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Candidato listo
El bloque de la izquierda política nacional tiene listo a su candidato a la presidencia
Sábado 11 de febrero de 2012, por ER. México
Esta es la segunda ocasión que López Obrador luchará por la presidencia de la República. Luego de la crisis de 2006 y no habiendo reconocido el resultado de la elección mediante la que se impuso Calderón al mando del Poder Ejecutivo de la nación, puso AMLO en marcha un sui generis movimiento de resistencia civil y política desde el que desplegó una estrategia de campaña por seis años, recorriendo todos los municipios del país (es el único político mexicano que lo ha hecho en la historia), para llegar a 2011 como el indiscutible candidato de la coalición de la izquierda nacional (PRD, PT y Movimiento Ciudadano, antes Convergencia) para competir en 2012 por la presidencia.
Durante estos últimos 6 años, del 2006 a la fecha, político-electoralmente el PT se convirtió en un aliado estratégico de AMLO. Recuérdese: la plataforma electoral que lanzó su candidatura en 2006 estaba formada por el PRD, el PT y Convergencia. Del PRD se está más o menos al tanto: reagrupación de la cuarta generación de la izquierda mexicana, la de la revolución democrática, que nace en la década de los 90 con un discurso de transición democrática luego de haber abandonado la idea de razón socialista.
Por cuanto a Convergencia (transformado ahora en Movimiento Ciudadano), se puede decir que es un partido de orientación socialdemócrata, conformado de manera general por ex-priístas socialdemócratas y ex-colosistas (Luis Donaldo Colosio fue el candidato del PRI a la presidencia asesinado en 1993), aunque se trata de un partido con un anclaje regional fundamental: es creación de Dante Delgado, un político ex-priísta que fue gobernador de Veracruz y hoy aliado estratégico también de AMLO.
Por cuanto al PT, se trata también de un partido nuevo, creado en la década de los 90 como agrupación del maoísmo en México a cuya creación hubo incluso de contribuir algún miembro de la familia Salinas de Gortari.
Tras la crisis de 2006, los tres partidos conformaron el Frente Amplio Progresista (FAP), hoy llamado DIA (Diálogo por la reconstrucción de México, coordinado por Manuel Camacho). Cuando la facción de Jesús Ortega se apropió del partido puso en operación una estrategia de deslegitimación de AMLO, acercándose con el gobierno federal. Esta corriente de Ortega es la principal enemiga interna de López Obrador y su movimiento. Y es en función de ese antagonismo de fuerzas al interior del PRD que Andrés Manuel buscó respaldo y apuntalamiento político fuera del partido: en el PT y en Convergencia, precisamente.
A partir de 2006 se organiza la plataforma del Gobierno Legítimo. Existía entonces, por un lado, los tres partidos (PRD, PT, Convergencia) articulados en el FAP como dispositivos de operación electoral y burocrático-partidista; por otro lado, estaba el instrumento del Gobierno Legítimo, que fue la estructura con la que AMLO se puso a hacer campaña (a recorrer el país entero) de 2006 a la fecha.
Estaba además la otra pre-candidatura fuerte para contender por la presidencia por parte de las izquierdas: Marcelo Ebrard, actual Jefe de gobierno del DF. Otro aliado fundamenta de AMLO en todos los sentidos.
Todo esto pasó a transformarse en MORENA (Movimiento Regeneración Nacional), que de momento es una Asociación Civil pero que, muy seguramente, pasará pronto (después de la elección de 2012) a ser un nuevo partido político.
El proceso de decantación de la segunda candidatura de AMLO fue más o menos así: Marcelo Ebrard se mantuvo fiel al acuerdo histórico entre ambos, manteniendo hasta donde fue posible un perfil mesurado en la Jefatura de gobierno del DF (decimos mesurado porque la ciudad de México es una plaza política codiciada por cualquier político para promoverse a escala nacional); y en la lógica de su legítima aspiración por la candidatura (el pacto era: "el que mejor posicionado esté, AMLO o Ebrard, será el candidato"), no le quedaba otra más que jugar con el grupo de Ortega. Pero fue siempre un acercamiento instrumental, nunca orgánico, pues el movimiento de piezas y de fuerzas estaba siempre equidistante lo más que se pudiera, y siempre sin romper con López Obrador.
Y AMLO, por su parte, en la inevitable disputa interna (en el PRD, sobre todo) que tenía que darse, amagaba siempre en la disputa, dando la señal de que, en caso de que no quedara por el PRD, podría lanzarse como candidato o por el PT o por Convergencia.
Pero el proceso tuvo un desenlace positivo en todos los sentidos: el DIA de Manuel Camacho logró poner de acuerdo a todos los interesados (AMLO, Ebrard, y los tres partidos en cuestión) para que fuera mediante el sistema de encuestas como se lograra establecer quién sería el candidato. En la encuesta, realizada cercano el fin de 2011, AMLO quedó como ganador, y Ebrard aceptó el resultado, sumándose al proyecto de esta segunda candidatura de López Obrador.
Y a inicios de esta semana, en inédito e inesperado evento, el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas se sumó a la candidatura de López Obrador, sellando una fractura interna importante al interior, sobre todo, del PRD: la fractura AMLO-Cárdenas.
Todo listo entonces del lado de las izquierdas: una segunda candidatura de Andrés Manuel López Obrador apuntalada y respaldada por MORENA (Movimiento Regeneración Nacional): toda una estructura que incorpora pero que desborda a los partidos políticos que en 2006 lo impulsaron (PRD, PT y MV) y que a lo largo de los últimos seis años se ha consolidado como un verdadero movimiento político-social de escala nacional.
Ideológicamente, la candidatura de AMLO sigue moviéndose dentro de las coordenadas generales del nacionalismo, que viene a pasar a ser la variable independiente en función de la que se repliegan otras variables: la socialdemócrata, la anti-neoliberal, y las más indefinidas (indigenista, ecologista, anti-globalización, etc.).
Los sondeos de opinión, al día de hoy, varían según la empresa encuestadora y según las fechas de realización de los estudios. Hace meses se pensaba que Enrique Peña Nieto, del PRI, sería el virtual ganador, pero una vez definida la candidata del PAN, Josefina Vázquez Mota, las cosas comenzarán en realidad a ponderarse con más objetividad. Y no son pocos los que hablan, en general, de un empate entre los tres. Pero, sin duda ninguna, la de López Obrador es la candidatura más trabajada, más consistente y más sólida social y políticamente hablando. Pero nada de esto garantiza su triunfo.