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La retórica ramplona anti-neoliberal es la "salida crítica" fácil para todo

Contra el humanismo "crítico" sociologista

Se señala una deriva ideológica que lo permea todo

Domingo 24 de abril de 2011, por ER. México


El marco general de esta nota es la crisis orgánica a la que está sometida en la actualidad la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM), cuya rectora, la doctora Esther Orozco, ha quedado expuesta a la dura crítica de multiplicidad de sectores (académicos, estudiantes, activistas, periodistas, etc.) que arremetieron con furia contra ella tanto por las modificaciones institucionales y académicas que quiere poner en práctica como por declaraciones que, en función de esto, hizo recientemente, habiendo criticado las trabas de variado tipo que, a su juicio, tienen a la universidad en una suerte de pantano burocrático-administrativo y académico (también gremial, habría que decir).

Entre otras cosas, la doctora Orozco declaró que, por ejemplo, en los 9 años de funcionamiento de la universidad, y de un total aproximado de cerca de 11 mil alumnos, en el período en cuestión se han titulado tan sólo un crítico, humanista, ético, fraterno y solidario total de 47 alumnos, además de que, también y por otro lado, lanzó una dura declaración contra una serie de grupos políticos que, desde su fundación, tienen ocupados espacios al interior de la universidad (dinámica que, por lo demás, es típica no ya dentro de cualquier universidad, sino dentro de cualquier institución; lo saben muy bien los clásicos de la administración pública: toda institución, toda, genera su propia burocracia y sus grupos de interés internos).

Todo esto por cuanto a las declaraciones de la rectora que, de inmediato, activaron las críticas contra ella, al grado de que, en el Consejo Universitario que recientemente tuvo lugar, algunos estudiantes pidieron su destitución como cabeza de la UACM: "Orozco o la educación neoliberal", condenaron algunos, según se reportó en la prensa nacional; Orozco no defiende el proyecto original de la universidad, defiende una universidad "eficientista", hubieron de decir otros.

Y es aquí a donde queremos llegar, porque la clave de la cuestión es el plano al que se llevan las críticas no ya nada más a algún paquete de reformas que, como en el caso de la UACM, se quieran acaso llevar adelante, sino a toda medida que, en el plano económico-administrativo, se presenta a la opinión pública. Porque lo que se ha convertido ya en algo irritante y cansino, es la muletilla favorita de activistas izquierdistas de aquí y de allá, a saber: la crítica genérica pero eterna y permanente al neoliberalismo como la razón única y maestra de todos los males del país, una crítica que se hace para defender, como alternativa ("otro mundo es posible") al humanismo crítico y tolerante, solidario, fraterno, amoroso, no competitivo.

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El fantasma de super-progre
Que piensa que con humanismos éticos y metafísicos se logrará derrocar al imperialismo

Advertimos así desde ER.México que el anti-neoliberalismo se nos ofrece ahora como la salida fácil, retóricamente ramplona, simplista y periodística de un izquierdismo activista, sociologizante y "humanista" muy característico de nuestros días, que, sumido en un doctrinarismo cerrado y oscuro, dogmático y sectario, pero sobre todo no dialéctico (no acepta crítica alguna), mantiene las discusiones en niveles menesterosos en términos conceptuales y teóricos.

Cualquier reforma, cualquier cuestionamiento sobre la pertinencia de tener tan sólo 47 egresados en 9 años es considerado como neoliberal, eficientista, discriminatorio, xenófobo, no humanista ni crítico y un largo etcétera, como si en la Unión Soviética no hubiera sido necesario tener las normas más rigurosas, eficientes y eficaces, para ponerse al día en términos de industrialización, de potencia atómica y militar, científica y tecnológica, y mirar al tú por tú a las potencias occidentales. ¿Cómo se imaginan estos tontos útiles críticos anti-neoliberales humanistas y anti-eficientistas que logró Stalin vencer a Hitler en la batalla de Stalingrado? ¿Cómo creen que lograron construir la bomba de hidrógeno? ¿Cómo creen que lograron dar inicio a la guerra espacial con el Programa Sputnik a fines de la década de los cincuenta del siglo XX? ¿Con tolerancias y humanismos fraternos? ¿Con multiculturalismos? ¿Solapando a curanderos tibetanos o a pueblos originarios del Cáucaso? No señores: con rigor científico, con exigencia académica, con excelencia, sí, excelencia, logrando crear los mejores científicos de su tiempo, competitivos, sí, pero para competir y vencer a los científicos occidentales (al final, lo sabemos, no lo lograron) y defender la posibilidad de una vía socialista al desarrollo mundial.

Sabemos muy bien de la agenda del Banco Mundial y del FMI en materia educativa; sabemos muy bien de los planes Bolonia y de los intentos de desmantelar a la universidad pública, y ante todo eso estamos también, desde ER.México, en contra, pero no lo hacemos desde ese humanismo tolerante y pánfilo desde el que ahora la izquierda anti-neoliberal se sitúa, sino desde un racionalismo materialista crítico y dialéctico, socialista y ateo, no relativista ni multiculturalista, sino defensor de una estrategia llamada a lograr que la universidad pública mexicana sea la más exigente, la de mejor calidad, la más eficiente, la más rigurosa, la de mayor excelencia del país, porque sabemos que es un mito rotundo la excelencia de muchas universidades privadas que no producen otra cosa que analfabetos ideológicos funcionales, inflados y engreídos, pero consumidores satisfechos de cursos de cábala y terapias de salvación y sanación diseñadas para gente, precisamente, sin educación.

En definitiva, si de criticar al neoliberalismo en tanto que proyecto geopolítico e ideológico se trata, esa crítica no puede hacerse desde un humanismo metafísico relativista y tolerante de todo, falsamente crítico, sino desde un proyecto de racionalidad exigente, riguroso, dialéctico y eficaz para llevar adelante la construcción de una plataforma geopolítica que, como en su tiempo quiso ser la Unión Soviética, sea capaz de sacudir en sus fundamentos las estructuras reales de poder del orden internacional. Y no decimos esto, para terminar, desde un anti-poder libertario igualmente pánfilo y metafísico, sino desde la consciencia plena de que, como tanto Maquiavelo como Lenin bien sabían, no es que estemos en contra del poder, es que queremos que el poder esté, primero, de nuestro lado, y, después, en nuestras manos.


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