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Gran éxito del programa número 263 de ’Aló Presidente’

Reanuda Chávez la conversación en directo con el pueblo venezolano

La televisión formal de nuevo al servicio de la democracia directa en Venezuela

Lunes 22 de enero de 2007, por ER. Caracas

En septiembre de 2006, avanzado el proceso electoral por el que obtendría una aplastante reelección, mediante papeleta y urna en la jornada del 3 de diciembre, hubo de suspender el presidente Hugo Chávez Frías la utilización dominical que venía haciendo de la televisión al servicio de la comunicación democrática directa con, virtualmente, todos los venezolanos.

El domingo 21 de enero de 2007, con el programa número 263 de Aló Presidente, reanudó Venezuela la ceremonia de la televisión formal dominical como principal instrumento político democrático del siglo XXI. «Pido a Dios, elevo mis plegarias a Dios para que todas las cosas marchen bien para felicidad de Venezuela, de América y del Mundo», deseó Chávez al reanudar Aló Presidente. Desde el Palacio de Miraflores se emitió en vivo y en directo el programa número 263 de esta utilización democrática de la televisión, instaurada por Chávez en 2002, y que viene gozando de grandes shares de audiencia.

El Pueblo venezolano, dotado de la capacidad permanente de votar y elegir con su telemando entre una oferta pletórica de canales, renueva segundo a segundo la confianza que tiene en su presidente al preferir el programa Aló Presidente. Como es natural, el Presidente suele aprovechar estas comunicaciones dominicales con el pueblo para realizar importantes anuncios. Además, la participación del gabinete ejecutivo y de grupos sociales en este importante programa constituyen un tipo de exposición sobre el desarrollo de las líneas del Gobierno revolucionario.

Primeros minutos del «Aló Presidente» del 21 de enero de 2007

Sorprende el sarcasmo y el recelo con el que los ideólogos de las partitocracias democráticas burguesas perciben una utilización sostenida de la televisión formal tan innovadora como la que hace el presidente Hugo Chávez semanalmente.

Así por ejemplo, nada más producirse el golpe de estado del 11 de abril de 2002 que pretendía acabar con Chávez, en las socialdemocracias burguesas, bien coordinadas para tomar partido a favor de los golpistas, a los pocos minutos las radios ofrecían ya entrevistas con presuntos informantes imparciales no profesionales que propagaban, con la credibilidad de la inmediatez y la sorpresa, la versión que justifica la intentona; y si a los pocos minutos del atentado contra las Torres Gemelas las televisiones del mundo libre difundieron repetidamente las escenas de unas mujeres y unos niños palestinos celebrando gozosos lo sucedido... —luego se supo que eran escenas de hacía años—, a los pocos minutos del golpe las teleaudiencias de estas democracias ya había visto varias veces divertidos fragmentos del «pintoresco» Chávez de Aló Presidente, presentado una y otra vez no como presidente constitucional por amplia mayoría, sino como ex-golpista, demagogo, populista y antidemócrata.

Recuérdese que en aquellos momentos, cuando se daba por seguro el triunfo del golpe de estado contra Chávez, Felipe González, ex presidente del gobierno español y otoñal adalid socialdemócrata, otrora demasiado vinculado con la Venezuela de su corrupto amigo Carlos Andrés Pérez, se apresuró a pontificar rápidamente que: «el ex presidente Chávez siempre fue un golpista... No solo se es autoritario cuando se ejerce el poder por las botas, sino también cuando se ejerce el poder por los votos... El autoritarismo se puede ejercer incluso cuando se tiene la mayoría, porque se liquidan las libertades, no se respetan las reglas del juego o no se respeta el funcionamiento de las minorías.»

Aló Presidente era entonces una novedad en las relaciones del pueblo venezolano con su presidente, pero una novedad que la mayor parte de los ideólogos de las democracias formales burguesas aprovecharon entonces para ridiculizar a quien se había atrevido a utilizar la televisión formal como herramienta principal de comunicación.

Populismo, demagogia, telebasura... son descalificativos repetidos constantemente con los que se pretende ignorar una utilización de la televisión formal, en vivo y en directo, que representa quizá el grado más elevado de democracia que permite desde hace décadas la tecnología: que el gobernante pueda dirigirse en vivo y en directo, de forma periódica continuada, a todos los ciudadanos, para de forma natural y sin grandes puestas en escena, ir desgranando los asuntos del momento, permitiendo a cada televidente una relación simultanea y directa con su gobernante.

¿Cuántos políticos burgueses podrían resistir un contacto tan continuado y en directo con sus votantes? Esos políticos burgueses utilizan desde hace décadas la televisión al servicio de su agitprop, y en la mayor parte de los países pretenden hacerlo cada vez con una mayor regulación de los contenidos, para mantener adormecida y embrutecida a la masa electoral, que sólo debe despertarse cada cuatro, cinco o seis años para revalidarles en el poder con su voto. Y a lo sumo, una vez al año, con ocasión de alguna conmemoración política, o aprovechando que las familias están reunidas para celebrar la navidad o el cambio del año, se atreven a hacer retransmitir por televisión material (es decir, previamente grabada) un mensaje cuidadosamente elaborado por los gabinetes de la propaganda, cuya grabación se repite una y otra vez hasta que, como si fuera un comercial de detergentes, les parece de suficiente calidad.

«Cada pueblo tiene la televisión que se merece», y Venezuela prefiere implicarse ceremonialmente cada domingo en la política, prefiere ver el programa Aló Presidente, aunque el telemando permite a cada venezolano elegir de forma inmediata otros programas en el mercado pletórico televisivo, por lo que semanalmente, quienes siguen Aló Presidente, no hacen otra cosa sino revalidad con su voto al timonel que guía la nave del Estado. Y mientras la audiencia sea mayoritaria, la revolución bolivariana se mantendrá viva, retransmitida en vivo y en directo, gracias a la televisión.


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