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Ante la nueva Ley anti-inmigrante

Ley SB1070, Arizona y el Pensamiento Shakira

El eterno problema migratorio vuelve a remover las aguas ideológicas y políticas a todos los niveles: la confusión es lo que predomina

Sábado 1ro de mayo de 2010, por ER. México


Vaya que se han removido las aguas políticas, sociales e ideológicas ante la eventual puesta en operación de la Senate Bill 1070 (SB1070) promovida en fechas recientes por la Legislatura del Estado de Arizona, Estados Unidos, y su gobernadora, del partido Republicano, señora Jan Brewer.

Fechas recientes, en efecto, cuyas resonancias electorales fueron de inmediato señaladas y condenadas por unos y otros, diciendo al unísono que no se trata más que de una medida electoral o electorera, como si, por lo general, no fuera cada acción o medida tomada por cualquier gobierno con sistema de democracia de mercado homologada una medida proyectada y programada sobre el calendario electoral regular, es decir, pensada y suministrada con la mirada puesta en la próxima ronda electoral.

Y fue también una sola la voz que desde México fue emitida con furia y rabia ética, bien sea desde el Congreso Nacional (diputados y senadores), desde gobiernos locales y desde el gobierno federal, desde los medios oligopólicos de comunicación masiva, desde las ONG de variada procedencia (pro-migrantes, fundamentalmente) o bien desde la prensa de todos los colores y sabores, para condenar categórica y sobre todo -he aquí la cuestión- unívocamente la medida que a juicio generalizado de todos es una nefanda manifestación del racismo, la xenofobia y, en definitiva, del totalitarismo nazi que anida en la derecha reaccionaria y fascista que en Estados Unidos representa el Partido Republicano y, en este caso, la gobernadora en turno de Arizona: "Jan Brewer, ¿hija de Hitler?", reza una de las pancartas de protesta en Phoenix según ha podido corroborar ER.México al revisar el material correspondiente.

El cartonista Helguera, de La Jornada, nos ofrece por ejemplo una muestra diáfana del simplismo y la ramplonería intelectuales que tiñen a las ya de por sí turbias aguas de la izquierda mexicana, cuando en su cartón del 26 de abril tuvo a bien presentarnos al general Franco, dictador por antonomasia de España bajo cuyos designios se organizó el capitalismo de bienester que administran hoy populares y socialdemócratas pero sin decir ni pio sobre el hecho de que la dinastía francesa de los Borbones, avalada por Franco poco antes de morir, precisamente, sigue estando en la titularidad de la jefatura del Estado de la nación política que es España, con un periódico en la mano cuyo titular reza: "Garzón en el banquillo", y con los pensamientos o comentarios siguientes: "¡Claro que sigo vivo!" -por aquello, nos quiere decir Helguera, de que Garzón quiere condenar, cual Jesucristo, a vivos y muertos- "Ahora soy el asesor del Gobierno de Arizona; de la Secretaría del Trabajo de Méjico...".

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Una ramplonería y simplismo irritantes los mostrados por Helguera al hacer conexiones tan capciosas y gratuitas, bobas y juveniles..., pero que se incrementan exponencialmente al constatar que sus coordenadas de "análisis" son prácticamente las mismas a nivel generalizado, incluidos -y aquí radica el drama y el escándalo- los políticos de toda la geometría ideológica, como por ejemplo se puede constatar en la cantante colombiana Shakira, quien en una visita relámpago a Arizona para "solidarizarse" con los migrantes afectados (alrededor de 460 mil personas) hizo gala de su analfabetismo, de su inocencia de la ignorancia desde la que dejó para la posteridad las claves de lo que aquí queremos llamar el Pensamiento Shakira; dijo pues la reina del pop latino:

"No soy experta en la Constitución, pero sé que existe por una razón... la Constitución existe para proteger los derechos de las personas que viven en una nación, con o sin documentos. Aquí estamos hablando de seres humanos"

Pero hemos dicho que la cuestión estriba en la univocidad o inequivocidad desde la que el asunto se mira, pues eso es precisamente lo que no existe en absoluto: no es un problema unívoco sino equívoco, con muchas determinaciones y aristas políticas, sociales y económicas, históricamente dadas, que quedan oscurecidas cuando se interpretan las cosas desde un maniqueísmo burdo y confuso, infantil: para todos los que condenan la ya célebre SB1070 se trata de un atentado contra los Derechos Humanos de las personas, de los seres humanos, según el Pensamiento Shakira (en este caso de inmigrantes de origen, fundamentalmente, mexicano), confundiendo con esto el plano ético, abstracto, desde el que la metafísica de los DDHH se despliega, con el plano moral, jurídico y político, dialéctico, desde el que una constitución o ley, sea del país que sea, se dibuja y pone en operación.

Porque lo que de inmediato fue condenado es que se trata de una "ley contra los mexicanos o los hispanos", como si no fuera toda lay establecida en cualquier país del mundo -siempre y cuando no esté ya esa constitución imbuida de la metafísica de los Derechos Humanos o del relativismo- una ley "contra alguien o contra algo" (bien sea contra una ley o constitución previa, bien sea contra una ley o contitución externa al país de referencia), como es el caso, nos guste o no -esa no es la cuestión-, de los 11 millones de indocumentados que aproximadamente existen, objetivamente, en Estados Unidos, y que son en efecto explotados, o bien por empresas locales, o bien por las alrededor de 25 multinacionales que, provenientes fundamentalmente de Alemania y Japón, y una que otra mexicana, como el emporio cementero CEMEX, están instaladas en el suelo de Arizona.

Y fue precisamente ese problema estructural migratorio, una variable independiente que jamás desparecerá de la compleja y delicada dialéctica de Estados entre México y Estados Unidos, el que ha sido señalado por quienes impulsan la sin duda -no lo negamos- dura Ley: para Brewer y los legisladores a favor de la SB 1070, la culpa la tiene Washington, pues al haber emplazado permanentemente el problema migratorio, dejando siempre para otra ocasión la "reforma integral" y definitiva en virtud de la cual la regularización de indocumentados habría podido llevarse a efecto, Estados con altas cotas de migración mexicana o hispana (el 30 % de la población de Arizona, por ejemplo), en general todos los Estados de la frontera con México, se han visto obligados a "definirse" y tomar cartas en el asunto.

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¿Dios bendiga a América?

Pero es en el plano de la dialéctica de Estados cuando las cosas también se tornan confusas, porque aunque de origen mexicano, nos preguntamos desde ER.México, ¿cuántos de los ya casi 19 millones de mexicanos de varias generaciones afincados al día de hoy en Estados Unidos se conducen como mexicanos o como estadounidenses? O en otras palabras: ¿qué porcentaje de migrantes desplazan y movilizan sus intereses en el terreno político nacional estadounidense pero con apoyaturas ideológicas desde el terreno metafísico de la cultura y la identidad?

Porque una cosa es que la vida cotidiana de un migrante gire en torno de los Tigres del Norte, la tortilla y los tacos, pero sin que esto sea un problema frente al interés supremo que tiene de ganar en dólares, es decir, que la identidad político-económica es, en el límite, la que verdaderamente importa frente a la identidad cultural que con tanto afán estudian antropólogos y etnólgos progresistas. Otra cosa es la miseria del Estado mexicano, cuya economía depende en una escandalosa medida de las remesas de esos dólares que son enviados a México mes a mes. Pero es que esta es la cuestión, que el problema no es unívoco, tal y como queremos aquí hacer constar.

Dice en todo caso, por ejemplo y en este tenor de cruce de planos de configuración, Pablo Alvarado, director de la Red Nacional de Jornaleros:

"Nuestro pueblo inmigrante en Arizona se debate entre el temor y el enojo por la SB1070. Pero entre el miedo y la imprudencia está el coraje..."

Pero aquí viene lo interesante; continúa Alvarado:

"la crisis de derechos civiles en Arizona va más allá del tema de migración. Se trata del futuro de nuestro país... O somos un país donde todos tenemos el derecho a la vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad; o somos un país donde se juzga y se limitan las oportunidades de las personas por el color de la piel" (La Jornada, 24 de abril de 2010, p. 2).

¿Cuál es el país del que habla Pablo Alvarado en un sentido de pertenencia ("nuestro país")? Este es el asunto: porque nos parece que Alvarado no está hablando de México, sino de Estados Unidos. ¿En qué quedamos?

Porque, señores migrantes nuestros, es muy difícil que, por lo menos desde el punto de vista defendido por ER.México, podamos nosotros por nuestra parte volcar, de su lado, nuestra solidaridad dialéctica -es decir, contra terceros- porque ¿cómo tenemos nosotros que procesar el hecho de que en las calles donde todos ustedes se manifiestan, lo hacen portando con orgullo la bandera norteamericana a todo lo alto y gritando "¡sí se puede!" (ser norteamericano, interpretamos nosotros), según hemos podido constatar mirando las imágenes televisadas que para los efectos informativos inundan las pantallas?

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¿En qué quedamos, señores? ¿Contra quién estamos?

Pero, en definitiva, ¿qué se puede esperar en todo caso de la ciudadanía WASP y del gobierno de Arizona, si en la Huelga de Cananea de 1906, en los albores de la revolución mexicana, el gobierno del Estado de Arizona, precisamente, envío a patrullas de rangers para controlar y reprimir, con la venia del general Porfirio Díaz, a los huelguistas mexicanos que protestaban contra la Cananea Consolidated Copper Company? ¿O es que acaso no lo sabían? Esa es la cuestión. Vaya problema.


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