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¿Táctica?, ¿estrategia?, ¿ruptura?

Sobre las alianzas políticas

El PRD y el PAN se aliaron en las elecciones locales pasadas; para la próxima, la alianza implicaría una ruptura con AMLO

Lunes 11 de octubre de 2010, por ER. México


"Otra victoria de estas y estamos perdidos", podríamos muy bien decir, por paradójico que pudiera en primera instancia parecer, a la luz de la "victoria" electoral de la sórdida alianza entre el PRD y el PAN que hubo de fraguarse en las elecciones locales pasadas: fundamentalmente en los estados de Oaxaca, Puebla y Sinaloa, donde, en efecto, la alianza "ganó" (la pregunta estratégica aquí es ¿quién ganó en realidad? y, además, ¿qué se ganó?).

Y esto es así porque, en la elección que viene, en el Estado de México en 2011, elección que será sin duda un preámbulo definitorio de cara a las elecciones nacionales de 2012 (elección presidencial, renovación del Congreso de la Unión), la estrategia de alianza entre el PRD (de la mano de Jesús Ortega y Manuel Camacho como estratega "externo") y el PAN está cocinándose nuevamente.

Ahora bien, hemos dicho que la clave estratégica (y no táctica) es saber quién ganó en las elecciones pasadas (en el caso que nos ocupa, es decir, en los estados donde se aliaron el PAN y el PRD) y qué es lo que se ganó. El argumento esgrimido por los promotores de la alianza (el lamentable y miserablemente patético Jesús Ortega y el maquiavélico (o ¿será Talleyrandiano?) al tiempo que -no lo negamos- inteligente Manuel Camacho) se sitúa en la retórica del fundamentalismo democrático para afirmar que quien ganó es, atención: la democracia sublime, toda vez que fue el autoritarismo del PRI el verdadero enemigo vencido en los estados victoriosos de la alianza, un autoritarismo que, manifestado en su modulación mexiquense (en el Estado de México), habría así de ser visto otra vez como el antagonista fundamental.

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Calderón y Jesús Ortega
Alianza contra el PRI... y contra AMLO

Y no está de más añadir aquí que Enrique Peña Nieto, actual gobernador del PRI en ese estado, goza de una amplia aceptación en los sondeos de opinión en las proyecciones que apuntan a la elección presidencial de 2012.

Tenemos entonces que en la elección de 2011 estarían matándose dos pájaros de un tiro, pues al tiempo de estar abriéndosele paso en el estado de México a la sublime Democracia que nomás no llega y que nomás no termina de "consolidarse" en el país, se estaría también dando un golpe -de muerte o de gracia quisieran acaso algunos- a la candidatura del señor Peña Nieto de cara a la elección del 2012. ¿Qué más se podría desear, señores? ¿Llevar la Democracia al Estado de México y acabar, así, con el "autoritarismo del PRI"? ¿Quién se atrevería a desear otra cosa?

Pero lo que se olvida es que éste fue precisamente el mismo argumento utilizado en el año 2000 para "sacar al PRI de Los Pinos" y del poder, y para lograr llevar adelante la tan exitosamente promovida "transición democrática" en México. Y aquí está el engaño fundamental: que esa Democracia, defendida tan eufemísticamente desde el fundamentalismo democrático no significa en realidad nada, son puras palabras, puesto que el cambio fundamental y estructural (estratégico y no táctico) del país había ya iniciado desde años antes al 2000, sobre todo desde 1988, cuando el grupo encabezado por Carlos Salinas de Gortari y, precisamente, Manuel Camacho (quien fue el estratega y el táctico de la entronización del grupo salinista en el poder del régimen y del sistema... grupo con el que después rompería), orquestó la reorganización de los equilibrios políticos al interior del Estado mexicano (desmantelamiento de empresas estatales, debilitamiento de los gobernadores, fortalecimiento de Elba Esther Gordillo como secretaria del sindicato de maestros y Nueva Alianza con ella) y el cambio de rumbo económico-ideológico en el que quedó trabado México desde entonces hasta el día de hoy (reprivatización de la banca, Tratado de Libre Comercio, desnacionalización del marco ideológico del régimen).

En 2000 no se transitó a la Democracia, no señor (y, además, ¿qué significado que no sea el retórico puede tener "transitar" hacia algo?); lo que sucedió fue una transformación por anamórfosis de un mismo régimen económico político ya diseñado por vía de una recombinación de sus partes pre-existentes. Es decir, en 2000 -y 2006 fue la corroboación orgánica e irrefutable de ello- lo que se logró fue el afianzamiento, con una nueva forma acaso ("el PAN en el poder"), del régimen político del México actual.

La trampa consiste entonces -y esa ha sido acaso la trampa ideológica fundamental de los útlimos años- en hacer de la táctica la estrategia, puesto que se quiere hacer pensar que la alianza, el diálogo, la tolerancia y el entendimiento entre las distintas partes y los distintos actores sociales y políticos, aliados todos democráticamente contra el autoritarismo, es la estrategia misma, es decir, que el método es el fin, cuando de lo que se trata es del antagonismo estructural entre dos proyectos orgánicos de rearticulación y reorganización del Estado y de la sociedad política en su conjunto.

¿Cómo puede esperarse que sea dable un cambio estructural, orgánico, de la mano de una alianza con un partido, el PAN en este caso, que estratégica e históricamente ha cumplido la función de impedir que un proyecto de izquierda política definida llegue al poder? Porque es evidente que esa eventual alianza implica una serie de acuerdos políticos con el PAN y el régimen de Calderón para el 2012.

Vemos en definitiva con pesar que, muy lamentablemente, las alianzas no están buscando ni traer la democracia ni acabar con el autoritarismo; lo que están buscando es llevar la ruptura dada entre López Obrador y el régimen actual al seno de la izquierda mexicana, trayendo como consecuencia la pulverización definitiva del PRD, el aislamiento de AMLO y la difuminación de cualquier horizonte de cambio estructural real en el Estado mexicano. Y claro, no negamos que con esa alianza puede que se logre derrotar al PRI en el Estado de México o, incluso, en la presidencia, pero, nos preguntamos una vez más, ¿quién ganaría en realidad? y ¿cuál sería el contenido de esa victoria?

Como siempre en la historia: socialdemocracia miserable y oportunismo funcionando como mancuerna clásica de pusilanimidad política y de reformismo cobardón y temeroso.

Y sí, en efecto, "otra de estas victorias y estaremos perdidos", pues en caso de ser victoriosas (en el Estado de México, ¿en la presidencia de la República?), podemos estar seguros de que el cambio fundamental no estará teniendo lugar.


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