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Un paraíso para los socialfascistas, un infierno comunista para otros

Cuando salí de Cuba

Acerca de la persistencia en la condena contra el gobierno cubano desde determinados lugares de España

Viernes 5 de marzo de 2010, por Grupo Promacos

Cuba, la otrora conocida como Perla del Caribe, ha conocido todo tipo de consideraciones de los más variados analistas. Desde una frontera imperial donde la mezcla de razas y la codicia imperialista sólo podía formar un ambiente violento y degenerado, hasta la consideración más íntima de parte de muchos españoles que dejaron allí algo más que sus bienes expropiados

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Cuba
Pese a las divergentes opiniones sobre la isla, hay un consenso general en codiciar a la perla del Caribe

Todas las consideraciones caben sobre la isla caribeña: desde un lugar considerado enclave anacrónico del totalitarismo comunista, hasta un ejemplo de dignidad para toda América frente al brutal dominio norteamericano que ha sometido al continente a ser su patio trasero. No faltan, desde luego, quienes afirman que en Cuba se vive la utopía de Tomás Moro. Opiniones para todos los gustos.

Sin embargo, desde el Grupo Promacos no podemos defender que Cuba sea un ejemplo de la brutalidad que provocan las luchas imperiales ni tampoco un ejemplo de Estado verdaderamente independiente. Tales consideraciones son las propias de una derecha extravagante, la misma que piensa que América, preexistente y plenamente definida en el mapa según las alucionaciones de tales sujetos derechistas, perdió su identidad una vez que los indígenas murieron en las epidemias llegadas al Nuevo Mundo o se mezclaron racialmente con los españoles. Ni tampoco Cuba ha sido totalmente independiente: tal fue la cantidad de recursos recibidos por parte de la URSS y tantas las directrices cumplidas por el gobierno cubano a la hora de restringir la agricultura de la isla a la plantación del azúcar y el tabaco, que hace que dudemos que haya habido algún gobierno tan dependiente de otro imperio como el cubano.

Tampoco Cuba puede considerarse un país totalitario contrapuesto al denominado «Mundo Libre» (el mismo que ha elevado el grito al cielo por la muerte de Orlando Zapata), porque tales definiciones piden en primer lugar el principio: Cuba no es ni más ni menos libre que España o cualquier otro país del mundo. Si no se enuncian los contenidos de tal libertad de o libertad para, no deja de ser una crítica puramente vacía: en Cuba no habrá libertad de empresa, lo que arrastra a masas de jóvenes cubanos a la prostitución para «pugilatear el dolar», pero el «turismo sexual» que se critica en Cuba es aplaudido en Santo Domingo o Tailandia como actividad digna para sacar a la familia adelante.

Sin embargo, en los países desarrollados hay muchas menos trabas tanto formales como materiales, libertad para ejercer la inmoral prostitución, tremendamente masificada y muy bien remunerada. También para otras cosas menos «felices»: en Estados Unidos un joven tiene «libertad para» comprar un arma y morir a balazos en un tiroteo.

Los problemas de desarrollo de las infraestructuras en Cuba, tan destacados por quienes critican a la isla, no son diferentes a los que puedan tener países de su entorno; incluso los más desarrollados como Brasil o Argentina conducen los hilos telefónicos o los cables eléctricos por el aire, con todo el riesgo de graves accidentes que ello supone en zonas donde las tormentas son tan virulentas. Ninguno de estos países sufren la mitad de críticas que Cuba. Que la isla mantenga su posición nacionalista y no haya caído en los vicios de corte anarcoliberal de privatizar sus recursos para que terceros países los exploten, seguramente tiene mucho que ver en esas críticas.

No obstante, Cuba tiene mucho de importante para España en diversos planos. No sólo la vinculación generacional entre personas que aún están vivas y hubieron de abandonar sus propiedades, expropiadas por el castrismo (el famoso tema Cuando salí de Cuba del recientemente fallecido Luis Aguilé constituye un testimonio importante al respecto), sino que dice también mucho acerca de la Nación Española: el sentimiento antinorteamericano proviene precisamente de la Guerra de Cuba en la que Estados Unidos pagó con infamias nuestra ayuda para su independencia de Inglaterra un siglo antes. Incluso hace poco un grupo de exiliados cubanos pidió que Cuba fuera reintegrada a España como autonomía.

No obstante, una vez asumido el fracaso del modelo soviético seguido en Cuba, la transición hacia un modelo de corte chino que parece haber impulsado Raúl Castro hace pensar que, una vez extinguidos biológicamente todos los protagonistas de la Revolución de 1959, no llegará la fantaseada democracia, ni tampoco se beneficiarán los socialfascistas que apoyan el castrismo para lograr un puesto de privilegio cuando llegue la presumible transición. Más bien parece que la isla seguirá la línea marcada por el Partido Comunista Cubano, mientras Estados Unidos abandona el embargo para contrapesar la alineación de la Perla del Caribe con el temido comunismo xinófilo.


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