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¿Derecho del primer ocupante?

Ceuta y Melilla, ambicionadas por Marruecos

Mohamed VI ha vuelto a reclamar la soberanía sobre las ciudades españolas

Viernes 28 de mayo de 2010, por ER. Argel

Pese al intento de establecer una «mesa de diálogo» cuyo único resultado tolerado será la apropiación de las dos ciudades, algunos políticos del país europeo han respondido con algo más que el panfilismo propio de una sociedad aburguesada y acomodada. Así ha sucedido con la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, quien ha calificado la oferta alauita en sus justos términos: «Dado que Ceuta y Melilla jamás en la Historia han sido marroquíes, sino que han sido siempre españolas, no puede proponer recuperarlas, sino que si quieren hacer un acto de guerra y de conquista tendrán que llamarlo así».

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Marruecos exhibe su bandera en Perejil
Lo logrará ante la pasividad de España en su defensa

Por su parte, el gobierno español, embelesado por la Alianza de Civilizaciones, se niega a reconocer que Marruecos es el enemigo más peligroso para la integridad española, en especial mención para los territorios del país europeo que se encuentran geográficamente enclavados en el continente africano.

A los pánfilos europeos, los mismos que son secuestrados por Al Qaeda, el rey Mohamed VI les tiende una vulgar trampa en la que caen y vuelven a caer, una y otra vez: una perspectiva humanista que borra las diferencias políticas y supone que Marruecos puede reivindicar Ceuta y Melilla porque se encuentran en África, o incluso porque sus antepasados vivieron allí antes que los españoles (lo que, por otro lado, es avalar la tesis de la yihad islámica, la misma que pide recuperar por la violencia aquellos territorios que en su día estuvieron islamizados.

Pero tales criterios, propios de una oligofrenia ciertamente preocupante, otorgarían a su vez derecho a los europeos a poseer tales ciudades y todo el norte del continente africano, pues los europeos son herederos del imperio romano. En el límite, todos los hombres debemos considerarnos propietarios de cualquier territorio en cuanto miembros de la misma especie biológica, tal como plantean algunas ideologías humanistas. Sabiendo que los tontos útiles abundan en España, la diplomacia marroquí usa de estos capciosos argumentos, porque siempre encontrarán a algún pánfilo que les siga el juego y se deje robar parte del territorio que le pertenece. «Mi patria es la libertad», ha declarado el mismísimo Presidente del Gobierno de España, Rodríguez Zapatero).

Desde el realismo político, el rey de Marruecos sabe que la conquista de tales territorios dependerá, ante todo, de su poderío, de su poder político (militar, diplomático, económico o demográfico) frente a España. Con la Marcha Verde, cuando Franco agonizaba, se hicieron con el control casi total del Sáhara Español. Con el anterior Presidente, José María Aznar, los marroquíes echaron un pulso, al que supo responder el presidente español, para la invasión del islote de Perejil. Ahora, con un pánfilo en el poder, intentan dar un paso más en sus propósitos, aprovechando la debilidad política española; la Unión Europea se niega a reconocer la españolidad de las dos ciudades.

En cualquier caso, la soberanía sobre un territorio se sostiene a través del poder que se pueda ejercer sobre el mismo al ocuparlo y mantenerlo, imponiendo un derecho positivo efectivo sobre el mismo, y apoyándose en acuerdos y alianzas con otros estados cuando sea preciso, no en un Derecho, Natural o Internacional, supuestamente independiente de los estados que lo sustentan.

El llamado «derecho del primer ocupante» es una engañifa. Ceuta y Melilla, las Islas Canarias y el resto del territorio nacional serán parte de España mientras este país europeo sea capaz de defender su soberanía, si es preciso a través de la guerra. De nada servirá el Derecho Natural, Histórico o Internacional para reclamar su posesión cuando se encuentren bajo el poder marroquí.


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