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Degeneración ideológica y corrupción no delictiva

Neoanarquismo rusoniano como progresismo

Leyes de matrimonios y de adopción entre homosexuales, aborto, eutanasia, taurofobia, ley anti-fumadores...

Domingo 7 de febrero de 2010, por ER. México


En un giro que a la distancia puede comenzar a apreciarse respecto de sus antecesoras, la administración y la legislatura local del Distrito Federal, encabezadas respectivamente por Marcelo Ebrard (2007-2012) -con relación a la administración de López Obrador- y el PRD DF, han llevado adelante una serie de reformas político-ideológicas que han sacudido -y perturbado- de manera notable las coordenadas, no ya nada más de la discusión pública local y nacional, sino de la misma estructura jurídica, política y social del Distrito Federal.

Si la administración de Andrés Manuel López Obrador (2000-2006) se caracterizó por un acusado sesgo "social" keynesiano en sus planes y programas (pensiones para ancianos y viejos, becas para madres solteras y discapacitados, apoyos para sectores marginados socialmente, etc.) y por una orientación nacional popular anti-neoliberal y anti-oligárquica en su crítica al régimen nacional en el contexto de la lucha por la presidencia de la república en 2006, la de Ebrard, además de mantener la continuidad y ampliación de la línea social de AMLO y el PRD DF (seguro de desempleo, becas para jóvenes en bachillerato de escasos recursos, etc.), ha tenido además una inclinación que podríamos denominar progresista-libertaria burguesa -que a ojos de muchos de quienes la impulsan es simplemente una "profundización" de su orientación a la izquierda- de notabilísima y evidente ascendencia progresista-socialdemócrata europea (como la que muy seguramente proviene del PSOE de Zapatero).

En efecto, los últimos años han sido testigos de la manera en que la ciudad de México ha venido a convertirse en una ambigüa combinación de normativización y control progresivamente y cada vez más estricta de la vida cotidiana (ley anti-tabaco, alcoholímetro) con una legalización (liberación-emancipación, se dirá) de prácticas sociales (de construcciones sociales, dirán sociólogos y antropólgos relativistas posmodernos empoderados) como el aborto, la eutanasia y, muy recientemente, del matrimonio entre homosexuales y de la adopción entre tales matrimonios.

Las "reacciones" de la oposición fueron variando al compás de la variación de contenidos que en esta nueva "generación" de reformas (como le gustaría decir a algún expertillo en políticas públicas) iba teniendo lugar: contra el tabaco y los fumadores hubo en realidad consenso general (si no falla nuestra memoria, la ley fue al parecer impulsada por un joven político impetuoso proveniente del ITAM, analfabeta ideológico en un sentido clásico, del partido Nueva Alianza: un engendro político aberrante, carente de ideología definida -es decir, oportunista "por esencia"- conformado por lacayos de Elba Esther Gordillo y por jóvenes oportunistas del ITAM, como es el caso que comentamos), del mismo modo en que, ante lo apabullante de las cifras que para el caso se ofrecieron, el alcoholímetro fue también aceptado como una medida necesaria y de "modernización".

Pero cosa muy distinta fue, como era de esperarse, la reacción que hubo de detonarse cuando se dio inicio a las reformas delicadas y polémicas: aborto, eutanasia... ley de matrimonios homosexuales. Al grado de que la propia presidencia de la república, por voz de la Procuraduría General de la República, interpuso ya (o está en ello) una controversia por la "inconstitucionalidad" de la ley de matrimonios homosexuales.

Un sesgo progresista-libertario burgués hemos dicho, en efecto, pues su carácter tiene poco, nada que ver con cualquier consideración de carácter económico político socialista o nacionalista (que es el horizonte de López Obrador, a quien de hecho muchos consideraron como "conservador", chapdo a la antigüa, por no haber querido tocar "agendas" tan delicadas como las que Ebrard sí encaró), sino que se nos ofrece más bien como una radicalización regresiva dentro de los límites de lo que puede considerarse como una revolución democrático burguesa liberal (libertaria) comprometida con la oligarquía económica.

Y hemos dicho radicalización regresiva en el sentido siguiente (y ésta es la cuestión decisiva): lo que está queriéndose defender como un progreso social (progreso consistente en transformar todo en deporte: la familia como deporte, la sexualidad como deporte, el disfrute de la vida como deporte... el deporte como la más acabada forma de felicidad y equilibrio con la naturaleza: el deporteísmo es ya un término puesto en circulación por una empresa de artículos y de centros deportivos -el Sport City-); lo que se quiere defender, decimos, como una modernización empoderadora y emancipadora, es a nuestro juicio una regresión anarquista rusoniana dentro del liberalismo político-social de muy peligrosas, por impredescibles, consecuencias. Regresión que es fruto de la deriva ideológica, de la indefinición ideológica relativista en la que la izquierda otrora definida (socialista, comunista, soviética) desembocó tras la caída de la Unión Soviética, caracterizada por el hecho de que las nuevas consignas y las nuevas luchas de emancipación-empoderamiento se despliegan conceptualmente (cuado se tiene la suerte de que haya algún concepto detrás de ellas) desde una serie de nuevas disciplinas (por lo menos del siglo XIX hasta hoy) como la antropología, la etnología, la sociología, el psicoanálisis, la etología... a mil leguas de distancia de las coordenadas teóricas y filosóficas desde las cuales se organizó tanto el Antigüo Régimen como el Nuevo (de la Revolución francesa a nuestros días): la historia, la teoría política (Maquiavelo), la economía política, el derecho, la teología-política.

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La Felicidad hedonista y la nostalgia de la barbarie
La nueva ideología dominante

Porque lo que observamos -y dejamos para otra ocasión el comentario sobre la estupidez y simplismo irritante de quienes defienden, contra el "oscurantismo" de la Iglesia católica, a los homosexuales o al aborto; al márgen de que la derecha católica no se ayuda en realidad mucho: es decir, que el encefalograma general ofrece un nivel escandalosamente menesteroso- es un muy acusado perfilamiento ideológico que denominamos como neoanarquismo rusoniano, organizado en torno de la idea de Felicidad canalla, vulgar, hedonista, como sentido único de la vida que envuelve (obnubila) a todos estos nuevos ideólogos y políticos, y a la sociedad en su conjunto, y que pretende hacernos ver que el derecho y las instituciones históricas (matrimonio, familia, etc.) no han sido otra cosa que inventos de una camarilla de machistas pederastas oscurantistas -la Iglesia católica- mediante la que, por lo menos desde el siglo IV para acá (cuando, con Constantino, el cristianismo se hizo la religión del Imperio, dando paso con ello a la cristiandad como formación ideológico política verdaderamente universal), no se ha hecho otra cosa que oprimir y excluir de esa felicidad a variedad de sectores de la humanidad y del mundo animal: gays, lesbianas, no fumadores, transeúntes, discapacitados, amantes de los animales, los animales mismos...

Esta degeneración ideológica (corrupción no delictiva) está volteando por entero las estructuras sociales históricamente dadas desde un relativismo que, por gratuito y frívolo, es aún más irritante y estúpido; pues el problema no es tanto que se defienda una u otra causa, sino la posición global simplista desde la que tal defensa se lleva adelante: los argumentos son como el siguiente: "si hace cincuenta años las mujeres no votaban, y ahora lo hacen; ¿por qué escandalizarse de que hoy un matrimonio homosexual tenga derecho a la adopción?". Es sólo cuestión de tener una mente abierta y progresista, dirán, cuando de lo que se trata es de que las cabezas están cada vez más cerradas: ¿qué tiene de malo que a alguien le guste tener relaciones sexuales con animales?


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