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Aunque de facto al imperialismo catalán aún le conviene seguir en España

Se legaliza la independencia de Cataluña

La corrupción de la soberanía nacional se confirma definitivamente

Martes 29 de junio de 2010, por ER. Barcelona

Tras cuatro años de espera, los teólogos dogmáticos que se reagrupan bajo el nombre de Tribunal Constitucional, han decidido que Cataluña es una nación dotada de «relaciones de bilateralidad» con el «Estado Español». Algo lógico viendo los antecedentes ideológicos y políticos de este tribunal, auténtica representación de la corrupción ideológica que vive la Nación Española.

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Cataluña
De iure es independiente; de facto aún le conviene parasitar a España

María Emilia Casas, de clara filiación separatista, ha sido sin embargo mantenida en su cargo hasta lograr que el Estatuto de Cataluña, donde se consagra la Nación catalana, sea aprobado por la presidenta de este Tribunal Constitucional.

Sólo un artículo del Estatuto fue modificado, aquel en el que se permitía a Cataluña disponer de su propio tribunal de justicia independiente de España. Esto lo ven como una gran victoria algunos, sobre todo el partido político que puso el recurso de inconstitucionalidad, el PP. Pero lo cierto es que en Cataluña se sigue legislando como si las sentencias de los altos tribunales españoles no existieran y hubiera una justicia independiente: inmersión lingüística en catalán, ignorando el español como lengua de España, multas por rotular en español...

Pero de nada hay que sorprenderse: es ridículo pensar que unos leguleyos de dudosa formación y con antecedentes de corrupción ideológica (son filoseparatistas varios de ellos, empezando por su ya citada presidenta, María Emilia Casas) fueran a fallar algo distinto a lo que han mostrado como sentencia final.

Y aún así: ¿por qué semejantes leguleyos tienen que sentenciar si Cataluña es una nación o no? ¿Qué clase de autoridad, salvo el conocimiento de una serie de decretos formales denominados leyes, que nada son sin la fuerza de obligar del poder ejecutivo, tienen semejantes miembros del Tribunal Constitucional? Un tribunal de justicia, sea de la naturaleza que sea, carece de autoridad para determinar si una entidad política es nación o no. No tiene mayor autoridad que cualquiera que conozca mínimamente la Historia o la situación política mundial. Su único objetivo es aplicar las leyes que el legislativo les plantea, y bastante sería sí realizasen correctamente semejante labor.

E incluso, no cabe señalar que los jueces, como si fueran una corte de teólogos dogmáticos decidiendo sobre el sexo de los ángeles y hablando por hablar, tengan que determinar de manera independiente el cumplimiento de una ley o su interpretación. No existe tal separación de poderes. De hecho, los miembros del Tribunal Constitucional hace años que debieron ser sustituidos por otros, pues su período de permanencia en él ha sido alargado de forma artificiosa, con el objeto de que aprobaran el sedicioso Estatuto. Estamos, pues, ante un tribunal esencialmente político, ya admitiendo que cualquier tribunal está mediatizado políticamente al tener que aplicar esas mismas leyes que la clase política les pone delante de la mesa.

Nación puramente enteléquica

De hecho, que un papel diga que Cataluña es una nación no implica que tal entidad lo sea realmente. Cataluña será nación cuando disponga de la soberanía sobre ese territorio concreto o incluso mayor (los fantaseados Países Catalanes, por ejemplo). Pero ello no es algo que pueda determinarse mediante la «voluntad de libre asociación» ni por una carta otorgada.

Cataluña, o mejor dicho, los separatistas catalanes y sus empresarios afines, saben perfectamente que la separación efectiva de Cataluña les traerá más problemas que beneficios: si se forma una nación catalana que sólo use el catalán como lengua oficial, los negocios de esta elite oligárquico-empresarial se irían a la quiebra. Sin ir más lejos, si Cataluña era al final del franquismo la región de España más próspera y el periódico barcelonés La Vanguardia Española (hoy La Vanguardia a secas y sin edición nacional) el medio más leído en toda España, hoy Cataluña ha cedido su puesto de primacía claramente a Madrid, sobre todo en negocios como el editorial. Todo por obra y gracia de la inmersión lingüística en catalán y el afán del separatismo.

Incluso en La Vanguardia aparecen publicados manifiestos en defensa de la independencia de Cataluña, en el diario propiedad de un Grande de España. Pero no les conviene, en la situación actual, la separación de facto a los imperialistas catalanes, aunque de iure les permite seguir parasitando a la Nación Española que tanto dicen odiar.

Cuatro años mareando la perdiz

Muchos se preguntarán por qué precisamente en este momento los miembros de este tribunal político han tenido que evacuar semejante sentencia, que cualquiera con un mínimo conocimiento de causa se imaginaba que iba a ser así. Para qué perder tanto tiempo en juzgar un reglamento sedicioso que, desde su aprobación en el año 2006 por la cámara legislativa, comenzó a funcionar sin que hubiera voluntad política por parte del Gobierno de España de detenerlo.

Para muchos la respuesta puede ser tan clara como estúpida: hoy juega España con Portugal en los octavos de final del Mundial de Fútbol. En consecuencia, el fallo sobre el Estatuto, en una decisión muy socialdemócrata, se ha hecho coincidir con la víspera de un evento tan importante como la cita mundialista, de un deporte tan importante por sus consecuencias políticas como el fútbol. El objetivo de esta decisión es, sin duda, que todos nos demos un baño de españolidad y olvidemos la sedición de ayer. Pero el Gobierno socialista de España ya hizo coincidir el anuncio de la reforma laboral con el partido ante Suiza y sabemos que salió el tiro por la culata.


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