El Revolucionario

Portada > Materialismo Filosófico > SYMPLOKE

Introducción a la Filosofía para Bachillerato

SYMPLOKE

Gustavo Bueno, Alberto Hidalgo y Carlos Iglesias, Júcar, Madrid, 1987.

Jueves 13 de marzo de 2014, por Materialismo Filosófico

Pero las nuevas realidades –la Física cuántica, la Biología evolucionista, las Geometrías no Euclidianas, la Genética molecular, la Lógica simbólica, la Moral socialista, la Termodinámica de los procesos irreversibles, la Biología, la Antropología cultural, etc.–, han modificado profundamente el proceso histórico de la symploké de las ideas, y urge una reubicación de los parámetros y coordenadas de la razón.

Tejer y destejer la compleja urdimbre de nuestras representaciones intelectuales, a la altura de cada época histórica, ha sido, es y será siempre la tarea fundamental de la filosofía. Las hebras del conocimiento, que se enmadejan en su seno, se hallan en perpetuo estado de renovación y reciclaje. Sobre el gran zócalo de la cultura griega, la civilización occidental se ha empeñado trabajosamente en erigir estructuras estables y definitivas que los vientos huracanados de la cultura arruinan, sin compasión, en breve. El pensamiento sistemático, omniabarcador, cerrado, que logra en algún tiempo y lugar el equilibrio estático de una cúspide, ve pronto desmoronar los cimientos de su atalaya histórica por las armas analíticas que socavan sus fundamentos inamovibles. In medias res, entre la sistematización metafísica y el escepticismo organizado de la ciencia, la filosofía crítica mantiene el equilibrio dinámico de una concepción del mundo entendida como symploké, es decir, como un proceso mediador entre la posición analítica y la posición sistemática. La idea de symploké contiene la noción de mezcla pero también la de exclusión, la de incompatibilidad (uno de sus significados es, por añadidura, el de "choque de los que pelean"). Tal es la expresión que con este libro pretendemos inculcar en los alumnos que se acercan, por primera vez, al estudio de la filosofía en el bachillerato. En esto consiste la esencia del pensamiento crítico, en un ir y venir incesante y circular, en un progresar y regresar desde los conocimientos solidificados a los fundamentos que los soportan para develar su precariedad, pero también para continuar con el ejercicio de la reconstrucción racional. El ejercicio de la razón no se estanca sino que se transforma, siendo las innovaciones culturales los acicates y contenidos de su naturaleza.

Tal sería el sentido de la gran transformación de la conciencia filosófica iniciada por Hegel en la época contemporánea. Desde la Fenomenología del Espíritu las ideas no aparecen ya dadas en abstracto, de una vez por todas, sino históricamente. El propio Kant –hoy lo sabemos mejor– no escapó a esta ley. Su "sistema de la razón" no es otra cosa sino la codificación de la Física de Newton, la Biología de Linneo, la Geometría de Euclides, la Lógica de Aristóteles, la Moral de Rousseau, pongamos por caso. En una palabra, Kant es el filósofo de la revolución industrial, de la revolución científica, de la revolución francesa.

JPG - 12.6 KB
Gustavo Bueno, 1924.
La estrategia del materialismo filosófico se constituye como una alternativa crítica y racional tanto al escepticismo literario de los problemas como al dogmatismo cientifista de los resultados.

Pero las nuevas realidades –la Física cuántica, la Biología evolucionista, las Geometrías no Euclidianas, la Genética molecular, la Lógica simbólica, la Moral socialista, la Termodinámica de los procesos irreversibles, la Biología, la Antropología cultural, etc.–, han modificado profundamente el proceso histórico de la symploké de las ideas, y urge una reubicación de los parámetros y coordenadas de la razón. Naturalmente que un libro de Introducción a la Filosofía no es el lugar adecuado para instaurar una nueva Crítica de la Razón, aunque ésta sólo sea instrumental. Pero un libro de texto de bachillerato debe dar noticia, aunque sólo sea somera, de las nuevas transformaciones, so pena de condenarse a recitar escolásticamente alguna doctrina trascendental cuyas claves no concuerdan con los datos. ¿Cómo acometer tal tarea? Varias alternativas incitaban a los autores. La primera y más radical, hacer tabla rasa de instrucciones y programas oficiales. En este momento, en el que los aires de la reforma de las Enseñanzas Medias colocan a la Filosofía en la tesitura de adaptarse a la nueva situación, proponer una alternativa radical ante tanta entropía oficial y medioambiental resultaba excitante, pero poco oportuno. En realidad, no se trata tanto de cambiar los enunciados como de transformar los contenidos, las estructuras, las perspectivas. Por lo demás, un examen atento del mercado de libros de Texto de Tercero revela sin lugar a dudas que, independientemente de los programas oficiales, cada autor sesga los contenidos de acuerdo con presupuestos que los desbordan.

Dejando aparte la estrategia ecléctica que se limita a acumular materiales de aluvión sin orden ni concierto, dos grandes versiones parecen haberse acomodado entre los profesionales del saber filosófico: la versión cientifista y la versión humanista. Los cientifistas practican una suerte de harakiri filosófico consistente en sacrificar la versión crítica en aras de una de las ciencias particulares recogidas en el programa -la Lógica y la Psicología-, llenando sus clases de contenidos empíricos y formales, más o menos positivos. La filosofía yace así relegada a una lánguida y anémica referencia histórica que ha quedado sepultada por el esplendoroso florecimiento de los saberes positivos. Ya no hay problemas, sino soluciones dogmáticas, categorizadas, que el alumno debe limitarse a memorizar, sin planteárselos críticamente. La estrategia humanística, en cambio, es crítica, incluso hipercrítica; se opone a toda positivización, a toda solidificación categorial, incluso, a veces, en nombre de la dialéctica. El alumno debe descubrir los sugestivos problemas que le afectan de un modo tan personal que las propias estructuras culturales, conformadoras de su conciencia subjetiva, se disuelven. El resultado, en muchas ocasiones, no pasa de ser un ejercicio literario con apoyaturas poéticas y novelísticas. "Esto es el viento, nada se sabe aún, sino que pasa y luce".

La estrategia del materialismo filosófico, que ofrecemos en este texto, se constituye así como una alternativa crítica y racional tanto al escepticismo literario de los problemas como al dogmatismo cientifista de los resultados. La urdimbre cultural que nos envuelve –reconocemos– es compleja, pero no ininteligible; está salpicada de descubrimientos científicos interesantes, pero su significado no se agota en ellos mismos. El programa oficial ya no es un cursus philosophicus, pero los restos que han sobrevivido al naufragio de las escolásticas muestran interna (trascendentalmente, decía Kant) las resistencias de las Ideas filosóficas a ser engullidas por la marea positivista. Una Idea filosófica, para serlo, para tejerse en la symploké de los conceptos científicos y del mundo de la vida, debe ser totalizadora. Pero totalizar no es "abrazar" el mundo –¿desde dónde?– sino formular una contradicción interna en la cual queda comprometida la conciencia lógica total. Y las contradicciones sólo afloran diaméricamente a través de los datos positivos, en el enfrentamiento entre Psicología y Biología, entre Lógica y Matemáticas, entre Sociedad y Cultura, entre Etica y Derecho, entre Ciencia y Religión. Este libro está pensado para dar cuenta del sistema de las contradicciones actuales, que no es gratuito, sino que es producto de la tradición cultural. Debe, por tanto, fagocitar la idea misma de evolución, convertirla en sustancia propia, depurarla dialécticamente.

De acuerdo con estos presupuestos, hemos organizado el libro en cinco partes generales que desarrollan una cierta estructura circular. La primera parte constituye un Planteamiento general de los problemas filosóficos tal como se ofertan a la altura de nuestro tiempo. Pero estos problemas no pueden ser planteados al margen de las categorías cultivadas por las ciencias particulares. Distinguimos tres grandes grupos de categorías científicas: las psico-biológicas, las físico-matemáticas –incluyendo la lógica formal– y las antropológicas o socioculturales. De ahí que la segunda parte, La dimensión psicobiológica del hombre, ponga especial énfasis en problematizar los resultados empíricos que el moderno desarrollo de la etología, la genética de poblaciones, la biología molecular, la neuroanatomía, la ecología y la sociobiología, han tenido para conformar la Idea de Hombre, que ya no es un alma racional, un espíritu descarnado, un fantasma al margen del organismo. La tercera parte, a su vez, genéricamente titulada La dimensión lógico-racional del hombre, aunque constreñida por el programa oficial a subrayar los aspectos comunicacionales, pragmáticos y lingüísticos, involucrados en el proceso de la interacción humana, asume el lenguaje como una Idea, cuya realización categorial más cerrada y fuerte se halla cristalizada en las ciencias mal llamadas formales, –lógica y matemáticas. Con el hilo de la lógica matemática, hilo conductor de las ciencias naturales, se enhebran la metodología del saber científico, las cuestiones epistemológicas concernientes a la verdad y a la certeza del conocimiento y la imagen actual del mundo endeudada más que en ninguna otra época precedente por los desarrollos de la mecánica cuántica, la relatividad, la radioastronomía, la química de los elementos y la termodinámica de los procesos irreversibles. La cuarta parte, más restringida por el número de temas que el programa oficial posibilita, se titula La dimensión socioestatal del hombre e incardina en el sistema de categorías que se enfrentan dioscúricamente en las llamadas ciencias culturales (Materialismo cultural versus Antropología estructuralista, Positivismo jurídico versus Uso alternativo del derecho) al sujeto humano individual en el entramado de las estructuras del Espíritu Objetivo, desde las que emerge la reflexión crítica y en las que se agota el horizonte de sus realizaciones prácticas e históricas.

Tomadas en su conjunto, estas tres últimas partes constituyen el regressus trascendental desde los problemas filosóficos que suscitan la admiración reflexiva hasta la frontera del conocimiento positivo del cosmos y de nuestro lugar en él. Ahora, es necesario regresar a las evidencias de partida que dotan de sentido a nuestra existencia, a nuestra individualidad corpórea. Se trata de lo que Platón denominó el progressus. Este se ejecuta en la quinta parte, bajo cuyo título, La dimensión trascendental del hombre, abordamos algunas "cuestiones eternas" de la filosofía. Se trata de una eternidad bien precaria, porque la erosión de la historia ha hecho mella en ellas y las ha transformado. Constituyen el último refugio de la metafísica (la Etica, la Libertad, la Persona humana, la Religión), donde aún se parapeta la irracionalidad. El materialismo crítico-dialéctico, como se verá, rebasa también, sin hacerse reo de reduccionismo, las últimas trincheras del espiritualismo. Para sorpresa de positivistas y cientifistas tampoco aquí hay el silencio místico de los cementerios.

Dado el carácter de manual que tiene este libro no se omiten actividades ni lecturas recomendadas cuando procede. Como técnica general los temas se hallan introducidos y entreverados con citas literales y fragmentos que pueden ser objeto de comentario. Una guía para el comentario de textos filosóficos se ofrece en el Apéndice del libro, cuya lectura recomendamos desde el principio. Seguimos pensando con Kant que un libro de filosofía no se agota en un recetario de técnicas pedagógicas. No hay crítica sin saberes previos, pero tampoco saberes sin contenidos.


El Revolucionario, el diario hispano global de crítica del presente
Seguir la vida del sitio Cumple con el estándar XHTML 1.0 Transicional Página realizada con hojas de estilos
Porque el Mundo sigue girando