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La primera Miss USA musulmana

Mahoma se rasga las vestiduras mientras las mahometanas se las quitan suavecito

El mercado pletórico priva de contenidos al Islam, pero también le da nuevas armas

Martes 18 de mayo de 2010, por ER. Washington


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Ejemplo de educación sexual islámica
Aunque los más fundamentalistas no tolerarán estas ejemplificaciones ni con la ropa de rigor

Por primera vez desde el comienzo de los concursos ‘miss’ estadounidenses, la ganadora del certamen en EEUU ha sido una joven de origen árabe y religión musulmana. Desde sus comienzos, estas ferias de muestras de carne humana han estado atravesadas por conflictos e intereses políticos. La pregunta es, ¿favorece esta decisión a la integración de las masas musulmanas a la democracia capitalista useña o más bien supone una nueva conquista del poder por parte de estas mismas masas?

La respuesta, lejos de ser simple o directa, debe esperar su respuesta al curso de los acontecimientos en el medio plazo. El imperio yanqui presume de ser un ‘crisol de culturas’, y confía en la potencia de un modelo de inmigración consistente, en teoría, en asimilar a los recién llegados al resto de la sociedad, lo que significa respetar sus instituciones religiosas, morales, y de otro tipo mientras éstas no entren en contradicción con las normas básicas de convivencia estadounidenses y sus ‘valores.’ Sirva la película de Clint Eastwood, Grand Torino, de ejemplo de cómo el ‘América es para los americanos’ no se refiere, en principio, a los de raza blanca, sino que el buen americano puede ser un inmigrante coreano que haya asumido como propio ‘el sueño americano’.

Por supuesto, esta nematología recubre una realidad histórica de lucha de etnias y clases en las que el dominio ha sido siempre de los descendientes de europeos, por lo común feligreses de alguna de las sectas protestantes. Sin embargo, la democracia capitalista supone una nueva tecnología social, fácilmente reinterpretable desde la ideología del ‘crisol:’ los ciudadanos estadounidenses, independientemente de su origen, pueden elegir en el mercado pletórico los bienes que les dicte su libre arbitrio, desde coches (el Grand Torino o el Toyota), hasta talla de sujetador o credo religioso.

En este sentido, la joven ganadora del premio, la libanesa Rima Fakih, estaba ‘ecualizada’ con otras concursantes: todas lucían un cuerpo modelado a base de dietas y cirugías, todas tenían preparadas respuestas políticamente correctas a preguntas más o menos comprometidas, y todas se contoneaban con la misma torpeza (las más, incluida la ganadora, sufrieron algún traspiés en la pasarela). Como todas las demás, Fakih se ha convertido en mercancía. La holización de los musulmanes en tanto átomos consumidores-electores es, por tanto, efectiva, al menos a su escala. Por ejemplo, la joven señorita Fakih explicaba sonriente y satisfecha que su islamismo está ‘negociado’ con el cristianismo, y que su familia celebra las vacaciones sagradas de ambas religiones. El mercado pletórico, por tanto, tiene potencia para disolver al Islam, no mediante el agua bendita, sino mediante la desconexión de las instituciones que se reúnen alrededor de su núcleo. Este hecho se ilustra claramente en la fotografía que acompaña esta noticia, que fue tomada en Marruecos en un curso de prevención del contagio del sida y ha escandalizado a los hijos de Mahoma, que ven como sus bárbaras instituciones ceden ante los atractivos de la ideología democrática del ‘disfrute’ individual: una mujer velada ejerce la felicidad (felatio) democrática.

Sin embargo, los mismos estadounidenses que suponen que pueden disolver al Islam en sus entrañas, sufrieron en ellas el brutal atentado del 11-S. Las pasadas semanas, Nueva York ha sido escenario de intentos de atentados y falsas alarmas que vienen a demostrar que núcleos de islamismo coherente, y no de pseudo-musulmanes herejes como la atrevida concursante (a la que en muchos países lapidarían por enseñar tanta carne), no están dispuestos a dejarse seducir por las armas del mercado. No presuman los gringos de su ‘modelo’ (de inmigración) hasta que no se hayan visto sus resultados, que los traerá el tiempo, el futuro infecto.


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