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El ministro del ramo anuncia «controles reforzados» en vista a la «purificación» de las telepantallas

La República Popular China frente a la «tele-realidad»

Las medidas afectan sobre todo a «reality-shows» de género musical que las autoridades chinas consideran como «telebasura» susceptible de ser barrida.

Jueves 18 de enero de 2007, por ER. Shangai

Según ha podido anunciarlo Wang Taihua, ministro para la radio, el cine y la televisión de la República Popular China, el gobierno socialista de esta nación asiática pondrá a punto durante el año 2007 medidas tendentes al refuerzo de los «controles» respecto al mercado pletórico televisivo en vistas al «barrido» de las «texturas basura» que inundan las telepantallas del país más poblado de la tierra

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Tele realidad musical en China

Los criterios desde los que dichos contenidos televisivos (ante todo programas del género «reality» y sobre todo los de índole «musical» como puedan serlo Supermilenium voice o Super-girl) se califican como «basura» por parte de los poderes públicos de la República Popular no serían otros que los planes y programas políticos diseñados por el Partido Comunista Chino. De llevarse a efecto estas medidas anunciadas, nos encontraríamos de nuevo con la corroboración de que el criterio de demarcación entre la televisión «limpia» y las diversas modulaciones de la «televisión basura» no es otro que el código penal.

Las confucianas autoridades de la República Popular China anunciaron esta semana el inicio de una campaña tendente al «barrido» de tejidos basura dentro del contexto del mercado pletórico televisivo chino conformado por más de un centenar de canales. Según advirtió el ministro responsable de la administración de la Radio, el Cine y la Televisión, Wang Taihua, en el marco de una conferencia anual del ramo: «Hay todavía una tendencia a la vulgaridad en una parte de los programas de televisión. Las emisiones de tele-realidad son demasiado numerosas, demasiado confusas. Una parte de los programas de tele-realidad son particularmente vulgares.»

En este sentido, Wang indicó que, durante el año entrante, su ministerio reforzaría los controles en orden a la «purificación» de las telepantallas chinas, dejando así muy claro que por parte del gobierno, ciertos programas del género reality show aparecen como «contenidos basura» sobre los que ejercitar la operación «barrer».

Ahora bien, ¿hasta qué punto y de acuerdo a qué criterios —representados o ejercitados— puede considerarse un programa como China Supergirl o Supervoice, o cualquier otro de los varios centenares de «realities» que son seguidos por decenas de millones de personas a todo lo largo del país, pueden considerarse como «texturas televisivas sucias» que el gobierno pudiera interesarse en barrer de las telepantallas? La respuesta del ministro de «agit-prop» es en este punto la siguiente: «Los programas televisivos deberían reflejar más los objetivos de China de cara al establecimiento de una sociedad armoniosa que pone el énfasis en la justicia social y el respeto al medio ambiente.»

Sin embargo, y dicho sea sin perjuicio del armonismo metafísico —obviamente muy alejado de suyo del materialismo, e incluso del marxismo, &c.— que delata la mera enunciación de tales planes y programas así como el grado en el que tales medidas por parte del gobierno de Pekín, puedan en efecto aparecer como deudatarias del idealismo, «mito de la cultura», &c. El Revolucionario admite desde luego que tales programas televisivos, sobre todo los de «género musical» (los preferidos por los televidentes del «centro del mundo») pueden, de modo bien riguroso, quedar clasificados como «basura» («basura musical») a la manera como también cabe clasificar así a los «paradigmas» europeos o norteamericanos —American Idol, Popstars: todo por un sueño, Operación Triunfo, & al.— en los que dichos programas chinos indisimuladamente se inspiran. Desde este punto de vista, los representantes del socialismo chino y del sexto género de la izquierda política actuante en el siglo XXI, en su resistencia a la conversión de China en una «teatrocracia» (conversión cuyas consecuencias políticas son en todo caso imprevisibles), estarían demostrando que han aprendido del socialismo platónico expresado en obras como Las Leyes en el siglo V a.n.e., por lo menos la siguiente lección: «Por la música comienza la corrupción de la ciudad.»


La hispanidad se filtra en los intersticios de la supuesta basura

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