El Revolucionario

Portada > Valoraciones y análisis > Grupo Promacos > Fútbol y política

Un binomio indisoluble

Fútbol y política

El «deporte rey» canaliza los conflictos políticos a distintas escalas

Lunes 8 de febrero de 2010, por Grupo Promacos

Cada vez que entran en escena, con el fin de semana, los equipos de la liga española de fútbol, en especial Real Madrid y Fútbol Club Barcelona, la actualidad política encuentra una manera de manifestarse. Y es que cada regate, cada tiro a portería y, especialmente, cada decisión arbitral, es vista con lupa desde distintos lugares de España, ya sea en clave nacional o en clave separatista.

JPG - 23.9 KB
Puyol y Raúl, capitanes de Fútbol Club Barcelona y Real Madrid, disputan el control del balón
El mano a mano entre ambos equipos en que se ha convertido el Campeonato Nacional de Liga nos muestra, cada fin de semana, las tensiones políticas que vive España

Los habituales comentarios despectivos, dirigidos desde las columnas de opinólogos ignorantes, dirán que la popularidad del fútbol en España está ligada al franquismo más retrógrado, aquel que dejó postrados a los deportes de más audiencia en España, el ciclismo y el boxeo, por puro decreto-ley. Así lo señalaron en varias ocasiones en la serie de telebasura Cuéntame cómo pasó , añadiendo además que el Real Madrid era «el equipo de Franco», pese a que el palmarés diga que no ganó la liga hasta el año 1954, primera desde el año 1933. Qué mejor prueba de ello —dirán estos vanos opinólogos— que, justo tras su victoria electoral en 1996, el Partido Popular, «la continuación del franquismo por los medios democráticos», implantó la retransmisión de un partido de fútbol hasta en un día tan poco favorable como el lunes, con el único objetivo de idiotizar a la población española con el visionado, en horario de máxima audiencia, de fútbol y más fútbol (algo que por cierto verá la luz muy pronto de nuevo en España).

Pero desde el Grupo Promacos no podemos sino señalar la sarta de estupideces y de contradicciones de quienes razonan de esa manera, que por desgracia no son pocos. Si durante el franquismo se consolidó la popularidad del fútbol, ello no fue por decreto ley, sino gracias a sus retransmisiones televisivas, en directo, de forma simultánea al nacimiento de la Televisión Española, y con la implantación de una nueva forma de medir el ritmo vital ya no basada en el calendario litúrgico (el tan denostado nacional-catolicismo), sino en los ritmos del calendario liguero.

Algo que por otro lado ya venía de mucho más atrás, pues por la vía de las explotaciones mineras e industriales en manos inglesas, así como por la vía de las comunicaciones marítimas con «la pérfida Albión», el fútbol pronto encontró acomodo en España (en 1889 fue fundado el Recreativo de Huelva, en 1899 el Fútbol Club Barcelona, en 1902 el Real Madrid, en 1905 el Real Sporting de Gijón), lo que concluyó en la rápida formación de todo tipo de campeonatos regionales y nacionales, que quedaron definidos en la forma actual de Liga y Copa allá por el año 1929. Por lo tanto, es rotundamente falso que la implantación del fútbol como «deporte rey» en España fuera resultado del franquismo.

Es más, el fútbol es el único deporte auténticamente universal, y está ligado a la estructura política que supone el comienzo de la civilización: la ciudad. En virtud de esa ligazón, los equipos de fútbol siempre representan a ciudades y nunca a regiones: Londres, Milán, Madrid, Barcelona y otras ciudades de similar envergadura, presumen de tener a los clubes de fútbol más laureados del planeta, que popularizan a las urbes respectivas que representan. Tanto es así, que en el caso de España no sólo es conocido universalmente el Real Madrid, sino el Fútbol Club Barcelona, que pese a ser visto como «más que un club» por los separatistas catalanes, para el resto del mundo es un club de fútbol español a la altura de su rival merengue.

Sin embargo, el Fútbol Club Barcelona, sin perjuicio de arrastrar a seguidores de toda España y del mundo que nada saben ni quieren saber de ello, fue ya desde sus comienzos un club ligado al nacionalismo separatista catalán. Fundado por el empresario suizo Juan Gamper, que fue jugador y presidente del mismo, hombre inmerso en los círculos separatistas catalanes, siempre mostró una especial desafección a los símbolos españoles. No deja de ser sintomático de ello que en el año 1925, cuando en el campo del Barcelona fue silbado el Himno Español en los prolegómenos de un partido contra un combinado inglés, Gamper se negase a desmarcarse explícitamente del acto y no quisiera desagraviar a los símbolos de España. El resultado fue su deportación del país y la prohibición de ostentar cualquier relación con el Fútbol Club Barcelona.

A día de hoy, el oportunista e iletrado abogado Juan Laporta (a coro con el entrenador Guardiola y muchos de sus jugadores, tanto nacionales como extranjeros, preferentemente franceses), presidente en ejercicio del Fútbol Club Barcelona, pretende convertir un club que pasa por una gran racha de resultados, en un fiel exponente del imperialismo catalán. Su máxima realización fue precisamente otra pitada al himno español, en la pasada Final de la Copa del Rey de fútbol entre el Barcelona y el Athletic de Bilbao, esta vez organizada por los mamporreros del gobierno de la Generalidad a la hora de cobrar multas lingüísticas, Cataluña Acción, y por la plataforma para la selección vasca Esait. Laporta exhibió su orgullo ante tal demostración de patriotismo separatista y la indolencia de las autoridades ante tales injurias a España.

Sin embargo, los mismos jugadores que abogan por su propia selección «autonómica», en un acto de doblepensamiento que deja en ridículo al formulado por Orwell, no dudan en acudir a la selección española. Tanto es así, que el fútbol de selecciones es considerado por muchos como la prueba de existencia de la propia Nación, en este caso de la Nación Española. Una prueba que va más allá de los resultados coyunturales: en España, pese a que los resultados han tardado en llegar, nunca se ha dejado de animar ni de tener fe en la selección de fútbol, algo para algunos muestra de patriotismo, y para otros de mero e irracional patrioterismo. El segundo caso parece ser el de la prensa basura socialdemócrata, la misma que congregó a miles de personas en la Plaza de Colón, rebautizada como la Plaza de «la Roja», en la Eurocopa de 2008 ganada por España. La misma que clama contra cada decisión arbitral que lleva los colores azulgrana del Fútbol Club Barcelona, proceso causal que han denominado como «villarato», en alusión al eterno Presidente de la Real Federación Española de Fútbol, Ángel María Villar.

El fútbol, en definitiva, canaliza las más diversas tensiones y tendencias políticas en una época en la que se menosprecia la guerra y se aboga por la paz perpetua, y no puede ser menospreciado, desde un estúpido elitismo que descalifica a quien lo sostiene, como mero divertimento para la plebe inculta. No deja de ser sintomático que el presidente de la Nación, el socialfascista Zapatero, haya manifestado sin ningún recato, y con todo lo que está cayendo, que es seguidor acérrimo del Fútbol Club Barcelona, cuando una situación como la actual exigiría, cuando menos, algo menos de partidismo. Pero ello no deja de ser, como decimos, un síntoma de por dónde evoluciona la situación política en España.


El Revolucionario, el diario hispano global de crítica del presente
Seguir la vida del sitio Cumple con el estándar XHTML 1.0 Transicional Página realizada con hojas de estilos
Porque el Mundo sigue girando