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La crisis argentino-española desborda los límites de esas naciones

El caso YPF-Repsol

Las reacciones se disparan a lo largo y ancho de hispanoamérica y en foros diversos

Miércoles 18 de abril de 2012, por ER. México


Pareciera imposible empeorar más el panorama económico político de España en estos momentos, pues en el seno de una crisis económica nacional y europea (de la eurozona) de severas implicaciones, el recientemente formado gobierno de Mariano Rajoy tiene que encarar ahora también la medida tomada por el gobierno argentino de nacionalizar la petrolera YPF, hasta hace no mucho bajo control (como accionista mayoritario) de Repsol.

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Mariano Rajoy y Cristina Fernández
Choque de intereses nacionales y cruce de estrategias geopolíticas

Se trata de una medida que, desde una primera aproximación, podría acaso interpretarse desde un punto de vista materialista como encaminada a recuperar el sentido y finalidad basales originarios de la empresa creada a principios del siglo XX como la primera petrolera estatal integrada verticalmente y organizada con el propósito de estructurar basalmente al estado argentino; un sentido que queda plasmado en los tres términos de que consta su nombre y que podría ofrecerse como índice del rango de categoría geopolítica del asunto en cuestión: Yacimientos Petrolíferos Fiscales.

Son varios los planos dialécticos los que se cruzan en una medida estatal (más que popular o del pueblo) que, como decimos, se sitúa en la escala geopolítica de configuración estatal del orden capitalista mundial: el plano, precisamente, geopolítico (de grandes placas geopolíticas o imperiales), el plano internacional-estatal (de ortogramas políticos estatal-nacionales enfrentados) y el plano nacional (de disposición interna de fuerzas económico políticas y empresariales y de formaciones político partidistas).

Acaso sea pertinente descartar las categorías de imperialismo, en el sentido de Lenin, o neocolonialismo, en el sentido tercermundista, para tratar estas cuestiones, pues el utilizarlas arrastra toda una serie de matizaciones y significados inoperantes en un contexto internacional como el actual, marcado como se sabe por el colapso de la Unión Soviética y el potente protagonismo del capitalismo de Estado chino. No queremos descartar a Lenin en absoluto, pero creemos que, en el caso concreto que nos ocupa (el de las relaciones entre España y América), la utilización indiscriminada de la palabra imperialismo hace que se desvíe su sentido leninista hacia el sentido de la Leyenda Negra indigenista, transformándose en un esperpento conceptual e ideológico lamentable a través del cual se nos quiere hacer pensar que, por ejemplo, Repsol, Telefónica o, si se quiere, Rajoy o Aznar son reencarnaciones de Hernán Cortés o de Pizarro o de Torquemada, y que lo que está teniendo lugar con estas empresas españolas no es otra cosa que una reconquista (Una nueva "reconquista" de México es el título de uno de los artículos que sobre esta cuestión aparece en la revista mexicana Proceso, en su número del 15 de abril de 2012). Y una interpretación como esta es, además de infantil, falsa e imprecisa, porque ni Cortés ni Pizarro, pero tampoco Moctezuma, Cuauhtémoc o Tupac Amaru sabían lo que era el petróleo como combustible fundamental, además de que, en todo caso, el petróleo que yace bajo los territorios de Argentina o de México solamente pudo haberse encontrado (y explotado y expropiado) luego de que, en efecto, Cortés y Pizarro llegaron y conquistaron América. Es una interpretación, decimos, desafortunada y pueril, que deja de lado el hecho fundamental de que tanto España como América forman parte de -digámoslo así- un mismo colado histórico político, y que no se puede comparar, con todos los respetos, las relaciones entre España y América como si América fuera África.

Habría entonces que buscar una categoría alterna que nos permita entender las cosas desde otra perspectiva. Podríamos acaso hablar, más que de imperialismo, de propagación capitalista como dinámica de configuración de las relaciones económicas, de producción y político estatales que tiene como dispositivo central la figura de la sociedad anónima. Y en este plano de propagación capitalista el petróleo ocupa un lugar cardinal y geoestratégico en términos basales.

Y aquí aparecen las contradicciones y el antagonismo de ortogramas en todos los niveles. Desde el plano geopolítico, resulta ser que, según nota del Financial Times, Repsol tenía contemplada la venta de la participación accionaria total de su filial argentina (YPF), del orden del 57.4%, a la empresa china China Petroleum & Chemical Corporation por un total de 15 mil millones de dólares. El conocimiento de este plan (que perfectamente queda incorporado en el ortograma geoestratégico de cualquier empresa estatal o privada de envergadura mundial, como Pemex, Cemex o Petrobras) habría llevado al gobierno de Cristina Fernández a adelantarse en la nacionalización de la empresa para impedir venta semejante. La decisión de nacionlizar habría sido previamente consultada con Barack Obama en el contexto de la Cumbre de Cartagena (en donde, por cierto, la tonta útil de Shakira hizo gala de su estulticia política al querer figurar como líder e ideóloga latinoamericana), habiendo logrado Fernández el apoyo o "neutralidad" del emperador Obama.

Tenemos entonces que, como no podría haber sido de otra manera, una decisión soberana como la argentina sólo pudo haberse tomado con el respaldo imprescindible para mantenerse en ella: el respaldo de Estados Unidos estaría acaso destinado a frenar la entrada China pero para privilegiar, bajo el formato jurídico procedente, a alguno de los emporios petroleros de Estados Unidos, sobre todo teniendo a la vista las perspectivas abiertas en función del yacimiento de Vaca Muerta (la tercera reserva de petróleo más grande del mundo).

Las reacciones a escala internacional-estatal se nos ofrecen polarizadas: por parte del gobierno de España, Mariano Rajoy, que está por cierto de visita por México, ha condenado la medida argentina, señalando los riesgos que para todos (entendemos que ese "todos" del que habla Rajoy es la comunidad de naciones hispanoamericanas) implica medida semejante, sobre todo por los efectos disuasorios de la inversión extranjera en los países hispanoamericanos. En ese mismo sentido, el gobierno de México, a través de Felipe Calderón, se suma a la condena de Rajoy contra Argentina, plegándose al ramplón y paupérrimo discurso empresarial para decir la genialidad de que, con medidas como estas, "las inversiones y los inversores se van a espantar y no vendrán a nuestros países". Del lado argentino se han sumado los gobiernos de Venezuela y Bolivia.

Y a escala nacional el caso nos ofrece una paradoja: mientras en Argentina o en México el nacionalismo es una variable fundamental (y Cristina Fernández está apuntalando sus acciones precisamente en función de esa variable), en España no lo es, pues el complejo anti-español de los españoles hace imposible que pueda hablarse desde o en función de la idea de la nación española en un sentido histórico político, teniendo solamente entonces la posibilidad de plantear las cosas desde las coordenadas económico-empresariales.

Creemos en todo caso desde El Revolucionario que, tal como hasta ahora puede verse, el caso YPF-Repsol se nos ofrece como un enroque geopolítico destinado a frenar la entrada china en la órbita de intereses petrolíferos americanos (y decimos aquí americanos contando también con Estados Unidos) en desmedro de, como lo ha reportado la corresponsalía de ER desde Quito, la inestable y siempre pospuesta articulación y concordia de las naciones hispánicas. Acaso sea este el drama de nuestro tiempo: el choque de ortogramas nacionales obstaculizará eternamente cualquier proyecto de unidad.

Queda una pregunta por responder: ¿por qué Repsol pensaba vender su filial a China?

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Propagación capitalista de estado china
La nacionalización de YPF puede acaso haber estado condicionada por la necesidad de bloquear a China

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