El Revolucionario

Portada > Valoraciones y análisis > Historia y pensamiento > Miguel de Unamuno y Ángel Ganivet (I)

Re/visiones Hispanoamericanas

Miguel de Unamuno y Ángel Ganivet (I)

Un epistolario en la encrucijada

Martes 26 de enero de 2010, por Raúl Trejo Villalobos


Al igual que los hispanoamericanos (Bulnes, Bunge y Rodó, de acuerdo a las entregas anteriores), los españoles también están preocupados y ocupados en ellos mismos. Es decir, en su pasado, su presente y su porvenir; en intentar definir lo que han sido, en lo que son y en lo que pueden ser. En este sentido, ahora nos ocupamos de las cartas que escribieron dos españoles, un vasco y un granadino, en el mero contexto de la guerra hispano-estadounidense y que llevan el título de El porvenir de España.

JPG - 17.6 KB
Miguel de Unamuno
El europeísmo es propio de papanatas

La primera de éstas, la escribe Unamuno a Ganivet, a propósito de la aparición del libro de éste, Idearum. Las cuestiones a destacar en esta primera carta, en nuestro parecer, son las siguientes: primero, la celebración por la aparición de un libro como esos, en medio de “la ruina espiritual” de España; segundo, la analogía que se hace de España con respecto a algunos episodios del Quijote; tercero, la despaganización de España –en la que se incluye lo romano y lo arábigo-; y, cuarto, la propuesta de una “perfecta cristianización” de la misma.

De acuerdo al segundo y al cuarto punto, Unamuno, concretamente, dice: "<<¡Verdaderamente se muere y verdaderamente está cuerdo Alonso Quijano el Bueno!>> salió exclamando el cura cuando Don Quijote hizo su última confesión de culpas y de locuras. Es lo que debemos aspirar a que de nosotros se diga. ¿Es que tiene acaso que morir España para volver en su juicio?, exclamará alguien. Tiene, sí, que morir Don Quijote para renacer a nueva vida en el sosegado hidalgo que cuide de su lugar, de su propia hacienda. Y si se me arguye que el mismo hidalgo Alonso murió en cuanto volvió a su juicio, diré que creo firmemente que el fin de las naciones en cuanto tales está más próximo de lo que pudiera creerse -que no en vano el socialismo trabaja- y que conviene se prepare cada cual de ellas a aportar al común acervo de los pueblos lo más puro, es decir, lo más cristiano de cada una. De la perfecta cristianización de nuestro pueblo es de lo que se trata.” Dentro de este mismo punto, no está demás advertir que Unamuno considera el ideal caballeresco como “anti-cristiano e inhumano”.

Para que exista una “perfecta cristianización” en España, considera Unamuno que es necesario despaganizarla. Es decir, sacudirse de la herencia romana –concretamente, senequista- y de la herencia arábiga, “la mayor calamidad que hemos padecido”. Una cuestión muy estrecha con ésta, la concibe Unamuno en la figura de Robinson, misma en la que difiere de Ganivet. Específicamente, dice: “Un pueblo nuevo tenemos que hacernos sacándolo de nuestro propio fondo, Robinsones del espíritu, y ese pueblo hemos de irlo a buscar a nuestra roca viva en el fondo popular que con tanto ahínco explora D. Joaquín Costa, investigador, a la vez que del derecho consuetudinario, de la antigüedad ibérica.”

JPG - 25.2 KB
Ángel Ganivet
El problema de España como el problema de su porvenir

Esta primera carta la termina Unamuno advirtiendo, por un lado, poca profundización en las cuestiones religiosas en el Idearum, en donde se puede encontrar, según el pensador vasco, la justicia y la paz; y, por otro, acorde a la búsqueda de lo anterior, la necesidad de la utopía: “la sal de la vida del espíritu”.

Las cuestiones que destacan en la segunda carta, respuesta de Ganivet a Unamuno, son las siguientes: primero, la defensa de la presencia de lo romano y lo arábigo, en tanto que componentes indiscutibles de lo español; segundo, la diferencia entre las ideas redondas y las picudas –mismas que le fueron sugeridas por su oficio de molinero y con las cuales procede a escribir el Idearum-; tercero, el espíritu del territorio; cuarto, a diferencia de Unamuno, la primacía de las ideas sobre la organización social; y, quinto, a propósito de la situación mundial que se vive –concretamente en relación con la doctrina Monroe-, la propuesta de conquistar África.

A manera de síntesis de estas cuestiones, Ganivet, señala: “Si usted me dice que hay que despaganizar a Europa y destruir en ella los gérmenes de agresión, yo estoy con usted, porque el deseo es generoso y noble. Pero mientras la forma de la vida europea sea la agresión y se proclame moribundas a las naciones que no atacan y aun se piensa en descuartizarlas y repartírselas, la paz en una sola nación sería más peligrosa que la guerra. La nación más cristiana, por temperamento, ha sido la judaica, y tiene que vivir, como quien dice, con los trastos a cuestas. Así, pues, España encerrada en su territorio, aplicada a la restauración de sus fuerzas decaídas, tiene por necesidad que soñar en nuevas aventuras; de lo contrario, el amor a la vida evangélica nos llevaría en breve a tener que alzarnos en armas para defender nuestros hogares contra la invasión extranjera.”

Los asuntos que aborda Unamuno en la tercera carta son los siguientes: En primer lugar, la idea de la raza española; en segundo lugar, el asunto de la sub-historia, como algo permanente, por debajo de la historia “que es en su mayor parte una imposición del ambiente”; en tercer lugar, el asunto de los factores radicales de un pueblo: la economía y la religión; y, en cuarto lugar, la supremacía de la gracia y el sacrificio sobre la derecho y el deber –con la que refrenda y refuerza las ideas de la paz y la cristianización-.

En torno al primer y el segundo asunto, Unamuno, señala: “Todo esto sirve para indicar nada más mi idea de que el fondo de la población española ha permanecido mucho más puro de lo que se cree, engañándose por la falaz perspectiva histórica, creencia que parecen confirmar las investigaciones antropológicas (…) Celtas, fenicios, romanos, godos, los mismos árabes, de que parece usted tan prendado, fueron poco más que oleadas, tempestuosas si se quiere, pero oleadas al fin, que influyeron muy poco en la base sub-histórica, en el pueblo que calla, ora, trabaja y muere. Luego por ley, larga de explicar aquí, sucede que al mezclarse pueblos diversos en proporciones distintas, el más numeroso prepondera en lo fisiológico y radical más que lo que su proporción representa.”

El asunto de la economía y la religión, Unamuno lo ejemplifica, por un lado, en los altos hornos de Vizcaya y en la industria de la remolacha de Andalucía. En este punto, concreta Unamuno: “Toda nuestra historia no significa nada como no nos ayude a comprender mejor cómo vive y cómo muere hoy el labriego español; cómo ocupa la tierra que labra y cómo paga su arrendamiento, y con qué estado de ánimo recibe los últimos sacramentos; qué es y qué significa una senara o una excusa, y qué es y qué significa una misa de difuntos.” Por otro lado, lo ejemplifica con la colonia. Así, señala: “La misma cuestión colonial, hoy tan candente que nos abrasa, es ante todo y sobre todo una cuestión de base y origen económicos. Hay que estudiarla no en nuestra historia colonial, que sólo cuenta lo pelicular; no en los épicos relatos de nuestros navegantes de la edad de oro, no en toda esa faramalla de nuestros destinos en el Nuevo Mundo, sino en las aduanas coloniales. No creo con usted que fuimos a evangelizar y cometer desafueros, sino a sacar oro; fuimos a sacar oro, que pasaba luego a Flandes, donde trabajaban para nosotros y a nuestra costa se enriquecían con su trabajo. Y como nuestro modo de explotar a las colonias no encaja en la actual economía pública, las explotarán otros.”

Las cuestiones de mayor importancia en la cuarta y última carta, de Ganivet a Unamuno, son las siguientes: en primer lugar, el fortalecimiento de la propuesta de conquistar África –acompañado de lo que podría ser un programa político, dice Ganivet-; en segundo lugar, la relación entre regionalismo y socialismo en cuanto organización social; en tercer lugar, la defensa de la primacía del ideal sobre la material; y, en cuarto lugar, una contradicción en Unamuno en cuanto la supremacía de lo material con respecto a la cristianización que pretende.

JPG - 15.6 KB
Gustavo Bueno
"El problema" de España y "los problemas" de España

Más allá de las opiniones discrepantes, hay una serie de expresiones que ambos tienen sobre España que no tiene desperdicio: 1.- Unamuno: “Nuestro pecado capital fue y sigue siendo el carácter impositivo y un absurdo sentido de unidad”; 2.- Ganivet: “La esencia es siempre mística, porque lo místico es lo permanente en España, pero el ropaje es vario, por ser varia y multiforme nuestra cultura. Todo lo más a que puede aspirarse es a que el sentimiento cristiano sea cada día más alma de nuestras obras”; 3.- Ganivet: “España es una nación absurda y metafísicamente imposible, y el absurdo es su nervio y su principal sostén”; 4.- Unamuno: “Si entre sus virtudes tiene algún vicio profundo el pueblo castellano es éste de su íntimo aislamiento, aunque viva entre otros pueblos”; 5.- Ganivet: “La restauración acometió de buena fe la reforma de los estudios; pero el nuevo plan fue imitativo, como lo es todo en España, por ser también nuestro sistema de gobierno una pobre imitación”; 6.- Ganivet: “Nosotros llevamos el ideal por delante, porque ése es nuestro modo natural de expresión”.

Por lo demás, cabe destacar que las cartas contienen una serie de ideas inconclusas y que solamente Unamuno tuvo oportunidad de profundizar o rectificar, toda vez que el pensador granadino se suicidó ese mismo año. Asimismo, que en éstas cartas están en germen algunas ideas que posteriormente otros desarrollarán: o bien España se concibe a sí misma como parte de una cultura hispánica amplia en la que se contemplen a los americanos o bien se concentra en su definición y participación en el ambiente europeo.

Por último, sólo cabe señalar que estas cartas revelan, como los textos y los pensadores hispanoamericanos que ya hemos reseñado (Bulnes, Bunge y Rodó), además de una crisis, una preocupación y una ocupación sobre lo hispanoamericano y es en este contexto amplio en el que pueden y deben ser leídas e interpretadas.


El Revolucionario, el diario global de la izquierda revolucionaria en lengua española
Seguir la vida del sitio Cumple con el estándar XHTML 1.0 Transicional Página realizada con hojas de estilos
Hacia la séptima generación de la izquierda