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Pudo haberse repetido la historia entre Brasil y el Uruguay

Brasil estuvo a punto de invadir Uruguay en 1971 para evitar una victoria del Frente Amplio

Según un general retirado del ejército brasileño, la nación lusoparlante contaba con el apoyo de Argentina, los Estados Unidos del Norte de América y la connivencia del ejército uruguayo

Viernes 19 de enero de 2007, por ER. Montevideo

Se trataba de la «Operación Treinta Horas» destinada a ocupar militarmente la República Oriental, operación de invasión elaborada por el presidente brasileño de la época, Emilio Garrastazú Médici, con el fin último de reinstalar en el poder a Pacheco Areco

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El dictador uruguayo Pacheco Areco
Surgen revelaciones importantes para el entendimiento histórico de la historia uruguaya

El escándalo ha salido en la televisión de Porto Alegre, Brasil, medio a través del cual los sujetos operatorios han podido ver cómo la historia entre Brasil y Uruguay pudo repetirse con respecto a la dialéctica de Estados decimonónica, no sabemos si como tragedia o como farsa. Ocurrió en el programa Historias, del Canal 36 de Porto Alegre, perteneciente al grupo empresarial de las telecomunicaciónes RBS. Según afirmo el general retirado del Ejército Brasileño Ruy de Paula Couto, el ex-dictador uruguayo Jorge Pacheco Areco pidió a Brasil que le echara una mano militar para evitar que en Uruguay el Frente Amplio llegara al poder en 1971. De Paula Couto fue agregado militar de la Embajada del Brasil en la República Oriental entre 1967 y 1969, donde hizo una gran amistad con César Ramón Borba Tadeo, que además fue alumno suyo en la Escuela Superior de Guerra de Río de Janeiro, y que se conocieron durante la octava Conferencia de Ejércitos Americanos, celebrada en Río de Janeiro en 1968.

El gobierno del entonces partido dominante en Uruguay, el Partido Colorado, según de Paula Couto, estaba al tanto de esta operación, que serviría de Golpe de Estado de autoafirmación del poder de Pacheco, mediante una intervención militar extranjera y con el apoyo del Imperio Estadounidense.

La declaración del ex-militar de la nación política brasileña coincide con la salida a la luz de los documentos secretos del Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores del Brasil, conocido como Itamaraty, que fueron proporcionados a la prensa por el llamado Movimiento Justicia y Derechos Humanos de Porto Alegre. Independientemente del cáracter de izquierda extravagante de este movimiento, el cual según las pesquisas del El Revolucionario en Montevideo está relacionado con el llamado Foro Social de Portoalegre, lugar de encuentro de la izquierda indefinida alterglobalizadora, la correspondencia aparecida en esos documentos entre el embajador en Uruguay de Brasil, Luis Bastián Pinto, muestra las intenciones antipatrióticas de la derecha uruguaya en el poder en aquel momento. También la desclasificación de documentos estadounidenses dan más credibilidad a las declaraciones de Ruy de Paula Couto, ya que en las elecciones generales de 1971, y según los documentos yankis, sucedió la injerencia conjunta de Brasil, Argentina y el Imperio Estadounidense con el beneplácito de la clase burguesa en el poder en la República Oriental y de su apéndice militar.

Ruy de Paula Couto, hoy dedicado a escribir sobre los problemas de los indígenas de la Amazonía brasileña, fue en su memento el más alto cargo de la jefatura militar del tercer ejército o Comando Militar del Sur del Brasil, con dos tercios de los efectivos del ejército brasileño y situado en torno a la frontera con Paraguay, Argentina y Uruguay. Pacheco pidió ayuda a de Paula Couto, afirmó en el programa Historias. El ex-presidente Pacheco pidió a la dictadura brasileña apoyo militar y que se implicaran además en la reforma de los servicios de inteligencia uruguayos. Junto con el general uruguayo Cesar Borba, de Paula Couto empezó a pergeñar la operación. Se trataba de coordinar una acción conjunta entre los ejércitos uruguayo y brasileño, más específicamente, entre el ejército uruguayo y el Comando Militar del Sur del país lusoparlante exclusívamente, según declaraciones de Ruy de Paula Couto.

En un momento en que Uruguay estaba subsumido en el caos, con los terroristas de Tupamaros actuando a la par de comandos paramilitares de derecha, con una alarmante congelación de los salarios y los precios en el país, el Frente Amplio uruguayo nació como alternativa a los partidos nacional y colorado, en una especie de emulación del Frente Popular de Salvador Allende en Chile. Pacheco fue arrinconando a sus enemigos internos en el seno del Gobierno para afianzar su poder personal, aunque a la vista de lo relatado por el retirado militar brasileño aspiraba a más. A su vez, el general Garrastazú Médici se hizo con el poder en Brasil, sustituyendo a Arturo de Costa y Silva. Garrastazú fue antes que dictador del Brasil jefe del Servicio Nacional de Inteligencia, encargado de la represión de los ciudadanos brasileños y con muy buenos contactos y asesoría profesional del Imperio Estadounidense. Garrastazú era un fanático defensor de la «Doctrina Nixon», elaborada a su vez por el multimillonario capitalista estadounidense Nelson Rockefeler, y que propugnaba el aumento de la capacidad militar de los ejércitos nacionales de los países iberoamericanos para contener en el continente posibles levantamientos revolucionarios de signo político de izquierda comunista. La «Doctrina Nixon» era una reelaboración aplicada al momento de la Guerra Fría de la «Doctrina Monroe» del siglo XIX (América para los americanos). El golpe de Estado militar estaría además urdido a raíz del secuestro del diplomático brasileño Díaz Gomide y del agente de la CIA, el estadounidense Dan Mitrione, por los terroristas del Tupamaros.

Los documentos estadounidenses muestran la preocupación por parte del ex-presidente estadounidense Ricardo Nixon, que no deseaba que se repitiera el ejemplo de Allende en Chile. Durante la visita a Washington de Garrastazú Médici en 1971, poco después de las elecciones uruguayas, éste se entrevistó con Nixon, con Enrique Kissinger, asesor de seguridad de la Casa Blanda, con el Secretario de Estado Guillermo Rogers y con Vernon Walters, posteriormente subdirector de la CIA —y que fue agregado militar en Brasil de los Estados Unidos del Norte de América entre 1962 y 1967, años en los que estableció contacto con Garrastazú, que fue en 1964 jefe de la Escuela Militar de las «Agujas Negras» durante el golpe militar contra el presidente Joao Goulart, y poco después agregado militar en Washington. En las conversaciones con todos ellos, el tema uruguayo era tratado con minuciosidad. También estos documentos muestran como el embajador estadounidense en Argentina en esos año, Juan David Lodge, se encargó de negociar de qué manera Argentina participaría en la restauración en el poder del Estado uruguayo de Pacheco Areco.

Está clara cuál es la táctica del Imperio Estadounidense con respecto a Iberoamérica: dividir a sus naciones siguiendo la máxima romana «divide et impera», si bien ahora lo hace a través de la mediación indirecta de los movimientos indigenistas y los predicadores luteranos —estos explícitamente—, durante las décadas de 1950 a 1980 lo hizo mediante el apoyo de la derecha de las naciones políticas hispanoamericanas, que le prestaron grandes servicios durante la Guerra Fría. Aquí se nota el enlazamiento en lo que al contexto histórico se refiere entre las dictaduras de América del Sur y las dictaduras de derecha ibéricas, tanto de Franco como de Salazar, y la dialéctica de clases y de Estados durante el juego geopolítico de la Guerra Fría.


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