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Mientras los propagandistas del Imperio norteamericano afirman como es natural que el ensayo chino pone en riesgo satélites comerciales

China admite la prueba del misil antisatélite

El reconocimiento, tras doce días de silencio, profundiza en cambio en el armonismo al afirmar que tal prueba «no estaba dirigida hacia ninguna potencia en particular»

Jueves 25 de enero de 2007, por ER. Shangai

El pasado 11 de enero la República Popular China se unió al selecto club formado por las sociedades políticas capaces de derribar mediante el uso de misiles balísticos de medio alcance satélites espías situados en el espacio exterior.

La prueba, que habría afectado a un viejo satélite meterológico de la propia República Popular situado, según diversas fuentes a más de 850 kilómetros de altitud, suscitó como es natural las oportunas alarmas por parte de terceras potencias (particularmente: Estados Unidos y sus aliados) que pudieron considerarse amenazados formalmente por semejantes ensayos armamentísticos.

Pues bien, tras doce días de silencio, la portavocía del ministerio de asuntos exteriores del país comunista ha admitido por fin la realización de la prueba embarrándose en cambio en un confuso y contradictorio armonismo al manifestarse «partidaria de la desmilitarización del espacio exterior» negando además que tales ensayos hubiesen sido llevados a efecto con vistas a posibles conflictos bélicos con terceras potencias.

En una rueda de prensa convocada al efecto el pasado 22 de enero, Liu Jianchao, portavoz del Ministerio de Exteriores de la plataforma política que representa en nuestros días al sexto género de la izquierda definida, confirmó, con doce días de retraso, que la República Popular China habría desempeñado con éxito la prueba de un eficaz sistema de defensa anti-satélites, empotrando un misil balístico de medio alcance contra un satélite meterológico situado a más de 850 kilómetros de actitud.

La razón de una tal admisión ex post festum habría que buscarla, de acuerdo a las palabras del funcionario chino, a las «preocupaciones» expresadas a lo largo de la semana pasada por terceras sociedades políticas, de algún modo «concernidas» por dicho ensayo armamentístico. En este sentido es de rigor recordar los llamados de atención hechos públicos la semana pasada por los Estados Unidos y sus principales aliados (particularmente Canadá, Reino Unido , Australia o Japón).

De hecho el mismo 22 de enero, el Gobierno nipón de Shinzo Abe se había pedido públicamente a la ausencia de «explicaciones oficiales» oportunas en torno a tal prueba por parte de las silentes autoridades del «Imperio del Centro». En esta dirección, y en la rueda de prensa del martes, Liu contestó a la requisitoria japonesa del modo siguiente: «si determinados gobiernos quieren más información pueden formular sus preguntas» , es decir, «respondiendo» a la «inquisitoria» japonesa como quien razona, implacablemente, de esta manera: «si el Gobierno Japonés quiere “más información” sobre el hecho de que estamos probando misiles anti-satélite y desarrollando de este modo capacidades armamentísticas contundentes en defensa de la soberanía china, entonces tendríamos nosotros que preguntar a su vez al Gobierno Japonés qué parte es la que no entiende.»

En todo caso y aun cuando damos por sobreentendido que un argumento de este tipo es el que está funcionando en el ejercicio, las declaraciones del portavoz chino de asuntos exteriores tendieron a representar —aun cuando sólo fuese propagandísticamente— más bien una «interpretación» pacifista verdaderamente confusa y aun contradictoria de los «hechos» toda vez que, acaso abundando en el las llamadas a la «concordia universal» realizadas la semana pasada por los representantes australianos, Liu tuvo a bien manifestar que China, sin perjuicio de desarrollar poderosas armas de defensa que incluyen sin duda el trámite de disparos tierra-espacio (aunque eso sí, «disparos» que según las propias autoridades chinas «no se han llevado a cabo para amenzar a nadie en particular») , mantiene enteramente sus «compromisos» con la «desmilitarización del espacio exterior»: «China no tiene nada que esconder, siempre ha abogado por la desmilitarización del espacio exterior, se opone a una carrera armamentística en el espacio y nunca participará en ella.» En todo caso, la única forma cabal de interpretar este aserto, pronunciado en la misma rueda de prensa en la que se confirma que ha tenido lugar una prueba armamentística en el espacio, supone sencillamente considerarlo equivalente a esta otra formulación: China siempre abogará por la consolidación y el mantenimiento en el espacio de la Paz... Pekinesa.

Paralelamente agencias norteamericanas advirtieron el mismo día 22, por boca de la funcionaria Theresa Hitchens, que encabeza el Centro de Información para la Defensa. que el ensayo balístico en cuestión habría podido poner en órbita cantidades ingentes de «basura espacial», situando de este modo en grave peligro satélites comerciales extranjeros. Sin embargo, los responsables de las empresas más punteras dedicadas a la obtención de imágenes via satélite tales como Digital Globe o GeoEye han rechazado en todo caso la más mínima preocupación al respecto.


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