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Entre el formalismo y el debate basura

Sobre el Estado laico

Se reabre la polémica entre el GDF y la jerarquía católica

Martes 4 de enero de 2011, por ER. México

Talibanes laicistas, fue el rótulo con el que la Iglesia católica activó nuevamente desde su semanario Desde la fe la polémica abierta con el Gobierno del DF y la Asamblea Legislativa del DF, descalificando así las posiciones que en ambas instancias locales del PRD han sido mantenidas con relación a una serie de reformas legislativas en materia de «derechos homosexuales»

Talibanes laicistas, fue el rótulo con el que la Iglesia católica activó nuevamente desde su semanario Desde la fe la polémica abierta con el Gobierno del DF y la Asamblea Legislativa del DF, descalificando así las posiciones que en ambas instancias locales (en este caso, del jefe de gobierno y de la bancada del PRD) han sido mantenidas con relación a una serie de reformas legislativas en materia de derechos homosexuales y de derechos de las mujeres (el mal llamado matrimonio homosexual, el derecho a la adopción de tales "matrimonios", legalización del aborto, etc.).

Ante el avance de tales reformas, puestas en marcha fundamentalmente durante 2010, la Iglesia católica se había estado manifestando en contra, algunas veces haciéndolo por voz de representantes que en poco contribuían al nivel de la polémica, ofreciendo a periodistas declaraciones de notable simplismo y vulgaridad.

Por motivos de las fiestas navideñas, se había llegado a una suerte de tregua por ambas partes, pero nomás dió inicio el año 2011 y la iglesia arremetió -como decimos- con nuevas declaraciones dirigidas contra la intolerancia de quienes ahora podríamos caracterizar como fundamentalistas laicistas.

Pero es que la cuestión es que, en general, la polémica sostenida desde uno y otro lados se ha mantenido en un nivel verdaderamente lamentable y bochornoso, pues tanto funcionarios, legisladores y activistas en favor de las nuevas reformas "en favor de las minorías" como, ya lo decimos, algunos miembros de la jerarquía católica se han dedicado a lanzar acusaciones que, además del simplismo del que muchas veces adolecen, se dibujan desde planos de implicación completamente distintos.

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Basílica de Guadalupe
Institución católica... y no protestante, musulmana o budista

Y la confusión ha sido la única beneficiada en este problema. Los que llamaremos de manera genealizada activistas progresistas, no hacen otra cosa que remitir una y otra vez al carácter laico del Estado según está dispuesto en la Constitución de la República. Y eso es todo a lo que les es dado llegar: a aferrarse al formalismo jurídico e ideológico desde el que, en el papel, México es un Estado laico en el que ninguna religión (pero singularmente la católica) puede tener ingerencia en los asuntos públicos. En su más puro estado, el Estado laico, sostendrán acaso, ignora o debe ignorar las religiones y ni siquiera las reconoce como una realidad social o institucional.

El repliegue y cerrazón desde los que tal posición reduccionista es asumida, asunción que se niega por principio a "entrar en materia" desde un punto de vista dialéctico y, sobre todo, político (porque la cuestión es que niegan la política como argumentación y crítica dialéctica, remitiendo todo conflicto a los tribunales judiciales, es decir, judicializándolo todo), es acaso lo que ha llevado a la jerarquía católica a tachar de talibanes -o de fundamentalistas o fanáticos, diríamos nosotros- laicistas a estos activistas progresistas.

Pero es que el problema, desde las coordenadas materialistas desde las que ER.México escribe, reside precisamente en ese formalismo ideológico y jurídico en el que el progresismo socialdemócrata se sitúa, porque al atenerse fundamentalistamente (si se puede decir así) a lo expuesto en la constitución, incurre en una metodología idealista en la que se prescinde o en la que se hace abstracción de los contenidos materiales de la sociedad política de la que se habla; porque si vemos las cosas desde un punto de vista objetivo (material, no ideal), lo que tenemos ante la vista es una sociedad (sociedad civil, se dirá), la mexicana, que histórica y culturalmente se ha configurado a lo largo de los siglos como una sociedad católica (y no musulmana, budista o taoísta), y es así como, desde esta perspectiva, lo que se defiende hasta con los dientes -el Estado laico expuesto en la constitución- se nos ofrece ahora tan sólo como una simple superestructura jurídia, como una ficción ideológica que mantiene a los fundamentalistas laicistas literalmente en el cielo.

Otra cosa muy distinta es que la Iglesia católica hable desde la fe (como precisamente indica su semanario), cosa que nos sitúa a cientos de leguas de distancia, pues es imposible que nosotros hablemos, como materialistas que somos, desde la fe: desde donde hablamos es en todo caso desde un ateísmo católico (y aquí pueden aparecer claves para destrabar tan lamentable, por conceptualmente menesterosa, polémica).

Y es así entonces como tenemos el vacío dialéctico de la polémica que hemos aquí querido consignar: unos hablan desde la tierra pero desde la fe, otros hablan fuera de la fe pero desde el cielo de su formalismo e idealismo jurídico y desde un analfabetismo filosófico político lamentable, y se niegan en definitiva a dar beligerancia dialéctica, manteniéndose en el plano de los argumentos sofísticos. Diálogo de sordos y en el vacío, pero a ras de suelo intelectualmente hablando, como se ve. Esta es la cuestión.


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