dos semanas.

Por eso, y a sabiendas de que, para decirlo con las propias palabras de Hitchens, por mucho que «la superioridad de los EUA en el espacio no tenga igual en el presente», podría sin embargo, tal superioridad, «verse amenazada por China en los próximos años», esta especialista en asuntos corticales, ha solicitado la firma de un nuevo acuerdo entre las principales potencias en liza, sosteniendo por lo demás que semejante pacto «es hacedero cuando los intereses mutuos se definen».

Pues muy bien, sin perjuicio de que este corresponsal por su parte no quiera ni pueda negar que tal acuerdo es en efecto «posible» sobre el papel ( «el papel- es bien sabido- lo aguanta todo»), de igual modo a como son también «posibles» otros muchos «papeles» de este o parecido signo, lo que sin embargo todavía no habría quedado demostrado con ello es quién puede asegurar que semejante «pacto», propuesto por Hitchens como es bien natural a convenientia partis, pueda en efecto «mantenerse» en la realidad «no literaria» por así decir. Sospechamos que, descartada la hipótesis de un «derecho supranacional» por razón de la pluralidad de naciones realmente existentes, nadie, más allá de los propios firmantes, puede «garantizar» el cumplimiento de este «pacto» y en todo caso, para acudir aquí al juicioso punto de vista de Espinosa en su Tratado Teológico Político,«el pacto no puede tener fuerza alguna sino en razón de la utilidad , y suprimida ésta, se suprime ipso facto el pacto y queda sin valor» de donde, «es necio pedir a alguien que nos sea siempre fiel a su promesa, si , al mismo tiempo , no se procura conseguir que al que rompa el pacto contraído , se le siga de ahí más daño que utilidad. Esta doctrina debe aplicarse sobre todo, en el momento de organizar un Estado». Es decir: ¿ Quién, salvo ejercitando un poder en la misma dirección y sentido contrario, va en efecto a «obligar» a China a «cumplir» con lo que pueda leerse en tales «papeles» cuando es así que el «derecho» de China «se extiende hasta donde llega su poder.»

En todo caso, y en un movimiento paralelo, interesa constatar como el «oso» ha venido en esta ocasión a echar un capote al «dragón»: efectivamente el prudentísimo Presidente Vladimir Putin en el contexto de su visita de estado a la India comentó acerca del ensayo chino y refiriéndose precisamente a los Estados Unidos de América del Norte que «China no es el primer país en efectuar dicho test».

La cosa promete seguir coleando en el futuro, El Revolucionario en cualquier caso mantendrá informados a sus lectores.


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